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martes, 1 de agosto de 2017

En esa otra oscuridad

Silvina López Medin

(Buenos Aires, Argentina, 1976)

De noche

Se bañó mientras todos dormían
se puso un camisón a oscuras
miró los ojos cerrados del otro una vez más
pisó suavemente las tablas del suelo y no crujieron
abrió la heladera
tomó agua bajo esa única luz
se quedó quieta, atenta a los sonidos: la casa, los suyos
respiraban. Abrió la ventana: en alguna parte había música
no distinguía dónde era la fiesta 
unos volvían, otros iban 
hacia ahí: 
no siguió el ritmo de esa música no sacó el cuerpo por la ventana para ver más no abrió con desesperación una botella no dejó caer un bretel no se pintó la boca al rojo vivo no besó el vidrio no besó no se frotó los labios para no dejar marca no cerró los ojos para perderse no quiso llegar a esa fiesta en el centro de esa fiesta no hay nadie nadie, se dijo. 
No cerró la ventana,
caminó hacia su habitación
ciega, guiada por el roce de las cosas
así volvía a la casa de sus padres cuando era tarde y el miedo
era algo preciso: ser descubierta.
Tocó el borde de la cama, se dejó caer
en esa otra oscuridad
esperó.
***
Algo que aprender de una tormenta

¿habrá más
agua? 
¿habrá algo
que como un rayo aparte el sonido
de la luz,
nos aparte? 
esta llovizna
estos gestos moderados del agua 
se nos pegan
caminamos pegados
a las paredes
sin aleros
sin desesperación
en la insistencia de estar
secos,
a salvo de qué.

De Excursión, inédito.

lunes, 1 de febrero de 2016

Cualquier cosa que despierte escritura

SILVINA LÓPEZ MEDIN
(Buenos Aires, Argentina, 1976)





La longitud del tiempo antes de un hijo

Y la intermitencia
¿después?
si estaba ahí
siempre, de otro modo
cerrar los ojos hasta que el despertador
no el llanto, no el llanto.
Mamá, estabas ahí.
Hundir las manos en la nieve y tocar otra cosa
siempre, otra cosa
el interior de una heladera
su parte alta: el congelador
hundir los dedos en las paredes
lo falso de esa nieve
pero creer por un rato
decir: esto es nieve
creer, dejar de
la intermitencia
antes de que existiera el sistema “no frost”
antes de que existieras.
Creí que no estabas.
Cerraste los ojos.
Tengo sueño.
Mi abuela decía que dormir era morirse
y se tendía
sin cerrar los ojos del todo
aferrada a esa ranura
así hasta el final
y al final qué.
Escarbar en el hielo
de las paredes
del congelador.
¿Te dormiste?
No sé
qué hora es
necesito creer
en la objetividad de ciertos datos, saber
la hora, los grados, la probabilidad de las lluvias
me peso más de una vez por día
temo perderme.
Se te cerró un ojo.
Fue a media mañana
creo
no me avisaron que me dormirían.
Cualquier cosa que despierte escritura
había dicho alguien,
otro habló en contra del uso de la palabra “cosa”,
pero cómo reemplazar “cosa”
por otra cosa y por qué estas voces
se me vienen encima.
¿Tenés mucho sueño?
No me avisaron.
Recién después pude decir: estuve dormida
como quien dice: esto es nieve
en un paisaje en blanco anduve
sola
lejos, otra parte
el cuerpo tendido, el resto
no sé
una ranura
en su segunda acepción: corte
que no divide del todo.
¿Apago la luz?
Me costaba respirar en esa sala,
lo dije: me cuesta respirar.
Creo que fue justo ahí
corte: quedé sola en un paisaje,
ninguno de ustedes.
Mamá, tengo sueño.
Cerrá bien la puerta
que no se pierda el frío
de la heladera,
la necesidad de conservar.
Apago.
Lo que sea
que despierte
¿escritura?
Abrí los ojos: el reloj blanco sobre la pared blanca,
la aguja
en otro lugar
en esa sala.
Apenas podía despegar los labios
repetir una pregunta
no sé
qué pregunta era, lo que importaba
era poder hacerla,
sostener
un tono.

Inédito

martes, 4 de agosto de 2015

Has elegido aguas domésticas

SILVINA LÓPEZ MEDIN
Tomada del blog ellenguajedelospunos

(Buenos Aires, Argentina, 1976)

1
No busques hacer pie,
ahora es otro el arte:
sostenerse y avanzar, así es
ser nadador.

7
Los pies sobre la tierra, plantarte
al borde de otra pileta
con esa decisión de saltar, saltar
ahora: agua
quedarte adentro, en lo radiante
del día y al salir
decirlo en voz alta un día
radiante, así de simple
hablar del clima.

9
Has puesto un límite a tu aventura
has elegido aguas domésticas.

11
Hueco del terreno que contiene agua
que contiene.

19
Como si la repetición construyera el deseo
como si del deseo de tu casa dependiera tu casa

20
La palabra adentrarse
suena a movimiento continuo
no es sólo eso
también hay que pisar lo que separa
pasto, piedras
el agua del agua.

35
Lo que ofrece el agua
es resistencia.
No esperes otra cosa del agua.

54
No estás donde deberías.
**
De 62 brazadas, Ed. Zindo & Gafuri, 2015. Se presenta hoy, 4/8, a las 19, en Casa de la Lectura, Lavalleja 924, CABA

miércoles, 25 de junio de 2014

No saben qué hacer con un final así.

SILVINA LÓPEZ MEDIN
(Buenos Aires, Argentina, 1976)

Breve historia de los tíos del norte

Destrozo sobre destrozo:
el asfalto, el viejo mercedes benz, los tíos adentro
todo chirría y ese árbol
creció demás, está estallando
la vereda
su sombra tapa todo,
parece un lapacho o una madre. De fondo siempre
ladridos, el perro años en el playroom
devoró muebles, fotos, un dedo
hay que gritar encima
para escucharse, disfónicos
salen al balcón en busca de felicidad, de un río
aunque no hay río no hay mar
hay raudal
agua que arrastra y rompe, y sigue la tormenta.

Pero si hay sol
barren las hojas
se apagan los ladridos
espían con largavistas a vecinas
un bretel, un escote, un lunar
de lejos no es falso
no se ve el polvo que recubre.
Abren baúles, visten
del tiempo de la madre
cuando había silencio, no perro
no árbol gigante
ropa que sobra o aprieta ¿duele?
leen juntos el final del cuento
donde todos así vestidos
fuera de tiempo
se tiran al mar
pero ya lo dije, acá no hay mar
no saben qué hacer con un final así.
***
Como y duermo con un desconocido

Lo que un avión permite:
el filo moderado de un cuchillo,
dos o tres formas de acomodar el papel metal
plegado prolijamente o hecho un bollo, las mismas formas
de acomodar el cuerpo en el asiento
ahora que la azafata apaga las luces sin palabras de despedida
como una madre severa o muda,
esta cabeza desconocida no encuentra el lugar
no se entrega al sueño
cae en mi hombro, se levanta
prudente oscilación
del vino en la copa descartable
no cruzamos palabra
pero algo cruza cada tanto
la frontera del apoyabrazos
mi mano que alcanza
la copa a la azafata, o el ritmo de esa respiración
que se agrava, se resigna
se quedó dormido, pienso
pero quién
se quedó dormido
no tiene nombre
se quedó dormido
insisto y mis párpados
se van cerrando
como una madre cierra
lentamente la puerta
hasta escuchar el click
mi cabeza cae, estoy
en el hueco de un hombro.
***
Royal Enfield

Si pudiéramos permanecer
en el abrazo desmedido que exige una moto
pensás mientras cruza
el asfalto un perro
como una mancha negra,
la cabeza acostada
a ver cómo suena en su espalda
la velocidad, van quedando atrás
las copas de los árboles y apretás con más fuerza
ahora que te persigue
una idea: a la sombra de esos árboles
dejarán el cuerpo de la moto
cromado que resiste la corrosión
y caminarán
cada uno aferrado a su propio casco.

(De Esa sal en la lengua para decir manglar. Ediciones del Dock, 2014)

lunes, 23 de abril de 2012

Un letrero decía cerrado en dos idiomas

Dos poemas inéditos 
de SILVINA LÓPEZ MEDIN
(Buenos Aires, Argentina, 1976)

Aniversario

El río de noche con las ventanas bajas:
viento y autos estacionados
no hay luna, hay un destello en el agua:
una boya
no necesitamos señalar los dos buscamos
lo mismo: fijar la vista: un punto,
pienso en Conti cuando decía cómo uno se aferra
a una boya cómo la ansiedad se concentra
en ese punto que por momentos se desvanece,
y no pienso más, vuelvo a mirar:
hay un tiempo de luz
un tiempo de oscuridad
y la duración de uno y otro marca un ritmo.
 ***
Vacaciones

Desde la ventana del hotel veíamos girar
la rueda iluminada de un parque de diversiones,
cada día planeábamos ir
construíamos el relato, el deleite
de una vuelta. Al acercarnos
un letrero decía cerrado en dos idiomas, cada día
llegábamos tarde, casi a propósito
como si quisiéramos dejar ese hilo suelto
para que gire y brille más.

martes, 11 de mayo de 2010

No saben qué hacer con un final así


Tres poemas de
SILVINA LÓPEZ MEDIN
(Buenos Aires, Argentina, 1976)


Entrevista a S.

La idea de parecerme a Simone de Beauvoir
es estar en una casa de tres plantas
atenta a los ruidos de la noche.
Como ella
busco el dolor en una muela
es más fácil llorar
a partir de un pequeño objeto blanco.
La tendencia
a revolver el té hasta que rebalse
es anterior.
***
Boaz, el aviador israelí

Cuando pienso en café oscurece de golpe
desaparece el bolso que tira de mi hombro
estoy descalza
no estoy dentro de la ropa
la ropa me rodea
desde el bolsillo bukowski
me dice allá hay un charco
que todos evitan como a un gato negro
pero a mí
me gusta el olor a cuero tiñéndose de agua
llena de pisadas
el agua en la boca de los otros
trepa por mis medias de nylon
y se detiene
al borde de las rodillas
como Boaz al principio.

***
Breve historia de los tíos del norte

Destrozo sobre destrozo:
el asfalto, el viejo mercedes benz, los tíos adentro
todo chirría y ese árbol
creció de más, está estallando
la vereda
su sombra tapa todo,
parece un lapacho o una madre. De fondo siempre
ladridos, el perro años en el playroom
devoró muebles, fotos, un dedo
hay que gritar encima
para escucharse, disfónicos
salen al balcón en busca de felicidad, de un río
aunque no hay río no hay mar
hay raudal
agua que arrastra y rompe, y sigue la tormenta.

Pero si hay sol
barren las hojas
espían con largavistas a vecinas
un bretel, un escote, un lunar
de lejos no es falso
no se ve el polvo que recubre.
Abren baúles, visten
del tiempo de la madre
cuando había silencio, no perro
no árbol gigante
ropa que sobra o aprieta ¿duele?
leen juntos el final del cuento
donde todos así vestidos
fuera de tiempo
se tiran al mar
pero ya lo dije, acá no hay mar
no saben qué hacer con un final así.
**
Foto: tomada de ana-lafragua.blogspot.com
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char