miércoles, 9 de diciembre de 2009

abandonados en algún lugar


Charles Bukowski
(EE.UU., 1920-1994)

Dos moscas

las moscas son furiosos pedacitos de
vida;
¿por qué están tan furiosas?
parece que quisieran más,
parece casi como si estuvieran furiosas
por ser moscas;
no es mi culpa;
me siento en la habitación
con ellas
y me joden con su agonía;
es como si fueran pedazos de alma
abandonados en algún lugar;
intento leer un diario
pero no piensan dejarme en paz;
una parece subir en semicírculos
por la pared,
emitiendo un miserable sonido
sobre mi cabeza;
la otra, la más pequeña,
se queda cerca y me molesta en la mano,
sin decir nada,
elevándose, cayendo,
volviendo a trepar;
¿qué Dios puso estas
extraviadas cosas sobre mí?
otros hombres sufren dictaduras,
amores trágicos…
yo sufro insectos…
espanto a la más pequeña
y eso sólo le hace revivir
su impulso desafiante:
da vueltas más rápido,
más cerca, incluso hace
un sonido de mosca,
y la otra arriba
intenta un nuevo vuelo
excitada, también,
se apura,
cae de repente
en un golpe de ruido
y se juntan
dando vueltas en mi mano, rozando la base
del portalámparas
hasta que alguna cosa humana en mí
no aguanta más sacrilegio
y empiezo a golpear
con el diario enrollado
―¡fallé!―
golpeo,
golpeo,
se interrumpe la armonía,
algún mensaje se perdió entre ellas,
agarro a la más grande primero,
cae de espaldas
agitando las patitas
como una puta furiosa,
y le pego de nuevo
con mi palo de papel
y se convierte en una fea
mancha de mosca;
la pequeña vuela más alto
ahora, tranquila y rápida,
casi invisible;
ya no se acerca a mi mano;
está mansa e inaccesible;
la dejo en paz, me deja
en paz;
el diario, por supuesto,
está arruinado;
algo pasó,
algo empañó mi día,
a veces no hace falta
un hombre o una mujer,
solamente algo vivo;
me siento y miro a
la mosca pequeña;
estamos juntos trenzados
en el aire
y la vida;
y ya es tarde
para nosotros dos.
***

Two flies

The flies are angry bits of
life;
why are they so angry?
it seems they want more,
it seems almost as if they
are angry
that they are flies;
it is not my fault;
I sit in the room
with them
and they taunt me
with their agony;
it is as if they were
loose chunks of soul
left out of somewhere;
I try to read a paper
but they will not let me
be;
one seems to go in half-circles
high along the wall,
throwing a miserable sound
upon my head;
the other one, the smaller one
stays near and teases my hand,
saying nothing,
rising, dropping
crawling near;
what god puts these
lost things upon me?
other men suffer dictates of
empire, tragic love…
I suffer
insects…
I wave at the little one
which only seems to revive
his impulse to challenge:
he circles swifter,
nearer, even making
a fly-sound,
and one above
catching a sense of the new
whirling, he too, in excitement,
speeds his flight,
drops down suddenly
in a cuff of noise
and they join
in circling my hand,
strumming the base
of the lampshade
until some man-thing
in me
will take no more
unholiness
and I strike
with the rolled-up paper –
missing!–
striking,
striking,
they break in discord,
some message lost between them,
and I get the big one
first, and he kicks on his back
flicking his legs
like an angry whore,
and I come down again
with my paper club
and he is a smear
of fly-ugliness;
the little one circles high
now, quiet and swift,
almost invisible;
he does not come near
my hand again;
he is tamed and
inaccessible; I leave
him be, he leaves me be;
the paper, of course,
is ruined;
something has happened,
something has soiled my
day,
something it does not
take a man
or a woman,
only something alive;
I sit and watch
the small one;
we are woven together
in the air
and the living;
it is late
for both of us.

**
Traducción de Eduardo Espinoza Lecca y María García
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char