lunes, 28 de junio de 2010

Como un presagio antiguo en esta dulce noche

Más poemas de GUILLERMO BOIDO
(Buenos Aires, 1941)


COSTA LEJANA

Una música sorda, un destello ciego
remonta la noche a la deriva.

Alguien canta en la orilla distante.
Alguien enciende fuego.

Danzamos. Esta mueca de náufragos
se parece a un saludo. Danzamos.

Somos nuestra propia orilla, quieta.
Y aquella que nos llama, ajena.
***
PARMÉNIDES

Allí donde fluye el agua la piedra espera.
Mas nada ocurrirá, nada
que importe,
porque la piedra es solo testimonio
del fluir del agua.

Nada que altere
la espera de la piedra donde fluye el agua.
***
DULCE NOCHE

Ahora vuelve. Como el dolor se cumple.
Como un presagio antiguo en esta dulce noche.

Estrellas en el agua quieta danzan.

Vuelve. Fiebre o sueño vuelve. Música
que de un viejo amor el olvido ha dejado.

Canto del leñador que regresa a su bosque.

Vuelve. Nadie sabe si es nombre o rostro
lo que en la dulce noche el agua trae.

¿Lo que ha muerto, lo que no ha nacido?

Pero vuelve. En el aire nocturno asciende,
claro, como una lenta luna en la memoria.
***
DEVOCIONES

Como raíces salvajes. Sin fruto,
sin semilla. Así
se pudren las palabras.

Y sólo un vago hedor o aliento
sobrevive. Así
perduran las palabras.

Como un salmo sin dios en el vacío.
***
EN LA COSTA

En el hombre hay playas donde
la marea del sueño trae despojos del abismo
y el jadeo del tiempo,
su crujiente armazón de pavor e intemperie.

Allí la noche es un puerto al que sólo se llega.
Allí el alba es un muelle del que sólo se parte.
***
CERTEZAS

El hombre que va a morir
arranca de sí su torpe animal de palabras,
su oropel de finitud, su incierto
rostro.
Se convierte
en sed de sola presencia:
informe anonimato
de claridad sin luz,
desnudez sin piel, ceguera sin ojo.

De ese vaso vacío beberá la intemperie.
Y se habrá saciado la crueldad de la tierra.
***
DESPOJOS

En hoteles miserables, en habitaciones
que ha compartido con el hedor de las ratas,
el viajero abandona las dádivas, los exvotos,
las servidumbres de la memoria,
y sólo conserva:
el silencio
—vaga carne o forma tallada por el tiempo
en la soledad de su nombre—
donde murmura su viejo corazón
como un leve, furtivo visitante del abismo.


Tomados de La oscuridad del alba. Poemas 1970-2005, Buenos Aires, Ediciones Virgilio, 2006
**
Para los que deseen leer algunos fragmentos de su Poesía y creación, Conversaciones con Roberto Juarroz, aquí o:
http://www.poeticas.com.ar/Directorio/Poetas_miembros/Roberto_Juarroz.html
**
Foto tomada de www.az.com.ar
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char