martes, 2 de noviembre de 2010

Pobre animal incierto

Tres poemas de ANNE CARSON
(Toronto, Canadá, 1950)


Por fuera su vida era buena

Números comparativos: 1874, Kant tenía
55 libros, Goethe 2.300, Herder 7.700.
Ventanas: Kant tenía una ventana en el dormitorio
que, para mantener alejados a los insectos,
siempre estaba cerrada. Las ventanas de su estudio daban al
jardín en cuyo extremo estaba la cárcel
de la ciudad. En verano, las canciones
del coro de los reclusos entraban. Pidió
que el canto fuera sotto voce y con las ventanas cerradas.
Kant tenía amigos en
el ayuntamiento y se le cumplió el deseo.
Tolstoi: Tolstoi pensaba que si Kant no
hubiese fumado tanto la Crítica de la
Razón Pura se hubiera escrito en un
idioma que se pudiera entender (de
hecho, fumaba una sola pipa a las cinco
de la mañana).
Números: Kant nunca cenaba solo. Era
malo para el espíritu. Según la moda de la
época, los invitados no debían ser más
que las Musas ni menos que las Gracias.
Kant tenía seis lugares.
Sensualismo: la cena preferrida de Kant
era el bacalao.
Regular tu naturaleza: Kant respiraba
sólo por la nariz.

Versión de José Luis Justes Amador
***
Entonces la puerta del corredor se cierra otra vez y el ruido desaparece

En el esfuerzo que uno hace por hallar su camino entre los contenidos de la memoria
(insiste Aristóteles)
es útil el principio de asociación:
«pasar rápidamente de un punto al siguiente.
Por ejemplo de leche a blanco,
de blanco a aire,
de aire a húmedo,
tras lo cual uno recuerda el otoño en el supuesto de que esté tratando de recordar
esa estación».
O suponiendo,
amable lector,
que no estés tratando de recordar el otoño sino la libertad,
un principio de libertad
que existió entre dos personas, pequeño y salvaje,
como son los principios, pero ¿cuáles son aquí las reglas?
Como él dice,
la locura puede ponerse de moda.
Pasar entonces rápidamente
de un punto al siguiente,
Por ejemplo de pezón a duro,
de duro a cuarto de hotel,
de cuarto de hotel
a la frase encontrada en una carta que escribió en un taxi el día que se cruzó con
su mujer
que iba caminando
por la otra acera, pero ella no lo vio, se dirigía
–así de ingeniosas son las combinaciones de ese estado de flujo que llamamos
nuestra historia moral acaso no son tan claras casi como las fórmulas matemáticas
salvo que están escritas en el agua–
al juzgado
a presentar los documentos para el divorcio, una frase como
qué sabor entre tus piernas.
Tras lo cual mediante esta facultad absolutamente divina, la «memoria de las
palabras y las cosas»,
uno recuerda
la libertad.
¿Es eso yo? grita irrumpiendo el alma.
Almita, pobre animal incierto:
cuidado con este invento «siempre útil para aprender y vivir»
como dice Aristóteles, Aristóteles,
que no tenía marido,
rara vez menciona la belleza
y es probable que de muñeca pasara rápidamente a esclava cuando trataba de
recordar esposa.

Traducción de Ana Bacciu
***
CUERPO

En el sexo (le dijo a ella) la mente se evapora y de repente
ahí está el cuerpo,
sólo el cuerpo con sus límites.
Se encontraba a sí mismo más o menos repulsivo,
en especial las pequeñas partes satinadas.

Ella, sola a medianoche en una mesa de la sala, inclinándose sobre el manuscrito con ojos miopes, y en el muro la sombra enorme de su brazo doblado.

Traducción: Jordi Doce
**
Foto tomada de quartelyconversation.com
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char