martes, 27 de abril de 2010

Pozo de la verdad, claro y negro


CHARLES BAUDELAIRE
(Francia, 1821-1867)

De Mi corazón al desnudo
(Fragmentos)

XXXII

Teoría de la verdadera civilización. No reside en el gas, ni en el vapor, ni en las mesas de tres patas, sino que reside en la disminución de los rastros del pecado original. Los pueblos nómades, pastores, cazadores, agrícolas, y hasta antropófagos, todos pueden ser superiores, por su energía y por su dignidad personales, a nuestras razas de Occidente. Puede que estas últimas sean destruidas. Teocracia y comunismo.

Yo he crecido, en buena parte, gracias al ocio. Con gran detrimento para mí; pues el ocio sin fortuna aumenta las deudas, y de las deudas resultan las vejaciones. Pero con gran Provecho para mí; en lo que se refiere a la sensibilidad, a la meditación Y a la facultad del dandismo Y del diletantismo. Los otros hombres de letras, en su mayoría, son viles jornaleros, muy ignorantes.

Traducción de Nydia Lamarque 1º edición, 1961, México, Editorial Aguilar.
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XLI

Cuando Jesucristo dijo: "Felices los hambrientos, porque ellos serán saciados",
Jesucristo hacía un cálculo de probabilidades.

Traducción de Nydia Lamarque 1º edición, 1961, México, Editorial Aguilar.
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Cohetes
(fragmentos)


XV

Creo que el encanto infinito y misterioso que reside en la contemplación de un navío, y sobre todo de un navío en movimiento, se debe, en el primer caso, a la regularidad y a la simetría, que son una de las necesidades primordiales del espíritu humano, en el mismo grado que la complicación y la armonía; y en el segundo caso, a la sucesiva multiplicación y a la generación de todas las curvas y figuras imaginarias operadas en el espacio por, los elementos reales del objeto.

La idea poética que se desprende de esta operación del movimiento de las líneas es la hipótesis de un ser vasto, inmenso, complicado pero eurítmico, de un animal lleno de genio, sufriendo y suspirando todos los suspiros y todas las ambiciones humanas.
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XVI

En lo moral como en lo físico, siempre he tenido la sensación del abismo, no sólo del abismo del sueño, sino del abismo de la acción, del ensueño, del recuerdo, del deseo, de la añoranza, del remordimiento, del número, etc.

He cultivado mi histeria con regocijo y terror. Ahora, siempre siento el vértigo, y hoy, 23 de enero de 1862, he sufrido una singular advertencia; he sentido pasar sobre mí, el viento del ala de la imbecilidad.

Traducción de Nydia Lamarque 1º edición, 1961, México, Editorial Aguilar
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Proyectos de Prólogos
para la Segunda Edición (1859-1860)


No es para mis mujeres, mis hijas o mis hermanas que se ha escrito este libro; tampoco para las mujeres, las hijas o las hermanas del vecino. Dejo esta tarea a aquellos que tienen interés en confundir las buenas acciones con el bello lenguaje.
Sé muy bien que el amante apasionado del bello estilo se expone al odio de las multitudes; pero ningún respeto humano, ningún falso pudor, ninguna coerción, ningún sufragio universal serían capaces de obligarme a utilizar la jerga incomparable de este siglo ni a confundir la tinta con la virtud.
Poetas ilustres se han repartido desde hace tiempo las provincias más florecidas del dominio poético. Me pareció entonces más interesante, y tanto más agradable cuanto más difícil parecía la empresa, tratar de extraer la belleza del Mal. Este libro, esencialmente inútil y absolutamente inocente, no ha sido hecho con otro objeto que el de divertirme y el de ejercer mi apasionada afición al obstáculo.
Algunos me dicen que estas poesías pueden hacer mal; no me he alegrado por ello. Otros —almas buenas—, que ellas pueden acarrear un bien; y esto no me ha afligido. El temor de los unos y la esperanza de los otros me han sorprendido por igual, y no han tenido otro valor que convencerme, una vez más, de cómo este siglo ha olvidado todas las nociones clásicas relativas a la literatura.
A pesar de la forma en que algunos pedantes célebres han contribuido a la tontería natural del hombre, jamás hubiese creído, que nuestra patria pudiese marchar con semejante velocidad por el camino del progreso. Este mundo ha adquirido una costra de vulgaridad tal, que el desprecio que suscita en el hombre de espíritu adquiere la violencia de una pasión. Pero este mundo pertenece a la categoría de aquellos carapachos a los cuales el veneno mas corrosivo sería incapaz de perforar.
Tenía en un principio la intención de responder a una serie de críticas y al mismo tiempo de explicar algunas cuestiones muy simples que se encuentran totalmente oscurecidas por las luces modernas: "¿Qué es la poesía?" "¿Cuál es su fin?" Hablarla así de la distinción entre el Bien y la Belleza, de la Belleza en el Mal; diría que el ritmo y la rima responden en el hombre a las necesidades inmortales de monotonía, de simetría y de sorpresa; de la adaptación del estilo al tema; de la vanidad y de la peligrosidad de la inspiración, etc., etc.; pero esta mañana he cometido la imprudencia de leer algunos periódicos, y repentinamente una indolencia de veinte atmósferas de peso se desplomó sobre mi y me obligó a detenerme ante la espantosa inutilidad de explicar sea lo que fuere a quien quiera que sea. Los que saben, me adivinan ya sin que yo diga nada; y para los que no pueden o no quieren comprender, sería infructuoso todo intento de explicación.

Editorial Poseidón. Colección: Los Raros. 1945.
Traducción: Roger Pla

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EL JUEGO

En los sillones marchitos, cortesanas viejas,
Pálidas, las cejas pintadas, la mirada zalamera y fatal,
Coqueteando y haciendo de sus magras orejas
Caer un tintineo de piedra y de metal;

Alrededor de verdes tapetes, rostros sin labio,
Labios pálidos, mandíbulas desdentadas,
Y dedos convulsionados por una infernal fiebre,
Hurgando el bolsillo o el seno palpitante;

Bajo sucios cielos rasos una fila de pálidas arañas
Y enormes quinqués proyectando sus fulgores
Sobre frentes tenebrosas de poetas ilustres
Que acuden a derrochar sus sangrientos sudores;

He aquí el negro cuadro que en un sueño nocturno
Vi desarrollarse bajo mi mirada perspicaz.
Yo mismo, en un rincón del antro taciturno,
Me vi apoyado, frío, mudo, ansioso,

Envidiando de esas gentes la pasión tenaz,
De aquellas viejas rameras la fúnebre alegría,
¡Y todos gallardamente ante mí traficando,
El uno con su viejo honor, la otra con su belleza!

¡Y mi corazón se horrorizó contemplando a tanto infeliz
Acudiendo con fervor hacia el abismo abierto,
Y que, ebrio de sangre, preferiría en suma
El dolor a la muerte y el infierno a la nada!

1857.
Versión desconocida
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XCII

LOS CIEGOS

¡Contémplalos, alma mía; son realmente horrendos!
Parecidos a maniquíes; vagamente ridículos;
Terribles, singulares como los sonámbulos;
Asestando, no se sabe dónde, sus globos tenebrosos.

Sus ojos, de donde la divina chispa ha partido.
Como si miraran a lo lejos, permanecen elevados
Hacia el cielo; no se les ve jamás hacia los suelos
Inclinar soñadores su cabeza abrumada.

Atraviesan así el negror ilimitado,
Este hermano del silencio eterno. ¡Oh, ciudad!
Mientras que alrededor nuestro, tú cantas, ríes y bramas,

Prendada del placer hasta la atrocidad,
¡Mira! ¡Yo me arrastro también! Pero, más que ellos, ofuscado,
Pregunto: ¿Qué buscan en el Cielo, todos estos ciegos?

1860.
Versión desconocida
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LO IRREMEDIABLE

I

Una Idea, una Forma, un Ser
Surgido del azur y caído
En una Estigia cenagosa y plomiza
Donde ninguna mirada del Cielo penetra;

Un Ángel, imprudente viajero
Que ha tentado el amor de lo informe,
En el fondo de una pesadilla enorme
Debatiéndose como un nadador,

Y luchando, ¡angustias fúnebres!
Contra un gigantesco remolino
Que va cantando como los locos
Y pirueteando en las tinieblas;

Un desdichado hechizado
En sus tanteos fútiles,
Para huir de un lugar lleno de reptiles,
Buscando la luz y la clave;

Un condenado descendiendo sin lámpara
Al borde de un abismo cuyo olor
Traiciona la húmeda profundidad,
De eternas escaleras sin peldaños,

Donde velan monstruos viscosos
Cuyos enormes ojos fosforescentes
Hacen una noche más negra todavía
Dejándoles visibles sólo a ellos;

Un navío apresado en el polo,
Como en una trampa de cristal,
Buscando por qué estrecho fatal
Ha caído en aquel calabozo;

-Emblemas nítidos, cuadro perfecto
De una fortuna irremediable,
¡Qué hace pensar que el Diablo
Realiza siempre bien cuanto él hace!

Versión desconocida
***
II

¡Coloquio sombrío y límpido
De un corazón convertido en su espejo!
Pozo de la Verdad, claro y negro,
Donde tiembla una estrella lívida,

Un faro irónico, infernal,
Antorcha de gracias satánicas,
Consuelo y gloria únicos,
-¡La conciencia en el Mal!

1857.
Versión desconocida
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Imagen: Autorretrato en pluma
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char