lunes, 17 de agosto de 2009

Lo que no queremos oír, mortales


Unos pocos poemas de VERÓNICA VIOLA FISHER
(Buenos Aires, Argentina, 1974-)


Ex - Profesa

Sin que otros lo sepan ya he profanado todo
lo que dictaminamos sagrado en nuestro amor
y sin que vos lo escuches digo que sí, yo fui
quien escupió todo reflejo
que apareciera en la noche para ayudar
a vernos. Quemé mis manos perdí la sensibilidad
con tal de aplastar cualquier flama que osase interponerse,
me gusta no verte, no verme,
que te sumerjas todavía en mí
pensando que el líquido es solo flujo
sudor o lágrimas y no descubras
que orino con sangre alrededor
de mi cuerpo para proteger
eso que llamo mi terreno,
mil veces, he humedecido tus labios
con el sabor de esta guerra.
***
Dialéctica

No hay voluntad de persistir sobre este asunto
No quiero hablar
sobre posibles razones respecto
de mi comportamiento: te acaricié
como si estuviera repasando con el dorso de una mano
las miguitas de la mesa
hasta la palma de la mano contraria y no tengo
más que amor para darte
***
Hija mía
y de una gran
perra
dónde enterraste
los huesos
que todavía, estaban vivos?
sos el mejor amigo del hombre
y soy tu padre
dámelos
quiero mis huesos
sin tierra
que parezcan marfil
hija mía
bajo arena
o cavaste un pozo
en el océano?
dámelos, dámelos ya
hija de
-los enterré en mi cuerpo
papá
***
Notas para un agitador

cuando era pequeño se le cayó un piano
en la nuca, desde ese día sus vértebras
suenan cada vez que baila
sobre la silla eléctrica: no muestra arrepentimiento
con palabras, no entona
baladas de protesta

Se dedicó a grabar sonatas
de guerra, percusión ósea contra
tiritar de dientes. La electricidad es buena
compañera dice ahora
encerrado a perpetua

De la música del cuerpo proviene
una verdad indisoluble pero si hubiera
caído una hoja
filosa sobre su nuca, ¿qué palabras
escribiría nunca?

un niño pregunta a otro
cuando el mar se agita, ¿habla?
shh... le contesta su amiguito
al igual que las olas
y callan
***

Nosotros
respetamos el compás de otra lengua
hacemos honor al que nos dice
lo que no queremos oír, mortales
***

La organización de los elementos sonoros
hace al compositor. Para distribuir correctamente los gritos
del otro se debe conocer cada bolilla cada punto
débil, como uno mismo ese otro se retuerce en su instrumento
en el amor al aire o al arco guerrero que se agita
con más ferocidad que virtuosismo. Cuando te toca
tocar, el sentido se pierde en la piel del enemigo:
acompañar o estar al frente de la masa
sonora no es lo mismo, la quinta
fila de violines que el solista. El ataque
de cada nota debe ser letal.

2 comentarios:

huggh dijo...

un gusto descubrir esta poesía... gracias Irene por estos post y este en particular

Irene Gruss dijo...

Así es, esta niña es muy buena, coincido. Gracias, Irene

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char