sábado, 30 de mayo de 2009

No woman don't cry más un viejo poema

MUTATIS MUTANDIS

Por favor no sufran más,
me cansa,
dejen de respirar así,
como si no hubiera aire
dejen el lodo, el impermeable,
y el vocabulario,
me cansa,
la mujer
deje de tener pérdida ese chorro sufriente,
los padres dejen el oficio de morir,
el daiquiri o el arpón
en el anca, y aquel perfume matinal,
la Malasia,
y el Cristo
solo como un perro,
y al amor como
un fuego fatuo, y a la muerte,
déjenla en paz,
me cansa
(¿algo ha muerto en mí?:
tanto mejor).
Así que,
valerosos,
amantes,
antiguos,
huérfanos maternales que acurrucaron
al mundo
después
de la guerra,
dejen el rictus,
oigan,
y despídanse
por primera vez
sin grandeza.
I.G.

">

9 comentarios:

sibila dijo...

sin palabras. no importa si es un lugar común. me dejó sin palabras.

huggh dijo...

terrible el poema -no lo conocía... duro duro... saludo señora, h

Irene Gruss dijo...

Sibila, no es para tanto. Gracias, Irene
Huggh, ¿a usted le parece? Mi abrazo, Irene

sibila dijo...

no discuta, quiere?

Irene Gruss dijo...

Perdón, no discuto; Irene

huggh dijo...

si, me parece... ya desde el título el texto arranca interpelando... inquiriendo y marcando posición... es un gran poema según mi modesta lectura... vuelvo y la felicito, h

Irene Gruss dijo...

Bueno, gracias, Irene

principio de incertidumbre dijo...

Creo que me gusta más esta versión de Gilberto (y eso que Bob es de mis preferidos); nunca la había escuchado: gracias.

Todos sus poemas son un puñetazo. No hay modo de quedarse impasible ante ellos.
Además me gusta esa cosa irónica (bah, yo creo leer eso). Me gusta mucho el poema y eso que yo soy muy decimonónica y afectada.
:P

Irene Gruss dijo...

Gracias, P decimonónica. Mi abrazo, Irene

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char