viernes, 1 de mayo de 2009

Una sinfonía arbitraria


Unos pocos poemas de INÉS ARÁOZ
(Tucumán, Argentina, 1945)



II

Tiempo en suspenso. Los sapos, el grillo, luz cambiante, goteo, goteo.

El gran transatlántico encierra en sus mástiles el universo. Esto es lluvia: rápido y estrepitoso solo de timbales, tam-tam y escobilla. Cosmos no navega; no hay contornos, ni mar, ni veleros. Los sapos lo saben y emiten sus voces sin tiempo ni cualidades.
Somos el arca de los siglos y las voces del aleluya de la existencia.
Me gusta jugar con tiempo, plantar estacas y contarlas, uno, dos, estrecha, buena; así, a la ligera, pero el transatlántico no navega. Arrugas, croar, existir...

Gotas-resuello de habitantes del cosmos sobre el que estoy tendida boca abajo; sublimación heroica de los malos deseos de algún hidrópico; iluminadas lenguas espirituales que se montan unas a otras. Orquestación genial; solo de gotas de agua llevado a la exageración, al granizo, como si la oreja misma se plegara y participara de ello.
Los jilgueros arruinan el presagio, cambian el rumbo de la quietud, estropean el ritmo y proponen el tema cotidiano: ¡que se callen las voces y los bichos!

Estamos en el último silencio de una sinfonía arbitraria. Y de pronto empezamos a navegar, movimiento lento y ascendente, el pasado. Es un comienzo que me pesa infinitamente porque sé que yo misma regiré algunos cordoncillos. Un poder extraño, el absurdo deseo de pronosticar hasta el funcionamiento de nuestras glándulas, nos despega con sosiego; aparecen los mares y ese claro horizonte.

Cosmos se ha desintegrado.
***

POEMA IX

Circo de una sola pista es lo que es, el protagonista errático asentado en la tierra de nadie, buscando, acaso, el poema o el soplo protector del padre viejo Eliot, para armarse contra la diosa de sus sueños, mecedora y tierna, acidulada comba de la madre. Compacta tierra que había de roturar, fermentar y cimentar con la ayuda de su padre, cópula esencial del dios en la tormenta, porque así estaba escrito que sería el origen de toda prole, la cultura del agro y el primado de la razón.
***

I

Estampar los intersticiales con voces recogidas dondequiera (en una sala de espera, por ejemplo). Entiéndase por intersticiales la hendidura entre un mundo y otro, los huecos del sentido, los espacios que median entre una y otra letra en la palabra, entre dos palabras, entre textos; los silencios de Beethoven, lo que cabe en la sinapsis pero mucho más simplemente, el exceso de luz que filtran los desgarrones y tisaduras del toldo precisamente frente a mi mirada ya cansada de curiosear los disparates de las nubes que a veces pasan por esta sala, mientras se espera.
***

POEMA
He cazado a la muerte
Como si fuera una palabra nueva
La he rodeado, inquirido y bientratado
Hasta he escrito sobre ella
–vida es la palabra que he usado–
y me ufano
de contemplar a cada instante
su aleteo furioso
en mi corazón.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char