viernes, 8 de enero de 2010

Ni el opio en su ojo claro


CARLOS RÍOS

(Santa Teresita, Buenos Aires, 1967)


un grito blanco, como un largo hueso de plata...
Kurt Skötzelkind

2
"la roca necesita
el agua que la erosiona"

y en la playa, sin saber qué realidad
encarna su instrumento
simula con pereza el guijarro
redondear una idea

es la matriz que pasa, dueña
de indescifrable resquemor

Todo es igual a cómo se ha contado:

la contractura aletea en el salmón
cuando desmaya su tabique
de escamas en Sum Dum y su feria

Canoas de teleserie
persiguiendo sin suerte
el desvío del mapache: o aquel
cuervo, ocupándose de un bacalao
en la hondonada, donde
nadie resiste

No pesa todavía la sustancia
que arma su peligro entre la piedra
-y la menor, la menos conocida
**
3
Un fiordo ingresa el testigo que oscurece
cada mosaico de agua, redes en el menstruo
de la ballena. Ánimas que quiebran al posarse
en las ancas del trineo. El cartógrafo lapón
desmerece su sensible pulso si confirma
que el viento merodea el hoyo de su madre.
**
4
"será preciso que tu composición
se disemine, que tu hálito vital se extinga
o que cambie de lugar y se establezca
en otra parte"

un segundo nada más
para que la vejiga retorne a su principio
elástico y vuelta

a pensar, la vuelta al sueño
engarzado en el ojo inalterable
de la marta

escala tímbrica anidando
el goteo de la glándula en el párpado
del hacha al golpear, insumisa
un resto de pescado
**
7
En la trastienda del fiordo
un glaciar disloca en resmas, armas
de precisión que van a dar al agua.

Nadie podría señalar que es destrucción
el reflejo físico del objeto que cede
a los principios corrosivos cuya materia
se esforzara en decir: partida en dos.

La belleza patrocina la misma corrosión.


Terrible e implacable es el inmueble
aniquilando lo que no tiene valor
si quita de lo oscuro lo que realmente vale.

***

Si cada número surge de la suma de los dos
anteriores, con la vida “residente en el sistema”
no llegamos a dos. Al híbrido de insomnio actual
la tentación, en piedra. Ruptura de los marcos.
Quien permanece en el campo administra
una insalubre relación con el estilo.
***
Animales de una aristocracia que duda
aquel concepto de clase. Paisajes donde cada ser
dialoga ante una mesa bien servida. Ocupación.
Era Precámbrica del resto. Frágil pasaje, simples
materiales obsoletos o precarios atravesándose
tan cerca de lo cotidiano. Revelar con energía latente
estos elementos, sus potencialidades, y dejar.
Al mismo tiempo, y no en el mismo espacio.
***
Porque no se trata de la mera apropiación
para otorgar otro significado. Al terreno de lo estético,
el alambre de sus transformaciones. La misma
Desorientación Geométrica. Ah, pura proliferación.
Su diálogo con el contexto local. Un efecto de saldo
y remanente, por debajo, capacita sobre la vida.
***
2. MEDIA ROMANA

De entre los animales,
todo el de pezuña
y el que tiene las pezuñas hundidas
y que rumia, éste comeréis
Lev. 11, 1

I

Esteros del
limes danubiano,
campamento
de los apologetas
que estiran
la marcha con
el padre
del impensado
Cómodo.
Aún la peste
no había cruzado
las esquinas,
y al estoico
no le quedaba
otra
satisfacción
que dar cumplida
en forma su
maniobra.
Usos
en el mediodía
europeo. Ni el opio
en su ojo claro
modera los rumores
binarios del estómago.
Al menos esa
tierna vizcacha,
si tan sólo
la extraviara
su segunda
vuelta, y
ni siquiera.
Pasan los partos,
con la carne
enferma
por su cicatriz;
bocas que arriman,
danubias
la oración roma
a la bovina, como
si nada, aquello
tuviesen
que perder.
**
II

En la
roca aislada
por su espina, los
que practican
el dialecto varón
ya se confiesan:
-No
desdeñes
la muerte.
Antes bien,
acógela
gustosamente, en la convicción
de que ésta
también es
una
de las cosas
que la naturaleza
quiere.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char