martes, 8 de septiembre de 2009

La risa, el agua, si algo supiese


Algunos poemas
de ALICIA GENOVESE
(Lomas de Zamora, Buenos Aires, Argentina, 1953-)


ADAGIO

caricias
que se detuvieron frías
y una luna blanca

desolado golpeteo de la noche
absurdo

sobre un territorio tomado sin banderas
imposible soñar

la partida
como la violencia última
que desclava al arpón
Jun/75
(de “El cielo posible”)
***
OTROS TIEMPOS

las cintas de raso
se perdieron
doncellas
sin que caballero alguno
las encuentre
sus colores pálidos se olvidaron
entre el polvo y las masacres del camino

corren malos tiempos
días y más días
como sábanas revueltas
al partir
al regresar

inútil preguntar
por el país de los elfos
casi ni se tiene memoria
inútil desesperar
por el enamorado que quiere
pero no quiere
inútil también morir
ya se han acabado
las grandes tragedias
ahora todo parece
desolado
y perdido
y desolado
hasta la propia mirada
que lo intuye

la poesía
ciertos memoriosos gritos del aire
entre el follaje
poco que muerda la pena
o la locura

(de El mundo encima)
***

ANÓNIMA

vete Federico a la cruzada
si regresas
asaré carne de venado
y sonreiré junto al fuego
al verte desgarrar
un muslo entre los dientes
tu barba crecida
con olor a pólvora

vete a mí me toca
raspar con arena
el tizne en la marmita
cuidar a los niños
de la fiebre azul
cuídate tú también
del escorbuto

ojalá tengáis tiempo
de inventar la penicilina

vete tranquilo
los hombres que se quedan
rimarán mi lamento
y mi dolor suspendido
de un gancho
como una res
o una brillante cacerola

(de "Mujeres", Anónima)
***
MUSEO VI (Giotto)
a María del Carmen Colombo

a la capilla degli Scrovegni
entra el Giotto

la señora de la feria
vestida de Magdalena
dice:
¡cómo puede ser
todo tan caro!

el ragazzino amable
de ojos almendrados
le habla a la gente como Cristo
(la humedad desteñirá su túnica)

un burro ocioso
monta el fresco
hacia Belén

lengua morada por infierno
la pincelada seca rápido ¡cazzo!


(de "Museos", Anónima”)
***

LA OBTURACIÓN

más tarde volverá
a escribir
lo que ahora tacha
dejará de pelear
quizá olvide lo tachado
pero no aquel movimiento
donde la memoria
empuja ciega
sobre el silencio de lo borrado
se reanuda
hojas retoñan
en el tallo del rosal
la poda dejó cortes al sesgo

la luz del jardín amplifica
no selecciona
no descarta

(de "Arte poética", Anónima)
***

BOCETO, ESPACIO PROVISORIO

De hojas, el único
movimiento en el fondo
y un primer plano de figuras
impostadamente quietas
en un borde filoso
en el frescor de un contacto
que lo visible omite;
saturación
de polen disperso el aire
No eran tilos
sino plátanos
la causa de las alergias
cuidarte podría
o ser cruel
si lo acabado reemplazase
la perturbación del movimiento
en el fondo
las hojas
La risa, el agua, si algo supiese
saltar o fluir
pero un alacrán da vueltas
en un círculo de fuego
y el follaje no abre un cauce
despliega la atracción
en un acontecer de plantas carnívoras
Lengua
contra el paladar
como una playa amarga
la boca
La risa, la risa
incontrolable y sombreada
toca
el aire deseoso
y lo retiene
Quo vadis cuerpo
en el caos del verde humedecido
solo
corazón

(de "La opulencia", El borde es un río)
***

CRUZAR un puente
en tierra extranjera
no es costoso
no acarrea pasado;
cada tramo suelta una amarra
como un desecho
de inútil identidad
cada lugar donde amaneces
reclama el cuerpo,
su piel nocturna empacada
junto con sábanas y trastos,
despegada. Rielar
en la materia nueva que se interroga
y devuelve descontrolado
el propio yo

El puente es el lugar del nómade
la única construcción que se permite
su fuga, su visa
su salvoconducto

De Colorado recuerdo
un pueblito fantasma
abandonado al correrse
la frontera del oro:
mecedoras quietas en los porches
sin peso, sin cuerpos;
carril de detención,
en tu zona de baja velocidad
tu pueblito fantasma,
espacio sobrecargado
y nadie, lugares
de mala combustión
retardo, retorno
al paisaje ausente,
sustancia que no termina
de entenderse con el agua
ni se deja dócil traspasar

Pasos del Riachuelo,
garganta de agua pesada
que me vuelve costosamente a mí
(...)

A la pensión de San Cristóbal fueron
de civil, de casualidad
no estaba y ese mismo día
me mudé, dormí
en casas de amigos
que después fui perdiendo
Alrededor se deshacía
el espacio urbano
en centros y campos inhallables
de detención
Lo poco que nacía
parecía deshecho
en cada esquina, un patrullero
(...)

Y cómo se construyen puentes
hacia adentro,
hacia el agua sumergida
por esos gestos diarios, hoscos
o cerrados mostrándose amables
cómo hacia ese territorio submarino
renuente y ríspido
como un arrecife;
rojizos blancos
violáceos corales, sosegadas
hojas paleozoicas
que hieren al menor roce
Si un cuerpo sumergido
cuidadoso atraviesa la zona áspera
trae en su aire
el amarillo encendido de los peces
aterciopelados azules;
colores inexplicables
de intercambios enlazados
al tejido vivo;

pero el amor
es un raro acontecimiento

un cuerpo es un puente
en otro cuerpo
y las palabras
impensadas aparecidas, puentes

el resto una superficie alisada
durante meses
por la noche polar
una capa de hielo capaz de sostener
a una persona, a un elefante marino
y su familia
Dureza aplanada
que no resiste
si un susurro
se filtra
y abre
un puente:
tonos apenas audibles
que se criban
como granos orgánicos
para alimentar lo que sobrevive
a la lisura, ese desierto antártico
de formas;

estar
ahí abajo

como un bichito de bajas temperaturas
en su iglú, su casa en el polo
atenta
a que el hielo se cuartee
y anuncie
el cambio de estación:
un susurro, un puente;

para el cuerpo deshidratado por la invernada
puentes
(fragmentos de Puentes)
***

PUERTO MADRYN

Arremangarse los vaqueros
que descalza
la playa se le amolda
a los pies;
el mar es intratable
en la extensión fría, pero la arena
húmeda recibe
Resta un tramo de caminata
hasta los barcitos de la costa
y el mediodía invade el aire
con el olor a pescado
frito, fresco
La bajada trae
el alerta, el imprevisto
moverse de los cangrejos
y ráfagas heladas, impensables
para dormitar el cansancio;
anárquicas levantan
en la sequedad de los médanos
restallantes remolinos
Mientras encuentre plácida
esas andanadas
-se dice como quien
se mide en lo externo-
la carne no será crepuscular
La caparazón de un erizo
frágil pero intacto
toca en su bolsillo,
una mesa afuera busca, dispuesta
a la intransigencia con el viento,
servilletas para escribir
o entrar a espiraladas sensaciones
Pero todavía no se ha ganado
ese instante de compensación
punzante o maravilloso
que traspasa la simpleza;
nada aún sino el foco
sobre algunas acciones mínimas,
accesos que tientan
rugosos paralelos
Sólo el movimiento que ablanda
y desmarca
y deja que llegue
lo real, el mediotono inoculador
de la caminata y el día,
la escalera solar por donde reptan
sus animales nocturnos
Nada sino el tiempo sorbido
en los olores
en la erosión tangible de la playa;
nada excepto el momento
en que las cosas suceden.
(de Química diurna)

**
Tomado de POETAS ARGENTINAS 1940-1960, EDICIONES DEL DOCK
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char