sábado, 15 de agosto de 2009

Rodeado por lo que se ama


Unos pocos poemas de GABRIEL RECHES
(Buenos Aires, Argentina, 1968)


El barroco es la revolución

Revolución
contra la era es el barroco
cerca de mí decía un tipo

que creía que
la era era y
laira laira
cantaba yo
que no creía en nada.

Mentira. Me sueño músico.
El día en que dijo el tipo
creía en algo preciso yo
que ni cantaba.
***
NO TUVE NUNCA UN SISTEMA

No tuve nunca sistema
para leer salvo cuando no
leía nada sino revistas
Susy. Besos de lengua
dentro del agua
no había palabras
más exactas que slurft
o strelcht.

En ese tiempo me poseía
doble terror infundido por madre:
concentraciones de líquido
y los labios de los otros,
suponía que algún
científico los describía
como animales
representantes de la anarquía en
el universo lleno de leyes.

Ninguna de estas ideas
logré comprobar en las
revistas de las hijas
de los amigos de mis padres.

Las ponía delante para que
cubrieran mis ojos
y nadie supiera cómo veía.

Más tarde entrené para la guerra.
Besé a los fantasmas de la casa
vapor o aliento
en el metal de las cortinas.

El primer acto de valentía fue
enamorarme de las tazas de otro
de una chica que en algún lugar
supongo, vivía.

No pude llegar a sumergirme.
Invadía mi mente la imagen del agua.
Atiné a pronunciar slurft
algo se activó por azar.

Como todo estratega
reconocí el lugar, me cercioré
de que su cama no fuera de agua.
Penetré en un labio con precauciones.

Esta escena se repitió varias chicas.
Les gustaban mis zapatillas
Tenés los ojos tristes
es porque están hundidos
y me iba a otra parte
donde soñaba con pasar
las horas mejor.

Comencé la escuela de buceo.
Pronto fui un idiota.
Aprendía los secretos de la doma
pensaba como todo nuevo
chico domesticado.
Hay una maldad que sólo encierra la ternura.

Hoy las hijas de los amigos de mis padres
tienen teléfonos celulares o familias.

Yo leo cosas nuevas para entender qué sucede.
Leo mucho, todo lo que puedo.
Cuando estoy triste quemo un libro y salgo al parque
a comprar viejos números de Susy.
Los labios anidan donde siempre
y mi casa fue comprada por un rico.
***

SR CORDOBA (fragmento)
FOTO UNO. PARTIDA.

gracias a la acción de las manos antes
de subir al Chevallier el mocasín
perder el polvo que ha reunido
con tanto esfuerzo puede plantearse

rodeado por lo que se ama como
si en el mundo lo próximo fuera una boa
vivir feliz o cualquier ejercicio de
la entrega un tributo de los días
al jadeo del insomino

FOTO DOS. LUZ DE ASIENTO.

hasta pueden contarse estrellas
por la ventana cerrada
papel de caramelo
demasiado ruido

rescata el héroe a
su amada de los narcos
en la Película Micro y qué,
Sr Córdoba en todo esto
algo habrá que provoque
pensamientos universales

tal vez el recurso noble de la mirada
dónde va toda esta gente que pregunta
dónde va toda esta gente.

FOTO TRES. PARADA.

de un lugar preciso a otro
la experiencia singular
en el baúl de un país hacinado de anécdotas

y sin embargo así se puebla el campo.
***

Matricida

Si estuviese seguro
de olvidarlo
ya hubiera
asesinado a mi madre
pero el remordimiento
torturaría más
que sus llamadas.

Espero que sepa
morir a tiempo
o un rato antes
mi madre

todos los días
cava fosas
en la cabeza
para sus hijos
quedan vacías
o habitan moscas.

La última vez
que fui a comer
parecía verdosa
y pensé

cuando el infierno te devore
voy a decir mundo
al fin solos.

Dios mío no la devuelvas
encima de todo un poco
más viciada.

Teléfono.
Es la noticia
de la muerte
de mi madre.

No. Es mi madre.
***
SE ENFRÍA TE DIJE

Se enfría el arroz.
No viene esa mujer
que vive en el baño.
Ahora está con el
perro que la sigue
por la casa tiembla
un viejo.
Las explosiones dicen
otro año
que termina afuera
sin las muertes
necesarias.
El perro
junto a la mesa
ladra y se envuelve.
El arroz se enfría
todo
se enfría te dije.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char