sábado, 12 de junio de 2010

¿Te acuerdas, Marilyn?


La lección menospreciada de Renau
Por Fernando Bellón Pérez


Se resumen las ideas que el artista y militante comunista José Renau (1907-1982) publicó en forma de ensayo, para conocimiento de quienes pueda interesar

La vida privada del fotomontador y muralista José Renau no fue de las que suelen considerarse edificantes, aunque también distó mucho de ser una vida disoluta. Las lecciones que pueden extraerse de ellas nos ilustran más en aquello que un ser humano debe hacer de otra manera, que en lo que debe imitar de Renau.

Su vida pública fue una sucesión de conflictos y frustraciones personales, de esas que no se desean ni a los peores enemigos.

Pero Renau conservó la lucidez intelectual y la integridad moral hasta sus últimos días, cuando perdió la conciencia en el hospital de la Charité de Berlín Este, en octubre de 1982.

Su lucidez intelectual y su integridad moral tampoco fueron siempre ejemplares, pero en esto no se distinguió de la mayoría de los hombres y mujeres honrados que pueblan el planeta. La diferencia entre Renau y sus contemporáneos con responsabilidades públicas, políticas o de otro tipo, es que los actos del valenciano universal (y esto no es un tópico) fueron coherentes con sus convicciones en una proporción superior a lo que cabe esperarse de un artista, de un intelectual o de un político, porque estos tres papeles interpretó Renau en el gran teatro del mundo.

En síntesis, sus convicciones fueron estas:

1.- El comunismo es el sistema político que redimirá al ser humano de todas sus aflicciones.

2.- La creación artística debe estar al servicio de la construcción de la nueva sociedad comunista. Pero es una imprudencia ignorar que las viejas formas y los viejos contenidos estéticos burgueses tienen y tendrán vigencia durante mucho tiempo.

3.- Imponer por la fuerza una nueva fórmula de creación artística única y monolítica es contraproducente. El camino es largo y hay que recorrerlo causando el menor daño.

4.- La etapa histórica de la creación individual, de la pintura de caballete acabó a principios del siglo XX con las vanguardias, que pronto demostraron su esterilidad estética y social al dejarse arrastrar por la tromba del mercado del arte.

5.- El trabajo de creación artística en el mundo presente (el suyo) y el futuro se hará mayoritariamente en grupos, en colectivo. Ejemplo de ello es el muralismo. Pero también el cine considerado como un instrumento pedagógico y artístico, el video (que en la ancianidad de Renau empezaba a ser utilizado por los artistas), y la cibernética, lo que hoy conocemos por arte digital y arte online, que Renau tuvo la agudeza de vislumbrar cuando los ordenadores eran monstruos que llenaban decenas de metros cuadrados de superficie y tenían memoria de mosquito.
6.- La formación de los artistas nuevos tiene que ser semejante a la de los artistas del Renacimiento: completa, variada, sometida a la disciplina de talleres dirigidos por hombres y mujeres de experiencia y méritos probados y, si ello es posible, de moralidad intachable, abnegados, infatigables.

7.- Los artistas que se entreguen al mercado del arte están condenados, en el mejor de los casos (si triunfan, si obtienen reconocimiento, algo aleatorio) a la enajenación, a la alienación de su persona y de su obra. Y en el peor de los casos (si no colocan su producción en el mercado) a sufrir como excluidos del paraíso y a ganarse la vida de un modo ingrato, precario y todavía más enajenante.

Los cuatro primeros puntos corresponden al ámbito de la doctrina, de la ideología. Los otros tres son producto de la experiencia de Renau, tanto artística como profesional del cartelismo y la publicidad. Una experiencia de las más ricas que un creador puede acumular a lo largo de su vida.

José Renau nació en Valencia un día de mayo de 1907, hijo de un pintor de la escuela sorollista (por clasificar lo inclasificable), restaurador de obra antigua (maestros barrocos, pintores neoclásicos, &c.) y profesor de la Escuela de Bellas Artes de San Carlos. A él debe Renau su formación temprana, el descubrimiento y el fomento de su capacidad creadora, y su estruendoso primer éxito en Madrid en diciembre de 1928. Gracias a una recomendación de don José Renau padre, el joven Pepe Renau fue recibido por el entonces influyente crítico y académico de San Fernando José Francés, que quedó fascinado por las acuarelas y dibujos de estilo art decó que el muchacho le presentó.

Francés le organizó en cosa de días una exposición en el Círculo de Bellas Artes. Gracias al eficaz concurso de un grupo de colegas y amigos del académico madrileño, la exposición fue un bombazo mediático y público, y un éxito inesperado para Renau. De todo ello se dio perfecta cuenta el joven, y entró en una grave crisis de conciencia. El triunfo artístico, descubrió, no se debía al mérito sino a la casualidad y a la influencia de los padrinos del creador. Durante todo un año se tambaleó estética e ideológicamente, y de las lecturas anarquistas, que llenaban las bibliotecas proletarias de la época pasó al descubrimiento del marxismo a través de Plejanov.

En 1930 se afilió al minúsculo Partido Comunista de España, y se convenció a sí mismo de que su misión vital anteponía su militancia a su vocación. Esto no fue óbice para que, debido a su capacidad de trabajo y a su extraordinaria calidad e imaginación para la creación plástica, se ganase la vida muy por encima de los artistas convencionales y vanguardistas de la época. Fue premiado en concursos de carteles, trabajó para la antigua Cifesa, realizó encargos privados de ricos industriales y terratenientes valencianos, no paró de diseñar anuncios publicitarios. A la vez dedicaba todo el tiempo que le era posible a la militancia, la estrictamente política (fue secretario local de Valencia del PCE durante un tiempo) y a la cultural de propaganda del bolchevismo o marxismo leninismo. Fundó y mantuvo con dinero propio la revista Nueva Cultura, que se editó entre 1934 y 1938, con una interrupción de unos meses al inicio de la guerra civil.
Al estallar ésta, la dirección del PCE le designó para el puesto de Director General de Bellas Artes en el ministerio de Cultura encabezado por el comunista Jesús Hernández, donde permaneció hasta 1938. Este nombramiento sorprendió a Rafael Alberti, que se creía destinado a él con más méritos que Renau, con quien tenía diferencias más personales que políticas, relacionadas con la vanidad y el divismo.
(...)
El papel político de Renau en esos años está poco documentado, pero podría aventurarse que rehuyó la vida pública y que se dedicó al trabajo efectivo y oscuro de un técnico absolutamente politizado, eso sí.

En enero de 1939 huyó a Francia, donde se dejó internar en un campo de refugiados, pese a tener documentación de alto cargo que le eximía de esa penalidad. Tras ser extraído por la dirección comunista de él, se embarcó con su familia para México. Allí trabajó con David Alfaro Siqueiros en el mural «Retrato de la Burguesía», por encargo del Sindicato de Trabajadores de la Electricidad. La vida profesional y política de Renau en México fue similar a la que mantuvo en España: distante de los cargos de alta responsabilidad política, ganándose muy bien la vida con la publicidad comercial, y dedicándole mucho tiempo a la creación artística política propagandística para el gobierno y los sindicatos mejicanos, mientras éstos tuvieron una influencia comunista. Entre los españoles exiliados cumplió un papel polémico por su rígida ortodoxia comunista, pero dentro del PCE procuró no destacar ni como opositor ni como defensor de ninguna línea que no fuera el férreo sovietismo, que entonces era antiimperialismo y estalinismo puro y duro.
Sin embargo, empezó a realizar fotomontajes según la línea de trabajo abierta por John Heartfield y sus compañeros dadaístas alemanes y los primeros cartelistas soviéticos, a quienes había estudiado a fondo en su juventud.
Pronto llamó a su serie «American Way of Life», porque utilizaba recortes de revistas norteamericanas para poner en evidencia las paradojas y miserias del imperialismo norteamericano de posguerra. Este trabajo llamó la atención de ciertos funcionarios de la República Democrática Alemana (en Méjico vivía una significativa colonia de comunistas alemanes exiliados), que le invitaron a enviar fotomontajes para publicarlos en una revista satírica editada en Berlín oriental, Eulenspiegel. Al final fue invitado a trasladarse a la RDA para continuar sus creaciones de fotomontaje político y con una vaga promesa de aventurarse en otros campos estéticos, como experto en arte de vanguardia, pero fiel a los dictados ideológicos de la dirección del comunismo internacional.
(...)
Su vida en Berlín fue difícil. No llegó jamás a dominar el alemán. Sufrió las consecuencias de una fe absoluta en su razón estética y su razón ideológica, cosa que le llevó a enfrentarse con casi todo el mundo, empezando por su familia y terminando con sus camaradas del PCE, tanto los estalinistas como los eurocomunistas, aunque jamás participó en ninguna actividad secesionista. Su irreprochable pasado de comunista y antifascista y su discreción en la vida política de la RDA le mantuvieron a salvo de las purgas y de los forzados eclipses de la vida pública tan abundantes entre los creadores en el socialismo real.
Entre 1976 y 1982 vivió en un constante ir y venir de Berlín a Valencia. Su regreso le llevó a inventar el concepto de «matria», encarnado por Valencia, por oposición a patria, que él afirmaba no tener, por haber sido y seguir siendo un comunista internacional. Pero poco a poco se dejó seducir por el nacionalismo catalanista, gracias entre otras cosas, a la personalidad cautivadora de Joan Fuster, el intelectual de mayor prestigio en Valencia, que se había alineado desde la juventud con el catalanismo de raíz burguesa; aunque Fuster, un consumado funambulista intelectual, fue capaz de distanciarse ideológicamente de la burguesía catalana (y desde luego, de la valenciana, que aborrecía como miembro marginal de ella que fue) tiñendo sus ensayos de un color ácrata que impacto a un Renau anciano y sugestionado por sus aventuras juveniles con el anarquismo militante.

No obstante, José Renau no quebró su fidelidad al marxismo leninismo ni modificó su teoría estética, construida con gran esfuerzo y a base de penosos debates, a lo largo de su vida. Los trabajos teóricos de Renau no han tenido ningún eco en el panorama filosófico español, víctima de tantos complejos. Quizá porque fueron aleccionadores, precisos, directos como un puñetazo, sobre todo cuando toca temas concretos.

La crítica española de izquierdas de la segunda mitad de los años setenta le calificó de ingenuo (acaso por su obsesión frustrada por crear una escuela, no la suya, sino un método de transmisión de los conocimientos del arte basado en la relación intensa y diaria del aprendiz con el maestro), de estalinista, mediocre imitador del pop (aunque fue anterior a él). Ya en México se le consideraba un «artista fallero», no sin falta de razón, aunque desde el punto de vista más creativo y digno del término, pues su formación valenciana se nota en muchas de sus obras.

Todo esto contribuyó a su oscurecimiento y a su olvido.
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Imagen y texto, tomados de http://www.nodulo.org/ec/2008/n076p01.htm
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char