viernes, 11 de junio de 2010

Tú quien tú que tú


COCTEAU, JEAN
(Maisons-Laffitte, Francia, 1889-1963)


Homenaje a Jerónimo Bosco

Tú quien tú que tú con tu techumbre panza de cornamusa
La escalera de rana y la bula del Papa
Y los misteriosos viñedos de Príapo
Y la vergüenza de la pareja del unicornio desnudo
Y el vergel absurdo y la comitiva en marcha
Hacia sí misma y el viento en una vela de hueso
Soplado por el trasero de un patriarca
Que te empuja hacia el Escorial Dionisio
Y tu risa escondida tras una mano virgen
Y el mundo espantado por el rayo de un pedo
Los paraísos perdidos y las lágrimas de cirio
Formando un lago debajo de lo más sospechoso

Traducción de Julia Escobar
***
Un amigo duerme

Tus manos por las sábanas eran mis hojas muertas.
Mi otoño era un amor por tu verano.
El viento del recuerdo resonaba en las puertas
de lugares que nunca visitáramos.

Permití la mentira de tu sueño egoísta
allá donde tus pasos borran el sueño.
Crees estar donde estás. Qué triste nos resulta
estar donde no estamos, así siempre.

Tu vivías hundido dentro de otro tú mismo,
abstraído a tal punto de tu cuerpo
que eras como de piedra. Duro para el que ama
es tener un retrato solamente.

Inmóvil, desvelado, yo visitaba estancias
a las que nunca ya retornaremos.
Corría como un loco sin remover los miembros:
el mentón apoyado sobre el puño.

Y, cuando regresaba de esa carrera inerte,
te encontraba aburrido, con los ojos
cerrados, con tu aliento y con tu enorme mano
abiertos, y tu boca rebosante de noche....
***
CARTA (inédita) DE ADIÓS A FEDERICO

Canta. Por la boca de tu herida. Por la boca entreabierta de tu herida. Por la boca de tu herida abierta de par en par. Por el ojo húmedo carmesí de tu herida. Por la granada resplandeciente de tu herida. Por la risa atroz de la dentadura de un caballo de picador de tu herida. Por la leche oscura de los labios de un recién nacido de tu herida. Por la lava del volcán de tu herida. Por la mucosa del erizo abierto en dos de tu herida. Por la cueva donde despierta sobresaltado el gitano de tu herida. Por la estrella escarlata de las ruinas de tu herida. Por la tinta roja del último poema de tu herida.

***
Un verdadero poeta no se moleste en ser poético. Tampoco un jardinero, del aroma de las rosas.
**
Imagen: por Jean Cocteau

5 comentarios:

huggh dijo...

q bueno Irene... bueno bueno. gracias con saludos!!

Maria Taurizano dijo...

Ah, qué lindo. Un placer, GRACIAS, Irene.

Irene Gruss dijo...

Gracias, Huggh y María. Un placer para mí también, Iren

DanteBertini dijo...

he leído el texto, que me hizo llegar una amiga de blogs
no lo conocía
no tendrás el original en francés?
muchas gracias

Irene Gruss dijo...

Dante, no sé a cuál texto te referís. Igualmente, gracias, Irene

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char