domingo, 26 de septiembre de 2010

Cansado pero terriblemente libre

JUAN MANUEL INCHAUSPE

(Santa Fe, 1940-1985)

Me voy temprano y regreso muy tarde
cuando la noche ha hecho ya
gran parte de su trabajo
y no queda tiempo para detenerse a mirar.

Así paso los días. Como si lo mejor de mí
estuviera paralizado y muerto
o mejor como si no hubiera existido nunca.

Nada más que este rostro hipnotizado.
Como un pájaro nocturno
alguna palabra escala mi sangre.

Entiendo que debo quemar mis manos una vez más.

Abro el cuaderno y escribo rápidamente.

Todo arde.
***

Sentado
en un banco de esta plaza
bajo el desamparo de las tipas
leo al viejo Benn.

Dura, puntual, metódica, implacable
dentro de mí
la garra del crepúsculo hace lo suyo.
***

Hay un momento
suspendido
de la luz.
Es al atardecer
cuando la claridad
tambalea
frente a la penumbra paciente del cielo
y las membranas de la sombra
se extienden como plantas transparentes
y nocturnas.
***
5

Suave es caer en la habitación
cuando hemos dejado detrás
esa acumulación crujiente de horas
quemadas para vivir.

Suave la presencia de los muebles
la línea de tu nuca acompañando
la inclinación de tu cabeza sobre el libro.
Suave el fondo de mar de tus ojos.

Y más suave la hora -en que ya cansado
pero terriblemente libre- enciendo
la lámpara que apagaré muy tarde.

**
Reedición de su Poesía completa con materiales inéditos, UNL, 2010.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Inchauspe, un poeta que me conmovió siempre.

Susana.

huggh dijo...

terriblemente poeta... gracias Irene. saludo. h

Irene Gruss dijo...

Susana, huggh, es así, terriblemente poeta. Gracias, Irene

Maria Taurizano dijo...

Estupendo!!

paula dijo...

lo estoy leyendo en este momento, y es todo un descubrimiento para mí, un poeta formidable, intenso, íntimo.
es uno de esos libros que quedarán en mi mesita de luz, siempre a mano, para volver.
gracias, irene, por las maravillas que nos brindás en este blog (con flor walfisch decimos que cada post que subís es una clase de poesía!) y por tenerte en rosario estos días!
te mando un fuerte abrazo y ojalá volvamos a vernos pronto.

Irene Gruss dijo...

Para mí fue un gustazo también. No me hagan ponerme colorada. Un beso, Irene

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char