lunes, 23 de febrero de 2009

la única vida que podías salvar

Un poema de MARY OLIVER


El viaje


Un día finalmente supiste
lo que debías hacer, y comenzaste,
aunque las voces a tu alrededor
continuaban gritando
su mal consejo,
aunque la casa entera
comenzó a temblar
y sentiste el viejo tirón
en tus tobillos.
“Enmienda mi vida"
cada voz gritó.
Pero no te detuviste.
Supiste lo que tenías que hacer,
aunque el viento acechó
con sus dedos ateridos
los mismos cimientos,
aunque su melancolía
era terrible.
Ya era tarde
suficientemente, y una noche salvaje
y el camino repleto de caídas
piedras y ramas.
Pero poco a poco,
en tanto dejabas sus voces atrás,
las estrellas comenzaron a arder
a través de láminas de nubes,
y hubo una nueva voz
que lentamente
reconociste como tuya,
que te hizo compañía
mientras cruzabas a zancadas
más y más profundamente
el mundo,
determinada a hacer
la única cosa que podías hacer,
determinada a salvar
la única vida que podías salvar.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char