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lunes, 11 de agosto de 2014

Oh Musas, oh alto ingenio, ayuda


Dante Alighieri 
(Florencia, 1265-Rávena, Italia, 1321)


Infierno, Canto segundo

Se iba el día, y el aire oscuro
aliviaba a los animales de la tierra
de sus fatigas, y yo, sólo uno,

me preparaba a sostener la guerra
del camino sí, y de la piedad,
que relatará la mente que no yerra.

Oh Musas, oh alto ingenio, ayuda;
oh mente que escribiste lo que vide,
aquí aparecerá ahora tu nobleza.

Yo comencé: "Poeta que me guías,
mira si mi virtud es tan potente,
antes que al alto paso tu me fíes.

"Tú dices que el padre de Silvio, *
aun corruptible, a la morada inmortal
pasó del siglo, y fue sensiblemente. **

"Mas si el adversario de todo mal
cortés le fue, pensando el alto efecto
que venir debía de él, y qué y cuál,

"eso no es indigno de un hombre de intelecto,
ya que fue el alma de Roma y de su imperio
en el empíreo celeste por el padre electo:

"la cual y el cual, para decir lo cierto,
como santo lugar se establecieron
donde se sienta el sucesor de Pedro.

"En este camino, al que das tu gloria,
entendió cosas que ocasiones fueron
de su victoria y del pontificio manto.

"Llegó después el Vaso de elección
para confortar a aquella fe
que es principio del camino salvador.

"Pero yo ¿por qué iré? ¿Quién lo concede?
Yo no soy Eneas, y Pablo no soy: ***
digno de eso, ni yo ni otros me creen.

"Así pues si al seguirte me abandono,
temo que lo que venga sea locura:
eres sabio; entiende, no razono."

Y como quien no quiere lo que quiso
y al pensarlo cambia de intención,
y, al comenzar, todo lo abandona,

así hice en esa oscura cuesta,
porque, pensando, agoté la empresa
que fue tan pronta al comenzar.

"Si tu palabra bien he comprendido",
respondió del magnánimo la sombra,
"el alma tuya de cobardía está atacada;

"la que muchas veces al hombre estorba
tanto que de honrada empresa lo devuelve,
como falsa visión a las bestias en la sombra.

"Para que de este temor seas liberado,
te diré por qué vine y qué comprendo
desde que de ti yo me he apiadado.

"Entre los suspensos me encontraba
y una mujer me llamó bella y beata,
de modo tal que le pedí que me ordenara.

"Lucían sus ojos más que la estrella,
y comenzó a decirme suave y lento,
con voz angélica en su lengua:

'Oh alma cortés mantuana,
de quien la fama en el mundo dura,
y durará cuanto el mundo, lejana,

'mi amigo, pero no de la ventura,
en la desierta cuesta está impedido
tanto en su camino, que huye de pavura;

'y temo que esté ya tan extraviado
que al socorro tarde haya acudido,
por lo que en el cielo yo he escuchado.

'Ahora, muévete, y con tu palabra ornada
y con lo que a su cuidado sea necesario,
ayúdale, tanto que me sienta consolada.

'Soy Beatriz, y yo te envío:
vengo de un sitio donde volver deseo;
amor me mueve a hablar.

'Cuando esté delante del señor mío,
de ti a menudo me honraré ante él.'
Entonces callóse, y comencé:

'Oh dama de virtud, solo por quien
la humana especie excede cuanto encierra
aquel cielo de los círculos menores,

'tanto me agrada tu demanda,
que obedecer, si fuese ya, sería tarde;
basta con que me muestres tu deseo.

'Dime la razón por la que no te cuidas
de descender aquí a este centro
desde el lugar al que ardes por volver.'

'Ya que quieres saber lo más profundo,
te diré brevemente', me repuso,
'por qué no temo llegar hasta aquí adentro.

'Temer se deben sólo aquellas cosas
que tienen poder de hacer a otros mal;
las otras no; no son tan pavorosas.

'Yo soy hecha de Dios, a su merced, tal
que vuestra miseria no me toca,
ni la llama me asalta de este incendio.

'Dama gentil hay en el cielo que se apiada
del necesitado a quien te mando,
tanto que quiebra allá el juicio severo.

'Ella llamó a Lucía a su mandato,
y dijo: - Ahora te necesita el que te es fiel
y yo a ti te lo encomiendo -.

'Lucía, enemiga de los crueles,
se movió, y vino al sitio donde estaba
sentada con la antigua Raquel.

'Dijo: - Beatriz, loada de Dios cierta,
¿por qué no ayudas al que te amó tanto
que por ti se alejó de la vulgar ralea?

¿no oyes el dolor que hay en su llanto?,
¿no ves que la muerte lo combate
en el torrente que hasta al mar supera?-

'En el mundo no hubo jamás persona lista
por encontrar su pro o huir del daño
como yo, ante esas palabras dichas,

'vine aquí abajo de mi beato escaño,
fiándome de tu hablar honesto,
que te honra y a cuantos lo escucharon.'

"Después que me hubo dicho esto,
volvió los ojos lucientes lagrimosos,
con lo que hizo que más rápido acudiera;

"y vine a ti, como ella quiso;
de delante de esa fiera te aparté,
que te cerraba el paso al monte bello.

"Entonces ¿qué? ¿Por qué, por qué te quedas?
¿por qué tanta cobardía tu corazón alberga?
¿por qué coraje no tienes ni franqueza,

"puesto que tres damas benditas
cuidan de ti en la corte celeste,
y mi hablar tanto bien promete?"

Como florcitas que el nocturno hielo
inclina y cierra, y cuando el sol las ilumina
se enderezan abiertas en su tallo,

tal me elevé en mi virtud cansada,
y tan buen ardor corrió en mi pecho,
que respondí, libre del miedo:

"Oh piadosa la que me socorrió,
y tú cortés que obedeciste presto
las veraces palabras que entregó.

"Tú has con deseo el corazón dispuesto,
al llegar así, con tus palabras,
que a mi primera intención he regresado.

"Vamos, que es uno el querer nuestro,
tú duca, tú señor y tú maestro."
Así le dije, y cuando abrió la marcha,
entré por el camino agreste y elevado.

La divina commedia
Versión de Jorge Aulicino

* Elipsis para nombrar a Eneas

** En cuerpo y alma

*** Eneas y San Pablo conocieron en vida el reino de los muertos (antes, Odiseo, quien no es nombrado por Dante).
Al Canto Tercero

jueves, 23 de febrero de 2012

"El infierno tan temido"

Dante Alighieri, en una imagen de Peterlini Domenico

Fuente: Revista Ñ, 22 de febrero de 2012

Trasladar la primera parte de la “Divina Comedia” a un nuevo lenguaje fue la compleja tarea que se propuso Jorge Aulicino en esta edición argentina. El académico italiano Claudio Morandi considera que “sólo un poeta puede traducir a otro poeta”.


"Traduttore, Traditore” reza el proverbio italiano lleno de gran sabiduría y verdad. Siempre nos preguntamos si es posible traducir la poesía de un idioma a otro sin perder buena parte del valor poético del original. Si lo específico de la poesía consiste en el lenguaje poético y no en el contenido, en la “disimilitud lingüística” que lo diferencia de la “lengua de la tribu”, podríamos entonces afirmar que cada traducción, por comprometida y seria que sea, será una operación cultural de valor como mucho didáctico, práctico, útil, pero muy difícilmente bello, “literatura y no poesía”, recordando a Croce. ¿Cuántos de nosotros, sin embargo, hemos podido acercarnos a las grandes obras maestras de la literatura europea sólo a través de la traducción? En mi adolescencia, ignorante todavía de la importancia del conocimiento de las lenguas modernas y amante sólo de las antiguas, pude aproximarme a las obras de Shakespeare, de Cervantes o Goethe únicamente gracias a buenas traducciones al italiano. El sabor que me dejaban aquellas traducciones en la boca era la percepción de la grandeza y al mismo tiempo el deseo de conocer con qué palabras reales el poeta o el escritor habrían expresado esa riqueza de imágenes, esos personajes tan vivos. Desde entonces, comprendí la verdadera importancia de una traducción, de la capacidad de suscitar el deseo de conocer el original y de descubrirlo.

Siempre me he preguntado si lo que acabo de expresar más arriba también era aplicable a Dante, es decir a la Divina Comedia. En todas las oportunidades que se intentó trasladar esa obra maestra a otro lenguaje, pienso en el cine, por ejemplo, el resultado fue lastimoso. Intenté leer algunas traducciones de la misma obra a otro idioma y mi juicio no fue muy distinto. La polisemia del lenguaje dantesco, su “multilingüismo” como lo definió Gianfranco Contini, las referencias constantes y fecundas a la historia de Italia y Europa en la Edad Media, con su filosofía, su ciencia, sus debates y contrastes, constituyen obstáculos difíciles de superar para quien se empeñe en proponer una traducción a un público tan lejano, no sólo desde el punto de vista lingüístico, sino del cultural en general. ¿Sólo queda entonces la renuncia? Hay que evitar, creo, “sacralizar” excesivamente la Comedia que Dante mismo definió como Divina. Un mensaje tan empapado de sentimientos humanos, tan denso de pasiones, desde las más vergonzosas a las más sublimes, el poeta sin duda habría querido que fuera comprendido por todos. El mismo poeta florentino que nos advierte que su obra podrá ser leída e interpretada en múltiples niveles (¿un anticipo del posmodernismo literario?), no desdeña que el lector ingenuo, sin la sofisticación de estudios filológicos e históricos, pueda disfrutar su poesía. Si el “divin poeta” eligió el “vulgar” antes que el latín para la obra que él mismo consideró más importante, suscitando las amargas críticas de los hombres de letras académicos de su tiempo, no se debió sólo a que entendía su alcance expresivo y su futuro desarrollo como lengua nacional de los poetas, sino porque aspiraba a un vasto público de no “literatos”, inteligentes y curiosos, las nuevas generaciones del poder económico y político que estaban madurando, un público al cual estaba vedado el “pan blanco” de la cultura latina, pero que podía comer del “pan negro” de la vulgar, como lo expresa el propio Dante en su Banquete. Si el propio poeta se aventura en un largo fragmento poético en lengua provenzal, en el “Purgatorio”, casi parece autorizarnos a trasladar su poesía a otro lenguaje moderno.

Aspectos de la sensibilidad poética

Cuando llegó a mis manos la traducción del “Infierno” de Jorge Aulicino, pese a conocer la seriedad y la sensibilidad del autor, espontáneamente y con mucho prejuicio pensé en otro intento seguramente fallido. Sin embargo, enseguida me impactaron dos cosas: el texto original en la página opuesta y los dibujos de Carlos Alonso. Me venció la curiosidad, empecé a leer casi con los ojos disociados, uno en la traducción y el otro en el original y a descubrir una afinidad sorprendente, una capacidad para representar las imágenes, los sentimientos, con una intensidad y una fidelidad que me asombraban. Las expresiones populares, de la jerga del lenguaje argentino a las que recurre Aulicino, eran a menudo el “calco” de las expresiones dantescas similares, cuando no encontraba incluso, para mi gran sorpresa, las mismas palabras. Entonces pensé que sólo un poeta puede traducir a otro poeta, no es cuestión de conocer las palabras o de interpretar el pensamiento del autor, hace falta algo más, una “sensibilidad”, una “empatía”, una correspondencia profunda que sólo los artistas pueden poseer. Me vino a la mente de manera espontánea la operación que llevó a cabo [Salvatore] Quasimodo en la traducción de los grandes líricos griegos. El poeta siciliano no venía de una tradición y una preparación cultural clásica, era autodidacta, pero su traducción sin embargo era poesía pura, en sus palabras de poeta italiano se sentía la resonancia de las palabras de Alceo, de Safo y de tantos otros líricos. Lo mismo sentí leyendo la poesía de Aulicino; era Dante hablando otra lengua que seguramente nunca habría despreciado.

Acostumbrado a explicar la Divina Comedia a los alumnos y a considerar todos los aspectos culturales a los que hace referencia, extrañé el aparato histórico-crítico que comúnmente acompaña el texto original y las notas al final de cada canto me parecieron pobres de contenido explicativo. No obstante, me di cuenta de que eso era un condicionamiento académico mío, una limitación mía, como si la verdadera poesía se apreciara sólo a través de la comprensión de todas las referencias a las que alude y no tuviese fuerza suficiente como para autoafirmarse con toda su perentoriedad. La traducción de Aulicino acompañada por los dibujos expresionistas de Alonso cumple perfectamente su función de acercar el público de cualquier nivel a la obra de Dante y dar una eficaz clave de su lectura.

Claudio Morandi es Doctor en Letras por la Universidad del Sacro Cuore di Milano.

Traducción de Cristina Sardoy
**

jueves, 24 de noviembre de 2011

Yo no morí, y tampoco quedé vivo


Ed. gog y magog, 2011
DANTE ALIGHIERI
EL INFIERNO
Versión: Jorge Aulicino
Ilustraciones: Carlos Alonso

Canto trigesimocuarto

"Vexilla regis prodeunt Inferni *
hacia nosotros; por lo tanto, mira",
dijo mi maestro, "a ver si lo disciernes".

Como cuando una gran niebla se alarga,
o cuando en nuestro hemisferio anochece,
y lejos un molino parece mover sus aspas,

ver me pareció una tal máquina entonces;
enseguida, por el viento, me refugié detrás
de mi duca; no había por allí otro reparo.

Ya estaba, y con pavor lo pongo en verso,
donde todas las sombras son cubiertas,
y transparentan, como briznas en el vidrio.

Unas yacen, otras están erguidas,
aquella de cabeza, esta sobre las plantas,
otra, como arco, hacia los pies doblada.

Cuando hubimos avanzado tanto
que a mi maestro le plugo mostrarme
el ser que tuvo el bello rostro,

delante de mí se puso para detenerme,
"Aquí Dite", diciendo, "y este el sitio **
donde conviene de fortaleza armarte."

Cómo entonces me volví helado y mudo,
no preguntes, lector que no lo escribo
porque todo lo que dijese sería poco.

Yo no morí, y tampoco quedé vivo,
piensa ahora por ti, en flor de ingenio,
cómo devine de una y otra privado.

El emperador del doloroso reino
medio pecho sacaba de la helada,
y más con un gigante me comparo

que los gigantes no con esos brazos:
juzga pues cuánto debe ser el todo
que a parte así hecha se convenga.

Si él fue tan bello como ahora feo,
y contra su Creador alzó las cejas,
bien debe de él venir el luto.

¡Oh, cómo me pareció gran maravilla
cuando vi tres caras en su cabeza!
Una, delante, y ésta era bermeja;

las otras eran dos, unidas a aquélla
por arriba de una y otra espalda,
y se reunían en el sitio de la cresta;

y parecía la derecha entre blanca y amarilla;
la izquierda era a la vista como la de aquellos
que vienen de donde el Nilo se abalanza.

Debajo de cada una salían dos grandes alas,
como correspondía a tan grande pájaro:
velas de mar no vi yo como eran éstas.

No tenían plumas: como de murciélago
era su aspecto; y tanto se agitaban
que tres vientos se movían desde aquello;

a causa de eso, el Cocito se helaba.***
Con seis ojos lloraba, y por tres barbas
corría el llanto y sanguinolenta baba.

En cada boca trituraba con los dientes
a un pecador, como una máquina,****
y a tres a un tiempo hacía allí sufrientes.

Al de adelante, la mordida le era nada,
frente al arañazo, que con frecuencia
le dejaba la espalda desollada.

"Aquella alma, arriba, que sufre mayor pena,
es Judas Iscariote”, dijo el maestro,
“con la cabeza dentro y las piernas fuera.

"De los otros dos que cuelgan de cabeza,
el que pende de los negros belfos es Bruto;
¡mira como se retuerce, pero ni palabra!

Y el otro es Casio, tan membrudo.
Pero la noche resurge; y es la hora
de partir, que lo hemos visto todo."

Me abracé a su cuello, como quiso,
y él eligió el tiempo y el lugar,
y cuando estuvieron las alas bien abiertas,

se aferró a los velludos lados,
y descendió de vello en vello,
entre pelo hirsuto y heladas costras.

Cuando llegamos justo donde el muslo
se vuelve del grueso de las ancas,
el duca, con fatiga y con angustia,

volvió la cabeza hacia las zancas,
y se agarró al pelo como quien sube,
tal que al Infierno creí tornar también.

"Sujétate bien, que por esta escala",
dijo el maestro jadeando muy cansado,
"es preciso partir de tantos males."

Luego salió por el hueco de una roca,
y me dejó sentado sobre el borde;
y puso junto a mí su pie seguro. *****

Yo levanté los ojos y creí que vería
a Lucifer como lo habíamos dejado,
y lo vi con las patas para arriba.

Si yo quedé entonces confundido,
es la gente tosca quien no ve
cuál era el punto que había atravesado.

"Levántate", dijo el maestro, "de pie,
el viaje es largo y el camino malo,
y el sol en medio de la tercia cae." ******

No era el pasillo de un palacio
allí donde estábamos, sino un buraco
de suelo magro y de luz escaso.

"Antes que del abismo me separe,
maestro mío", dije al levantarme,
"para salir de error, un poco háblame.

¿Dónde está el hielo? ¿Y cómo se ha vuelto éste
de arriba a abajo? ¿Y cómo en tan pocas horas,
de la noche a la mañana, el sol ha caminado?"

Y él a mí: "Imaginas que te encuentras todavía
allá en el centro, donde me agarré
al pelo del gusano vil que horada el mundo.

"De allá te fuiste cuando descendí;
cuando me volví, cruzaste el punto
al que se atraen los pesos de ambas partes.

"Y ahora estás bajo el hemisferio
opuesto a aquel que la gran seca
cubre, y bajo del ápice en que fue muerto

"el hombre que nació y vivió sin mácula;
tienes los pies sobre la pequeña esfera
que la otra cara hace de Judea.

"Aquí es de mañana cuando allá es de noche,
y éste, que nos hizo escalera con el pelo,
sigue parado allí, como estaba antes.

"Por esta parte cayó del cielo abajo;
y la tierra que aquí entonces se mostraba,
por miedo a él, del mar hizo su velo,

"y fue al hemisferio nuestro; y tal vez,
por huir de él, dejó aquí este lugar vacío
la que surgió desde acá, y arriba acude." *******

Lugar hay abajo de Belcebú remoto,
tanto cuanto su tumba se dilata,
que no se nota por la vista, sino por el sonido

de un arroyito que hasta allí desciende
por la grieta de una piedra que ha cavado
con su curso que se enrosca y poco pende.

Mi duca y yo, por ese camino oculto
entramos para volver al mundo claro;
y sin cuidado de hallar algún reposo,

subimos él primero y yo segundo,
hasta que divisé las cosas bellas
del cielo, por un hueco redondo;
y salimos a ver de nuevo las estrellas.

* "Los estandartes del rey del Infierno avanzan": paráfrasis de un himno religioso, interpretada como una ironía sobre su sentido, o como sarcasmo de Virgilio acerca de la penuria del diablo.

** Dite: Lucifer, quien fuera el más hermoso de los ángeles. Dis Pater es sobrenombre de Plutón en la mitología romana.

*** Cocito: uno de los ríos del Hades.

**** El término que usa Dante es machiula, agramadera: máquina para machacar el cáñamo.

***** Este pasaje es de discutido sentido, incluso entre los exégetas italianos. Desde que appresso puede ser, como preposición, junto, al lado, y como adverbio después, se puede entender así: "después me puso (me instruyó) en el sagaz paso" -la palabra traducida aquí como firme (accorto), tiene también las acepciones de cauto, prudente y sagaz-. De modo que Virgilio estaría aleccionando a Dante sobre la maniobra que había hecho, cosa que no sucede hasta varios versos más abajo, ante las preguntas de Dante.

****** Los romanos contaban las horas a partir del amanecer y hasta la noche. La regla conventual para las oraciones en parte mantiene la denominación romana; la prima viene después de laudes, que se celebra antes del amanecer. Mitad de la tercia es mitad de la mañana. Virgilio había dicho que llegaba la noche cuando estaban en el otro hemisferio.

******* La resolución completa del problema que representa la explicación de Virgilio suele eludirse. Se debe suponer que, siguiendo la geografía de su tiempo, Dante ubicaba todas las tierras en el hemisferio norte. Entonces, Lucifer cayó en el hemisferio austral y obligó a la tierra a replegarse en el boreal, el “nuestro”, según dice Virgilio. Dante responde de este modo a la pregunta que en su época se formulaba acerca de cómo las tierras parecían flotar, siendo que naturalmente debían hundirse en el mar que cubría todo el hemisferio sur, “debajo”. Por miedo al diablo, se ha replegado y emergido, explica Virgilio, “la tierra que aquí entonces se mostraba”. Es esto lo menos oscuro del presente pasaje. Pero se infiere en casi todos los comentarios que el Purgatorio es consecuencia del mismo incidente, por los versos: “y tal vez, / por huir de él, dejó aquí este lugar vacío / la que surgió desde acá, y arriba acude”. En esta interpretación, casi toda la tierra huyó al otro hemisferio pero una parte se retrajo dentro del hemisferio sur, formando la única elevación en esa región que se suponía enteramente cubierta de mar. Ahora bien: la montaña del Purgatorio se alza en una isla, según se describe en el segundo libro de la Comedia, en el hemisferio opuesto al de Judea: el vértice de la colina del Purgatorio y el Calvario son antípodas, indica el texto. Con esto, parece justificarse la presunción de que la montaña a la que tal vez alude el final del "Infierno" (no la nombra como tal) es el Purgatorio. Pero conviene atender en los versos anteriores a la mención de la “pequeña esfera” sobre la que ahora tienen sus pies Dante y Virgilio. Sus polos serían precisamente el monte Calvario y el Purgatorio, y su centro, el Infierno. Puede tratarse de otra esfera, distinta a la de la Tierra. Se diría que sólo comparten el centro, y el resto es sobrenatural o místico. Tal vez aquí se revela que la narración realística de Dante es un extendido y complejo juego de imágenes. La otra explicación plausible es que el Purgatorio no tiene nada que ver con el cataclismo formado por la caída, y está en el mismo hemisferio que el Infierno, casi contiguo a él, por disposiciones que escapan a toda ciencia. Esto no contradice las formas simétricas que parecen tener Infierno y Purgatorio: dos conos, uno hacia adentro, el otro, emergente, sino el esquema telúrico que pretende el uno como ocasión física del otro.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char