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lunes, 24 de agosto de 2015

Todo se llame igual

MÓNICA SIFRIM
Tomada de poetasaltuntun.blogspot.com


(Buenos Aires, Argentina, 1958)



STURM UND DRANG

luego un rayo quema ese castaño
bajo cuyas
ramas retorcidas

me contaba
que el amor por mí lo hacía arder

¿arder?

un mal rayo lo parta

al castaño, al amor, a mí que recibía
sus palabras
con la punta del dedo
como pedacitos
de diamante

el rayo exagerado
que más quema

no sin antes
alumbrar lo amarillo
escaso
con su caja
de cerillas góticas

nos juramos amor hasta la muerte a la sombra del árbol

(dos minutos después caía el rayo)

nos mató en buena ley:

nunca se jura amor hasta la muerte
y menos en mitad de una tormenta
mucho menos aún
a la intemperie
bajo un árbol de ramas
retorcidas

esa noche

todo presagiaba

tempestad

pero nosotros dos

siempre habíamos sido
almas
atormentadas.
Sturm und drang.
***
POEMA 1

Si tu voz

Me apela por mi nombre
  Todos los sonidos
   Se levantan.

Hay que ver
Lo bien que suena
  Así

El nombre de nacer
No duele
      Tanto.

Vamos Adán:

Hay que ponerle nombre a las abejas
     A los arroyos grises
     Y a los copos de nieve.

A la encina que se llame así:
                                                  "Encina, encina"

Y al maíz doblado por el viento,
Una palabra grave:          "Movimiento"

Y cuando nos
Cansemos

De llamar a las cosas
Por su nombre
Y en el séptimo día
Reposemos

Todo se llame igual

A su inocencia

El bosque simultáneo
De su bosque

El ave en su avedad
La rosa, rosa.
**
EL MAL MENOR

La vía del cangrejo
No es cavilación

Sino
Rencilla

Cuando pierde
No piensa que es
Apenas

Un trozo de coral
Perdido en
Un montículo
De arena

Dice que la otra
Carretera
Ofrecería

Menos
Resistencia

Y allá va
Con el zig zag

De un corazón trabado
En la derrota
Piensa que
La izquierda
Será más
Luminosa
Mientras deja la diestra
Acongojado
Pero el cangrejo
Sabe reconocer
El mal menor.
***
Poema 5

De una sala vacía
A otra sala
Un hilo tembloroso
Pende.

Ser leal a un
Hilo de palabras
Frágiles

Procurado por nadie.
Esa instalación no tiene dueño.

Si no la escucha el labrador de puentes

Si no la escucha
Y no es leal

Y no recoge
Con el borde mismo de su encía
Un leve acento
De alguien que bebió
Palabras sucias.

Ser leal
Al genio
Del oído

Y no trastabillar
Cuando cae de bruces
Y se rompe
Su magnificencia.

Aún así servirle de instrumento
Que en el arpa de tu cuerpo
El genio de oído
Escriba un “leit motiv”
Y que la claridad
No se arrepienta de arrimarse a vos

Como no se arrepiente la mañana
De rosados dedos
De yuxtaponerse
Al odio
De la noche.

domingo, 24 de octubre de 2010

Las nubes han tomado lecciones de mis ojos

Algo más de Abu Muhammad Ali Ibn Hazm
(Córdoba, España, 994-Huelva, 1063)



El Collar de la Paloma
(Inicio)


Te consagro un amor puro y sin mácula:
en mis entrañas está visiblemente grabado y escrito tu cariño.
i en mi espíritu hubiese otra cosa que tú,
la arrancaría y desgarraría con mis propias manos.
No quiero de ti otra cosa que amor;
fuera de él no pido nada.
Si lo consigo, la Tierra entera y la Humanidad
serán para mi como motas de polvo y los habitantes del país, insectos.
Mi amor por ti, que es eterno por su propia esencia,
ha llegado a su apogeo, y no puede ni menguar ni crecer.
No tiene más causa ni motivo que la voluntad de amar.
¡Dios me libre de que nadie le conozca otro!
Cuando vemos que una cosa tiene su causa en sí misma,
goza de una existencia que no se extingue jamás;
pero si la tiene en algo distinto,
cesará cuando cese la causa de que depende.
***
El amor, no obstante, tiene a menudo una causa determinada y desaparece cuando esta causa se extingue, pues quien te ama por algo te desama si ese algo se acaba.
**
Todos estos géneros de amor cesan, acrecen o menguan, según sus respectivas causas desaparecen, aumentan o decaen; se reaniman se acerca su causa, y languidecen si su motivo se distancia; pero se exceptúa el verdadero amor, basado en la atracción irresistible, el cual se adueña del alma y no puede desaparecer sino con la muerte.
**
Tú hallarás personas que ellos mismos creen haber olvidado ya su amor y que han llegado a edad muy avanzada; pero, si se lo recuerdas, verás que lo sienten revivir en su memoria, y se lozanean y remozan, y que notan que les vuelve la emoción y les excita el deseo. También hallarás que en ninguna de las demás clases de amor antes declaradas acaecen la preocupación, la turbación, la obsesión, la mudanza de los instintos innatos y el cambio del espontáneo modo de ser, la extenuación, los suspiros y las demás pruebas de pesar que acompañan al amor irresistible. Todo esto confirma la idea de que este auténtico amor es una elección espiritual y una como fusión de las almas.
**
Alguien podrá replicar que, siendo esto así, el amor debería ser el mismo en el amante que en el amado, supuesto que entrambos son partes que antes estuvieron unidas y es una suerte. La respuesta es la siguiente: Esta objeción, por vida mía, es razonable. Ahora bien, el alma de quien no corresponde al amor que otra le tiene, está rodeada por todas partes de algunos accidentes que la encubren y de velos de naturaleza terrenal que la ciñen, y por ello no percibe la otra parte que estuvo unida con ella, antes de venir a parar donde ahora está; pero, si se viera libre, ambas se igualarían en la unión y en el amor. En cambio, el alma del amante está libre, y como sabe el lugar en que se encuentra la otra alma con quien estuvo unida y vecina, la busca, tiende a ella, la persigue, anhela encontrarse con ella y la atrae a sí, cuanto puede, como el hierro a la piedra imán. La fuerza de la esencia del imán, aunque enlazada con la fuerza de la esencia del hierro, no puede, por su propio impulso y por su impureza, encaminarse hacia el hierro, aunque sea afín suyo y de su mismo elemento, sino que es la fuerza del hierro, por su mayor potencia, la que se encamina hacia su afín y se siente atraída hacia él, ya que el movimiento parte siempre del más fuerte. La fuerza del hierro, abandonada a sí misma y no estorbada de ningún impedimento, busca la unión con su semejante, se dedica por entero a él, y corre hacia él a impulsos de su propia naturaleza y como por necesidad, no por un movimiento voluntario y deliberado. Ahora bien: si tú retienes al hierro en tu mano, no siente ya la atracción de la piedra imán, porque su fuerza no puede vencer la del que lo retiene, que es mayor que ella. Del mismo modo, si las partículas del hierro son muchas, obran unas sobre otras y esta acción recíproca anula la fuerza, relativamente más débil, que las obliga a desplazarse hacia el otro cuerpo; pero, cuando aumenta el volumen del imán y sus fuerzas equivalen a la de todas las fuerzas del volumen del hierro, éste retorna a su condición habitual.
**
Del mismo modo, el fuego encerrado en el pedernal no sale afuera, a pesar de la fuerza que le impulsa a reunirse y a llamar para ello a todas sus partes dondequiera que estén, sino después del golpe del eslabón, cuando ambos cuerpos se han unido con presión y fricción. Mientras tanto, el fuego está oculto en la piedra sin manifestarse ni aparecer.
***
De Las señales del amor

Otras señales de amor son: la afición a la soledad; la preferencia por el retiro, y la extenuación del cuerpo, cuando no hay en él fiebre ni dolor que le impida ir de un lado para otro ni moverse. El modo de andar es un indicio que no miente y una prueba que no falla de la languidez latente en el alma.
**
El insomnio es otro de los accidentes de los amantes. Los poetas han sido profusos en describirlo; suelen decir que son los “apacentadores de estrellas”, y se lamentan de lo larga que es la noche. Acerca de este asunto yo he dicho, hablando de la guarda del secreto de amor y de cómo trasparece por ciertas señales:

Las nubes han tomado lecciones de mis ojos
y todo lo anegan en lluvia pertinaz,
que esta noche, por tu culpa, llora conmigo
y viene a distraerme en mi insomnio.
Si las tinieblas no hubieren de acabar
hasta que se cerraran mis párpados en el sueño,
no habría manera de llegar a ver el día,
y el desvelo aumentaría por instantes.
Los luceros, cuyo fulgor ocultan las nubes
a la mirada de los ojos humanos,
son como ese amor tuyo que encubro, delicia mía,
y que tampoco es visible más que en hipótesis.
**
Foto: patio de Córdoba, España

viernes, 22 de octubre de 2010

¡Oh llanto, cuánta belleza borraste!

ABU MUHAMMAD ALI IBN HAZM
(Córdoba, España, 994-Huelva, 1063)

Traductor Emilio García Gómez

De "Sobre la correspondencia"

Duro es hoy para mí romper tu carta.
Pero, en cambio, el amor no hay quien lo rompa,
y mejor es que dure el amor y que se borre la tinta,
pues lo accesorio debe sacrificarse a lo principal.
¡En cuántas cartas está la muerte de quien las escribe,
sin que éste lo supiera cuando las trazaban sus dedos!
* * *

Me ha llegado la respuesta a la carta que le envié,
que ha sosegado mi excitación y, a la vez, ha excitado mi sosiego.
La regué con las lágrimas de mis ojos cuando la escribí,
como hace el amante que no es traidor a su amor.
El llanto no paraba de borrar sus renglones.
¡Oh llanto, cuánta belleza borraste!
Mis lágrimas mezcladas con la tinta hicieron visible la primera línea,
y la última línea quedó desvaída por las lágrimas.
* * *
De "Sobre el mensajero"

Tu mensajero es como una espada que tienes en la diestra:
mira bien su filo y no hieras con ella antes de aguzarlo.
Pues el mal que produce una espada mohosa
se vuelve contra el que, sin saberlo, lo blande.
* * *

Yo conozco dos amantes que usaban como mensajero una paloma amaestrada,
en cuyas alas ataban las cartas.
Sobre este asunto he dicho en un poema:

Noé la eligió, y no burló las esperanzas
que puso en ella, porque le trajo buenas nuevas.
Yo también le confiaré las cartas que te escriba.
Mira, pues: ¡Las cartas van en las plumas de un ave!
* * *

Pastor soy de estrellas, como si tuviera a mi cargo
apacentar todos los astros fijos y planetas.
Las estrellas en la noche son el símbolo
de los fuegos de amor encendidos en la tiniebla de mi mente.
Parece que soy el guarda de este jardín verde oscuro del firmamento,
cuyas altas yerbas están bordadas de narcisos.
Si Ptolomeo viviera, reconocería que soy
el más docto de los hombres en espiar el curso de los astros.
***
LA VISITA DE LA AMADA



Viniste a mí un poco antes de que los cristianos tocasen las campanas,
cuando la media luna surgía en el cielo
como la ceja de un anciano cubierta casi del todo por las canas,
o como la delicada curva de la planta del pie.

Y, aunque era aún de noche, con tu venida brilló en el horizonte
el arco del Señor,
vestido de todos los colores, como la cola de los pavones.
**
Imagen tomada de historiaviva.org
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char