Conrado Nalé Roxlo
(Buenos Aires, Argentina, 1898-1971)
EL MURO
Pongo la mano sobre el blanco muro,
pongo la mano sobre el muro helado,
y siento que en la noche, al otro lado,
pesa otra mano sobre el muro oscuro.
Hay un silencio inquieto, un inseguro
silencio de paraje despoblado.
Y mi alma es un pájaro clavado
por mi amarilla mano al muro duro.
Tierra y cal nos separan, tierra escasa
y fría cal. Y hay noche por afuera
hasta el fin de la vida. Ya traspasa
la mano el muro como blanda cera.
Estalla el miedo en la desierta casa,
y asido a un grito vuelvo a mi ribera.
De Antología básica contemporánea de la poesía iberoamericana, Tomo I. Ediciones Nereo Pulitzer, 1978.
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martes, 22 de julio de 2014
miércoles, 8 de agosto de 2012
Yo quisiera una sombra que no fuera la mía
Conrado Nalé Roxlo
(Buenos Aires, Argentina, 1898-1971)
EPITAFIO PARA UN POETA
"Epitafio para un Poeta:
No le faltaron excusas,
para ser pobre y valiente:
Supo vivir claramente.
Amó a su amor, y a las musas.
Yace aquí, como ha vivido,
en soledad decorosa.
Su gloria cabe en la Rosa,
que ninguno le ha traído"
***
Nocturno
El bosque se duerme y suena,
el río no duerme, canta…
Llenos los ojos de estrellas,
en el fondo de una barca,
yo voy como una emoción
por la música del agua,
y llevo el río en los labios,
y llevo el bosque en el alma.
***
La sirena
Va la sirena muerta por el río
con una flecha al corazón clavada,
y desde la ribera desolada
mis lágrimas la siguen por el río.
Mía no fue, pero fue un sueño mío.
¿Quién la devuelve al mar asesinada?
¿Por qué pasa ante mí, muerta y dorada?
¿Dónde perdió su corazón y el mío?
¿En qué arrecife de coral distante
irá a encallar su frágil hermosura?
Con ella encallará mi sueño amante.
Y del dardo mortal la pluma oscura
indicará en la tarde al navegante
que allí tiene la mar más amargura.
***
Lo imprevisto
Señor, nunca me des lo que te pida.
Me encanta lo imprevisto, lo que baja
de tus rubias estrellas, que la vida
me presente de golpe la baraja
contra la que he de jugar.
Quiero el asombro
de ir silencioso por mi calle oscura,
sentir que me golpean en el hombro,
volverme, y ver la faz de la aventura.
Quiero ignorar en dónde y de qué modo
encontraré la muerte. Sorprendida,
sepa el alma, a la vuelta de un recodo,
que un paso atrás se le quedó la vida.
***
Yo quisiera una sombra
Yo quisiera una sombra que no fuera la mía,
la de una antigua espada, la de un fino cristal,
la del pájaro en vuelo o la nube borrosa.
Una sombra, otra sombra, para verla pasar.
Otra voz que no fuera esta voz que traduce
hace más de treinta años el rumor de mi mar,
una voz de campanas o de ríos llorosos…
Otra voz de otro acento para oírla cantar.
Y quisiera los sueños que no soñaré nunca,
la angustia que mi alma no sentirá jamás,
el terror de las fieras en la selva sombría,
la alegría radiosa de la alondra solar.
De ese desconocido que ha cruzado la plaza
los recuerdos más tristes quisiera recordar.
Llenarme de otras vidas, otra luz, otras muertes…
¡No ser este hombre solo frente a la eternidad!
lunes, 15 de junio de 2009
Es un platillo
Un poema de Conrado Nalé Roxlo
(Buenos Aires, Argentina, 1898-1971)
Música porque sí, música vana,
como la vana música del grillo,
mi corazón eglógico y sencillo
se ha despertado grillo esta mañana.
¿Es este cielo azul de porcelana?
¿Es una copa de oro el espinillo?
¿O es que en mi nueva condición de grillo
veo todo a lo grillo esta mañana?
¡Qué bien suena la flauta de la rana!
Pero no es son de flauta: es un platillo
de vibrante cristal que a dos desgrana
gotas de agua sonora. ¡Qué sencillo
es a quien tiene corazón de grillo
interpretar la vida esta mañana!
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Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char
No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char
René Char
No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char