lunes, 7 de diciembre de 2009

"Me fui a los bosques"


Por razones de fuerza mayor y apenas durante unos días (véase imagen), este blog no publicará avisos de lecturas, presentaciones y/u otros.

6 comentarios:

Neorrabioso dijo...

Ah, qué bueno el título que has puesto. De hecho, no sabía en absoluto que fuera de Thoreau; acabo de descubrir en Google que la dicen en "El club de los poetas muertos": seguro que la recuerdo de aquella película.

Abrazos hasta que vuelvas.

Hasta pronto.

huggh dijo...

pasadlo bien pasadlo bien pasadlo

Irene Gruss dijo...

Ah, gracias, gracias; Irene

Grace dijo...

carinio, que lo disfrutes! abrazo desde el sur! la crosby de bariloche

Anónimo dijo...

LEVY POULTER
poema de OSCAR PORTELA

Solo tu Levi, solo el fugaz relámpago
De la lujosa pedrería de tu cuerpo
Hace caer la muerte de rodillas
Ante el goce que estalla en el relámpago
De los códices que alumbran los rubíes
Con los cuales te hicieron para que
La Eternidad caiga rendida ante tus piernas.
Selva tú y números con los cuales
Se mueven las esferas: verte y saber
Que la veneración es poco y sentir que
Que las estrellas me poseen y que el vértigo
De la pasión me devuelve a las albas
Del primer espasmo de gozo por el cual sabemos
Que oscilamos entre la eternidad y el tiempo.
Y que somos algo más que la nesecidad
De procrear la especie: música de las esferas
Somos y sobre todo Levi Poulter que entre mis brazos
O yo entre los metales de la perfección que luces,
Muero y renazco una y otra vez, más allá de las tumbas
Cuando el liquido que crea y mata surge de mi como la lluvia
Para el elogio y el cántico de las mareas del placer
Y el vuelo con el cual hago el amor contigo
Y sueño que nada está perdido todavía
Cuando el mito del vellocino vuelve y la creación
Entre tus brazos se repite en el beso mortal
Con que sellamos un pacto entre los sueños
De las lunas y las arduas vigilias de los soles.

Irene Gruss dijo...

Anónimo, gracias por enviar este poema, Irene

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char