jueves, 13 de junio de 2013

Una claridad tranquila, casi luz

CESARE PAVESE 
Créd.: Irene Gruss


(Italia, 1908-1950)


EL PARAÍSO SOBRE LOS TECHOS

Será un día tranquilo, de luz fría
como el sol al nacer o al morir, y el vidrio
cerrará fuera del cielo la luz sucia.

Se despierta una mañana, de una vez para siempre
en la tibieza del último sueño: la sombra
será como la tibieza. Colmará la habitación
a través del ventanal un cielo más grande.
Desde la escalera subida un día para siempre
no llegarán más voces ni rostros muertos.

No será necesario abandonar el lecho.
Solo el alba entrará en el cuarto vacío.
Bastará la ventana para vestir toda cosa
de una claridad tranquila, casi luz.
Posará una sombra descarnada sobre el rostro.
Los recuerdos serán grumos de sombra
aplastados como viejas brasas
en el sendero. El recuerdo será la llama
que aún ayer mordía en los apagados ojos.

Versión de C. Viola Soto 

1 comentario:

Vera Eikon dijo...

Hermosísimo poema...Abrazo.

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char