lunes, 20 de julio de 2015

Siglos de razón

MARIANA FINOCHIETTO
Tomada del blog de Marta Zabaleta

(General Belgrano, Provincia de Buenos Aires, 1971. Reside en City Bell, Buenos Aires, Argentina)

Estuve largo rato
mirando pasar
los pájaros.
No hay lugar,
pensé,
en mi corazón
para esa libertad
ondulada
por los vientos.
Siglos de razón
me atan a tierra,
al minucioso
orden del pensamiento.
Deseé
-cuanto deseé-
no ser
tan condenadamente
humana.
Ser
apenas una
y nada más
que una
pequeña
urgencia
de ala y vuelo.
**
33

Las mujeres de mi casa
me enseñaron,
junto al oficio de los fuegos,
a coser prolijamente
en puntadas
simétricas,
exactas.
Punto a punto,
eslabones de una cadena
perdida en el origen
de los tiempos.
Minuciosa,
he bordado cuarenta años
la engañosa trama.
Nadie supo
cuántas noches
a la luz severa de las velas
cosí mis alas
con hilos de agua.
Nadie sabe
que sólo espero
la gracia
de una noche sin luna,
y una brisa propicia.
**
46

Las manos
despiertan
el día
al abrir las ventanas.

Las manos
peinan hijos,
limpian, lavan,
planchan,
guardan la rutina
en prolijos cajones.

Llegada la noche
cierran las ventanas,
acuestan los niños.
Cuando llega el sueño,
si es que el sueño llega,
al cerrar el libro,
vuelan a tu almohada,
como las gaviotas
dueñas de una playa
desmesuradamente
sola.

1 comentario:

Vera Eikon dijo...

"que una
pequeña
urgencia
de ala y vuelo."
Hermoso..Gracias por compartir, Irene!

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char