martes, 25 de agosto de 2015

El modo íntimo que se vuelve altavoz

ANA LAFFERRANDERIE
(Montevideo, Uruguay,  en 1969. Vive en Buenos Aires, Argentina, desde 1990)


Todo convive aquí, todo desplaza
la quietud receptiva de esa silla
la grieta del primer escalón.
La trampa de contar los minutos,
cada mañana de ir y venir.
Un gesto que es el mismo y no parece
esa ventana que se empieza a entornar.
El poema de Strand,
las palabras que cambian el rumbo de una idea
esta confianza que no sé retener.
Cada pregunta que no develaría
el motivo de estar
eso que insiste, flota comprimido
la esquina donde se agolpa el mundo
se agolpa hasta caer.
Y el deseo, ese otro yo que expande sus sentidos
una energía tibia que me ablanda,
hace de mí esta nuca que gira
y la señal de alerta que frenaba
tu cuerpo sumergido
el modo íntimo que se vuelve altavoz.
Ahora esta leyenda,
esa memoria de parir sin cuerpo
un foco blanco sobre todas las cosas
el duelo de aceptar tu forma
cualquier influjo de próximas palabras
la mirada
que vuelve sobre el tiempo,
el tiempo que no es.

De Día Primero, ed. Del Dock, 2015
Tomado de La ciudad de los espejos.

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Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char