viernes, 3 de abril de 2009

Mucho más que metáforas continuas


FRANCIS PONGE
(Francia, 1899-1988)
Fragmento de El jabón


Saturada de jabón, el agua hace espuma al menor gesto. Quiere unirse con el aire, trepa al asalto del cielo. Cogida del brazo del aire, trepa a las rodillas del cielo... se arroja a los brazos del aire... se arroja al cuello del cielo... Manifiesta incluso una especie de pretensión aerostática. Manifiesta una especie de exaltación e incluso de pretensión aerostática. Y llega a conocer a veces, en esta materia, algún milagroso, estrepitoso y efímero éxito.
Parece, en cualquier caso, de un humor mucho más comunicativo. ¡Que se comunique entonces! Íntimamente ligada al jabón, se comunicarán a un tiempo.
... Pero como esto sólo ocurre ocasionalmente, siempre lo hace en desorden. Y mucho más que de una voluntad sistemática se trata de una disposición. De una facilidad o facultad de alocución.
... Y casi hemos llegado a ese punto. Saturados del tema, vemos como cualquier palabra se desarrolla en alusiones diversas. Susceptibles de una sucesión infinita de pompas, las soltamos como nos llegan, aisladas o por grupos, sin tocarlas demasiado : pues sabemos que explotarían, no digo que sólo a la menor provocación, sino incluso al menor contacto, al menor soplo o mirada crítica —como también, por otra parte, a la menor exageración o exasperación de su vanidad interior...
En esta aventura puede suceder que perdamos el trozo de jabón y que tengamos que buscarlo a tientas, muy disminuido, medio fundido, reblandecido, ojeroso, irreconocible, como quien ha "vivido demasiado".
¿Y lo lamentaremos? No, por cierto.
Las burbujas más logradas, las únicas logradas, son, sin duda, las menos trabajadas. Pues ¿se puede trabajar una burbuja? No, seguramente, sino (cuidarla) en el soplo mismo que la hace nacer.
Sólo hay que inflarla con un soplo bastante uniforme, lo pretencioso que haga falta, con un movimiento del alma a la vez mesurado y persistente, pero sin pasarse —hasta que se despega casi instantáneamente del cálamo.
Lo que hace falta es presencia de espíritu en el momento de la expiración... (del soplido).
Las burbujas demasiado trabajadas explotan y vuelven a caer en forma de gotas de agua. Y vano sería pretender rehacerlas. Sólo queda una solución : volverlas a mezclar en la masa líquida y allí perderlas sin pena alguna.
... Todo esto es mucho más, pienso, que metáforas continuas..

Todo esto es mucho más, pienso, que metáforas continuas. Esas burbujas son seres bajo todos los (sus) aspectos. Increíblemente ejemplares. Se elevan de la tierra y os transportan con ellas. Estas son cualidades nuevas, inesperadas, desconocidas hasta hoy e ignoradas, que se añaden a las ya conocidas para constituir la perfección y la particularidad de un ser-bajo-todos-los-aspectos. Así escapan al símbolo. Y la relación cambia. Ya no se trata de una relación de utilidad o de servicio de hombre a objeto. En lugar de servir para algo se trata de una creación y ya no de una explicación. Hay algo más en la conclusión que en las premisas: cuando se ha añadido alguna premisa que, misteriosamente, viene a rizar la esfera, a encorvarlo todo, y le permite desatarse y tomar vuelo.
Y el sentimiento de felicidad que al verlo agita al hombre no engaña : es feliz porque algo ha ganado.

He aquí, pues, algunas de esas burbujas, la mayoría además inocentes y no premeditadas.
Pues quien —sino por un juego bastante infantil y en desuso— mientras hace su aseo intelectual querría tomar un cálamo y redondear burbujas literarias.
No, sólo se trata del jabón y de lavarse las manos, a modo que mi antepasado Poncio Pilato —del que me enorgullezco, pues después de haber dicho : "¿Qué es la verdad?"— se lavó las manos de la muerte del Justo (o del exaltado) y así fue el único personaje del cuento que entra en la historia con las manos puras, después de haber cumplido con su deber sin grandes aspavientos, vagidos y fatuidad.

Pero en fin, si llevo más lejos el análisis se trataría menos de propulsar yo mismo las burbujas que de preparar el líquido (o la solución, como muy bien se dice), que de tentaros con una mezcla saturada, en la que podríais, siguiendo mi ejemplo, ejercitaros (y satisfaceros) indefinidamente vosotros también...

***
Edgar Bayley, acerca de Francis Ponge
Fragmento

"¡Qué forma más sutil, entrañable y tierna de amor es ese tomar partido por las cosas! Y no se trata de las cosas que maneja o imagina «el hombre de cantidad», el cuantificador que cree saberlo y poderlo todo con sus cómputos: aquí no se trata de picardía o de cinismo trivial, aquí se trata de plenitud del ser, aquí se trata de la raíz original del amor. Si yo no estoy contento, si no tengo el contento de ser con las cosas, no hallaré nunca el contento conmigo mismo. Nada sabré de mí ni de cuanto me rodea. Ninguna puerta se abrirá para mí, ningún conocimiento. A ninguna cosa ni ser habré llegado.

La objetividad, aceptar que hay un objeto, aceptarlo, vivirlo, saber que la palabra, para solventarse, debe coexistir con la cosa, que cosa y palabra constituyen una unidad viviente y que el plano donde se reconoce al objeto es el plano más alto de la subjetividad, «allí donde las ideas y los sentimientos, al destruirse y confundirse» (Ponge), dan paso al reconocimiento jubiloso de nuestro co-nacimiento y nuestra co-existencia con el mundo. Es el asombro augural, el descubrimiento, la justificación de la subjetividad.

De la cosa, del hecho en sí, del plano de la inmanencia, pasamos al hecho, a la cosa para sí. De la inmanencia, del ser que permanece dentro de sí mismo, de lo que es simplemente, del en sí, del sí mismo, pasamos al para sí, que es el estado en que el ser, la cosa, el hecho, tienden a manifestarse y, de ese modo, pueden volverse palabra.

Ni realismo, ni naturalismo, ni descripción, ni concepto. Hacer vivir los hechos, las cosas, en el reino de las palabras. «Me atraen los objetos, los hechos, las personas del mundo exterior; me decepcionan las ideas. La variedad de las cosas me construye, me permite existir en su propio silencio. Pero si la cosa que considero, que tengo en cuenta, es, en definitiva, mi pretexto, mi razón de ser, será preciso que yo, para ser genuino, para ser de verdad quien soy, exista, viva, a partir de esa cosa; y eso sólo será posible si yo puedo, por mi parte, crear a la cosa. ¿Qué clase de creación? El texto. Dar una réplica mediante el lenguaje a la variedad infinita de las cosas» (Ponge)."
Tomado de Diario de Poesía, 1990.

2 comentarios:

huggh dijo...

que material, Irene... que materia la palabra aqui... maravilloso!!!

Irene Gruss dijo...

¡Y todavía no me ha visto en camisón! Gracias, Irene

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char