viernes, 10 de abril de 2015

migaja empecinada en ser

VALERIA CERVERO
Tomada de elpoetaocasional.blogspot.com

(Buenos Aires, Argentina, 1972)

6

en el cuarto de olvidos
la ría crece
hasta el deseo
o la luz

migaja
empecinada en ser
delante
para tentarnos sin dar

nuestra espera se reduce
a lo improbable
mezquino del no-viaje

ni la calma ni el fin
edifican el afuera
de esa sed
**
no hay mapa que seguir

un relevo de cartas
de recorrido incierto
como la dicha

De equilibristas, Colectivo Semilla, Bahía Blanca, 2014
***
una parte de este mundo protege su pausa
una pausa indefinida, sin brillo
sin grandes promesas de amansadores
¿querés partir?
¿querés quitar los anzuelos?
¿querés devolver el golpe?
cada espera es la nota de muchos
en el silencio
la casa de años, su seña
tardes de tilos en otra infancia
una parte de este mundo protege su pausa
mientras la sombra miente
márgenes sin viento
¿querés llegar?
¿querés retornar descalza?
¿querés más acá nombrarlo?
sin repetirnos volvemos a sernos
tal vez abajo
los restos de un cuerpo, la nada de un cuerpo
en la marea
que despedaza y contiene a la vez
***
Poema

puentes que caen
sobre marea en ascenso.
caída que inaugura el olvido de todos los sentidos.
nadie sospecha de algún sobreviviente.
se gu ri dad:
por los borrados
de toda memoria y toda piel.

en el insomnio de esta noche,
los que no bendecimos la cruel estadía
desdoblamos los pliegues ajenos:
como presagio
de nuevas raíces
dibujamos autorretratos en el polvo
en busca de ese otoño que renueve
pisadas
sobre las nervaduras de los tiempos escondidos.

(c) Valeria Cervero
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char