miércoles, 13 de mayo de 2015

Las cosas se complican

VALERIA ZURANO

(Buenos Aires, Argentina, 1975)

El espejo en el fondo de mi plato de pobre. Así, como este que ahora ves, en el
lustre de un cuenco, reflejado y distante con algunas cebollas. Así, en las ansias de
los que están perplejos mirando las sobras de algún otro plato. 
El amor; los huesos bien pelados y blancos sobre el plato ajeno. 
**
Figuras de puntos en planos distintos
(No todos los puntos están en el mismo plano)
Ir de la matanza hacia el norte es pretender atravesar el mundo
las cosas en esta ciudad se complican demasiado
y acá, después del genocidio, lo único que hacemos es sobrevivir.
Hay meridianos que en esta ciudad están latentes. Hitos de los que está prohibido hablar
yo no quería, pero tuve que cruzar esos límites y, al final, lo único que ha prevalecido es este bolso que llevo para venderte algo.
Las cosas se complican, y los meridianos se trazan con sangre
como la ciudad, y un puerto que no existe
la necesidad de correr para no ir a ningún lado.
En medio de esta matanza los cuerpos caen sin defenderse
alguien dice que deberíamos resistir mientras el olor del poder brota de las axilas.
En esta ciudad suceden cosas increíbles
los meridianos y los puentes me condenan a la cárcel de amanecer, para borrar esas líneas injustas y, sin embargo, sucede que un día da lo mismo leer poesía o traficar cocaína.
***
Esta roca bañada de sangre
cubierta de espuma
herida en lo más profundo de su esencia
confinada eternamente a los designios de las piedras
No estamos muertos
estamos pacientes respirando la última voluntad de los círculos
No estamos muertos sino que simulamos la muerte
en el hastío de la historia y en la mendicidad actual
pero hay un cansancio de roca erguido en el alma.

© Valeria Zurano
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char