viernes, 29 de mayo de 2015

No veo no me doy cuenta de nada no registro

FLORENCIA FRAGASSO 
Tomada de internet

(Banfield, provincia de Buenos Aires, Argentina, 1975)

Melodrama

La cantidad de padres de tu contextura
y niños de su edad aproximada
que vi esa tarde
jugando juntos
cuando pasaban los minutos y ustedes
no aparecían
en la plaza con nombre de condesa
donde habíamos quedado en encontrarnos

La cantidad de ambulancias
que creí oír
enloquecidas por la calle
anunciando una tragedia extranjera

En la prensa al otro día un intraducible titular
“argentinos desmaterializados eran en realidad
pura ilusión”
**

Lo veo desde unos metros antes, cuando voy llegando. Disimulo. Está casi todo como lo dejé ayer. La obra avanzada, los marcos de arriba colocados, la parecita del lateral a medio terminar con el revoque a la vista, algunos ladrillos en el suelo, las bolsas de material, las colillas que tiran los obreros.

Vengo a coordinar el trabajo de hoy, la eficiencia de los albañiles depende de la firmeza de mi ojo, me coloco el casco amarillo achatando el rodete, hundo sin querer queriendo el taco de la bota en el cemento todavía fresco.

Para el martes tenemos que tener todo listo.

Miro de nuevo, trato de no ver, pero está ahí, aunque inmóvil. No puede ser.

Me fuerzo a pensar en los azulejos que hay que conseguir, son medio raros pero los voy a encontrar.

Ahí empiezan a llegar todos, bajan del bondi, ¿ya se habrán dado cuenta? Disimulo.

Calor mucho calor estoy sudando. Tengo planillas en la mano y el blackberry. Los tres de Varela llegan 6 minutos tarde, lo anoto.

No me imaginé esto cuando dijo que me iba a seguir hasta cualquier parte. Te lo juro, dijo. Que no me iba a deshacer de él así de fácil. Que iba a transformarse en mi peor pesadilla, en mi sombra.

¿Qué van a decir ellos? ¿Lo irán a patear? No veo no me doy cuenta de nada no registro. 

No, ni idea qué es. Descarguen esas bolsas ahora, ustedes tres sigan picando el muro. 

Vamos que el martes terminamos, dejen de boludear y laburen.

Siento cómo el labial se me corre por las gotas que chorrea mi cabeza, el pelo apelmasado bajo el casco es una sopa, voy a perder el equilibrio.

¿Estará muerto o sólo quieto? Todos ya se acercan y lo rodean, hacen bromas, preguntan. 

Me estoy por caer redonda al piso, veo cómo uno de los de Varela le pega el primer puntapié.
**
Granizo

Los crímenes de Jack el destripador
sólo pudieron suceder de noche
bajo el amparo del manto negro
que atrapa la identidad de un peluquero
de manos como sogas
y lo transforma en el obstetra
de la reina Victoria.

Pero la noche inglesa rima con la luz
y en el célebre barrio de White Chapel
convive una capilla protestante
para ascender a Dios humildemente
con el blanco más puro y glamouroso
que espolvorea la noche londinense
de talco hecho nevisca
.
Entre las víctimas de la lista -Anne, Emma,
dos Elizabeth, varias Mary-
hay dos que se llaman
Torso Femenino,
ninguna violada todas mutiladas
extraídos los órganos con cierto tipo de estilete
tajeada la garganta

un camino finito y rojo
se abre paso en la nieve

Un Torso Femenino en la noche de hace un siglo
brilla de escarcha,
acá graniza en plena tarde,
desde una ventana de hospital en el barrio de Once
cierro los ojos con un fuerte deseo:
ojalá nevara de verdad.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char