martes, 2 de junio de 2015

La incurable dulzura que es la vida

Edward Hirsch
(Chicago, EE.UU., 1950)




Edward Hopper y la casa junto a la vía de tren

Aquí fuera en el centro exacto del día,
esta casa desgalichada y rara tiene la expresión
del que sufre una mirada fija, del que contiene
el aliento bajo el agua, mudo y expectante;

esta casa se avergüenza
de sí misma, de sus mansardas fantasiosas
y su porche pseudogótico, se avergüenza
de sus hombros y sus manazas torpes.

Pero el hombre del caballete es implacable.
Es tan brutal como el sol, y cree
que la casa tuvo que hacer algo espantoso
a los que en otro tiempo la habitaron

para estar ahora tan atrozmente vacía,
tuvo que hacerle algo al cielo
para que también el cielo esté desierto
y no diga nada. Por ningún lado

crecen árboles ni arbustos: la casa
tuvo que hacerle algo a la tierra.
Lo único presente es una sóla vía
que va recta a lo lejos. No pasa el tren.

Ahora el forastero viene por aquí a diario,
y la casa sospecha que también él
está desolado; desolado
y avergonzado, incluso. La casa empieza

a mirarle de frente. Y sin saber cómo,
la tela en blanco va tomando despacio
la expresión de alguien acobardado,
que contiene el aliento bajo el agua.

Hasta que un día el hombre se va.
Es una última sombra de la tarde
que atraviesa la vía y se encamina
por el inmenso campo anochecido.

Pintará otras mansiones abandonadas,
y cristaleras de cafetería borrosas,
y escaparatesmal rotulados al borde de los pueblos.
Tendrán siempre la misma expresión,

la desnudez total de alguien que sufre
una mirada fija, alguien americano y desgalichado.
Alguien que va a quedarse solo
una vez más, y ya no lo soporta.

Versión de Maria Luisa Balseiro
**
Algodón de azúcar

Cruzamos por el puente del río Chicago a pie
en lo que resultaría una última vez,
yo comía el aire dulce de un algodón de azúcar
esa azulada luz hilada de la nada.
Fue apenas un instante, de verdad, nada más,
pero quedé extasiado ante los firmes cables
del puente sosteniéndonos
y enredados mis dedos entre los largos
y finos dedos de mi abuelo,
un hombre viejo del Viejo Mundo
que hace mucho se hundió en la inmensidad.
Y me acuerdo de ese niño de ocho años
saboreando la dulzura del aire,
que ahí sigue pegada a mi boca
y desparece al respirar. ~

Versión de Pedro Serrano
De Special Orders (2008)
**
CÓMO SERÁ LA ÚLTIMA NOCHE 

Estás sentado en un café de playa vacío
junto a una ventana que da a la bahía.
Está oscureciendo, el dueño está cerrando,
pero vos seguís doblado sobre el calentador
que va perdiendo poco a poco temperatura.

Ahora vas caminando hasta la orilla del mar
para ver los últimos azules que se apagan en las olas.
Has vivido en casas pequeñas, en lugares apretados—
los muros a tu alrededor se habían ido cerrando—
pero el mar y el cielo también son tuyos.

No hay nadie que te acompañe a beber de esta
niebla aguada, de estas profundidades imprecisas.
Estás solo con el cosmos giratorio.
Adiós, amor, muy lejos, en un lugar cálido.
La noche aquí es infinita, el silencio no se acaba.

Traducción: G.A. Chaves.
**
Leche

Mi madre no se dejó arrear a amamantar
y decidió que la fórmula era más saludable
que el líquido de sus pechos.

Así que yo nunca chupé una sola gota 
de aquella fuente, ese río desecado.
Siempre me llegó embotellada.

Pero una noche hacia mis treinta y cinco
en un cuarto de espejos de la Carretera 59
una mujer que cargaba a una bebita

volteó a verme con una enigmática sonrisa,
me tomó el rostro entre sus manos rajadas
y depositó la punta de su pezón en mi boca.

Esto pasó hace mucho tiempo y en otra ciudad
y no es bueno hablar de ello.
Ha sido infantil traerlo a cuento en terapia.

Y sin embargo es uno de esos momento
- extraviados, involuntarios - que resurgen
desde el pasado sin la menor conciencia:

Ella me alza el rostro y yo pruebo
el súbito chorro de ese néctar,
la incurable dulzura que es la vida.


Tomado del libro Aligeren la oscuridad, traducción de Pedro Serrano, México, Cooperativa La Joplin, 2012.
**
Tristan Tzara

no existe nada como una conferencia dada
un manifiesto se dirige a todo el mundo
me opongo a todos los sitemas salvo a uno
el azar es irracional y tú eres la razón

un manifiesto se dirige a todo el mundo
pero repican sin motivo las campanas
el amor es irracional y tú eres la razón
soy un puente que cruza tu oscuridad

pero repican sin motivo las campanas
eres un viento fresco asaltado por las velas
soy un puente que cruza tu oscuridad
no nos atemos a los mástiles

eres un viento fresco asaltado por las velas
soy una herida que dispersa tu sal
no nos atemos a los mástiles
no nademos al compás del canto de los marinos

soy una herida que dispersa tu sal
embajadores del sentimiento odian nuestro coro
no nademos al compás del canto de los marinos
arrojemos nuestras anclas a la distancia

embajadores del sentimiento odian nuestro coro
no pueden contaminar nuestros sentimientos más de humo
arrojemos nuestras anclas a la distancia
dirijamos nuestros botes al otro mundo

no pueden contaminar nuestros sentimientos más de humo
cada uno tiene mil virginidades
dirijamos nuestros botes al otro mundo
te doy toda mi nada

cada uno tiene mil virginidades
aún nos consideramos encantador
este doy toda mi nada
he dudado de todo salvo de esto

aún nos consideramos encantadores
no existe nada como una conferencia dada
he dudado de todo salvo de esto
me opongo a todos los sistemas salvo a uno

Versión de José Luis Justes Amador

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char