martes, 3 de noviembre de 2015

Un pájaro marrón tras otro

MOYA CANNON

(Dunfanaghy, Donegal, Irlanda; 1956; hace años reside en la ciudad de Galway)

POLEN 

Y este polvo sobrevive 
la muerte de las eras. 
Duerme en profundas capas de barro, 
negro, rojo y ocre oscuro; 
duerme bajo el húmedo pelaje de una colina de noviembre
donde el pasto crecido es el color del zorro; 
duerme profundo debajo de lagos;
a doce metros sobrevive, 
polvo de praderas árticas, 
antiguo y duro 
como el amor. 
**
Estorninos

Algunas cosas no pueden ser
atrapadas en palabras,
los estorninos sobre un río de octubre, por
ejemplo:
el modo en que se elevan desde el borde de un
tejado en una nube
dirigida por un coreógrafo oculto;
el modo en que suben, se agrupan y
descienden,
tirando de alguna arteria desconocida del
corazón humano;
el modo en que la nube se rompe y fusiona
las partes inferiores de las alas recogiendo toda
la luz
que quedaba en el cielo del crepúsculo;
el modo en que vuelan y confluyen hacia el
tejado de un depósito,
un pájaro marrón tras otro.

Traducciones de Jorge Fondebrider
**
Saxos azules

En Buenos Aires las veredas están rotas,
pero los árboles son altos y azules,
azules como la jarra de Cézanne,
que le habla a alguna sosegada esquina del alma-
un azul un poco innecesario, delicado-
y en las calles rotas se extiende
una alfombra de flores azules,
y con las vainas curvadas,
las bolsas curtidas y resistentes
que son las carcasas de las semillas del jacarandá-
una seguridad, hasta ahora,
de que habrá más y más de esto
más árboles altos y azules en Octubre
cantando, gratuitamente,
por sobre el pavimento polvoriento
en miles de azules
desde los ramilletes de saxos.

Versión de Marina Kohon
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char