domingo, 22 de mayo de 2016

Ser amigo del género humano no me cuadra en absoluto...


 Jean Baptiste Poquelin Molière

 (Francia, 1622 – 1673)


El misántropo
(Fragmentos)

Alceste: Poco apto soy, señor, para decidir la cosa.
                             Dispensadme de ello.
Oronte: ¿Por qué?
Alceste: Porque tengo el defecto de ser más sincero
de lo conveniente.
***
ALCESTE.-Quiero que se sea sincero, y que como hombre de honor, no se digan palabras que no salgan del corazón.
FILINTO.-Cuando un hombre viene a abrazaros gozoso, es preciso pagarle en la misma moneda, responder como se pueda a su fogosidad y devolver oferta por oferta, juramentos por juramentos.
ALCESTE.-No; no puedo soportar ese método cobarde que fingen la mayor parte de las gentes a la moda, y nada aborrezco tanto como las contorsiones de esos grandes hacedores de protesta, esos afables donantes de frívolos abrazos, esos obligados voceros de inútiles palabras que con todos realizan alardes de cortesía y tratan de igual modo al honrado que al fatuo. ¿Qué provecho se saca con que un hombre os acaricie, os jure amistad, fe, celo, aprecio, cariño, y haga de vos excesivos elogios, si os consta que hace lo mismo con cualquier ganapán? No, no; no hay un alma mínimamente elevada que desee una estimación tan prostituida, y la más gloriosa y seducida por tales regalos, no se siente complaciente cuando se ve mezclada con todo el universo. La estimación tiene como base alguna preferencia, y estimar a todo el mundo es no estimar a nadie. Y ya que incurrís en esos vicios de la época, perdonad que no os considere de los míos, ¡pardiez! Rechazo la excesiva complacencia de un corazón que no hace del mérito ninguna diferencia; quiero que se me distinga, y hablándoos con franqueza, ser amigo del género humano no me cuadra en absoluto...
**
Traicionado por todos, de injusticia abrumado, voy a salir de un mar donde triunfan los vicios, y a buscar en la tierra algún lugar remoto donde tenga licencia de ser un hombre honesto.


(Acto primero, escena 1 de El misántropo.)
                                                                    

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char