miércoles, 16 de noviembre de 2016

De boca contra el cielo junto a los platos

FERNANDO MÁRQUEZ
(Rosario,  Santa Fe, Argentina, 1987. Desde 2009 reside en la ciudad de Concordia, Entre Ríos, Argentina.)

MARTES 17 DE DICIEMBRE

paisaje: normal,

terrazas desiertas
música que suena en soledad
y la humedad
(de siempre)

hacia el este: la luz que se consume
más allá: en las veredas, debajo de las camas:
las hojas muertas
y acá (más acá): yo
y arriba: Nada, la
nada
el cielo vacío
mientras las nubes desaparecen
**
UN PÁJARO ANOCHE PASÓ Y NOS SALVÓ

sí, así como te lo digo
simplemente pasó, se fue
y nos abandonó
dejándonos
la cabeza ardiendo en diez, cinco, veinte
cincuenta mil pensamientos?

Él nos robó, nos fulminó
como un ángel, no?
 pero cómo decirlo
cómo describir el instante por el cual
un acontecimiento te vuela la cabeza
cómo retener lo que se te resiste,
se sacude, se te quema entre las manos
acaso tiene nombre?  fue la gracia?

no sé

anoche un pájaro entró y creyó ver un rostro
parecido a nuestras mentiras
sí, así como te lo cuento
apareció de la nada
como un rapto de ansiedad
intenso y puro
**
en el techo

cuelgan pedazos
de pintura.

con el tiempo y la gravedad
caen.
cuando los encuentro
les pongo nombres.

arriba, Dios. ahí estaba
sintiendo el peso
de lo que se pierde se hace cielo
**
sobre una mesa

crece y descansa el polvo, copas
en fila rota reflejando el color y la muerte
de las flores, unos cubiertos cruzados,
crucificando la superficie, las sombras
de una botella abierta
de boca contra el cielo junto a los platos unos
sobre otros apilados al borde de la nada, donde no hay
nada, ni arriba ni abajo ni costado, salvo
la plenitud del espacio
que sobrevuela una mosca, el fondo de los vasos, la mesa
en fin, nada fuera de lugar
las cosas dispuestas de tal manera
como piezas de una partida aún por resolver
**
el gesto volcado sobre las manos
para beber y comer de ellas
la fuente que todo lo sustenta

eso, es todo

De Museo de lo inútil, inédito
Imagen tomada de internet






Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char