ALBERTO GIRRI
(Buenos Aires, 1919-1991)
Cuando la idea del yo se aleja:
De lo que va adelante
y de lo que sigue atrás,
de lo que dura y de lo que cae,
me deshago,
abandonado quedo
del fuerte soplo,
del suave viento,
y quieto, las espaldas
vueltas las manos hacia arriba,
apoyo en el suelo,
corazón
abjurando de armas, faltas,
de oraciones donde borrar las faltas,
blando organismo, entidad
que ignora cómo decir: “Yo soy”
y en la enfermedad y la muerte,
vejez y nacimiento,
ya no encontrarán lugar,
como no lo encontraría el tigre
para meter su garra,
el rinoceronte el cuerno,
la espada su filo.
Antes hacía, ahora comprendo.
***
A la poesía entendida como una manera de organizar la realidad, no de representarla
Lo que en ella place
place a la índole de las cosas,
inicialmente dirigidas a nadie,
y en esencia visiones,
y la reflexión
determinando que impulsos, ideas oscuras,
cobren análogo peso, homologadas
en sentencias que otras
sentencias transforman,
apremiadas
por lo que la poesía exige,
lo que el poema
ha de ofrecer a la vista,
afectar a los sentidos,
lo que tendrá
de móvil ofrenda
en un mundo estático,
y lo que el paisaje, los millones
de universales gestos piden,
ser formulados
en tejidos de perenne duración, claros
de diseño, voces modificando
hábitos de conceptos y categorías,
y atendiendo
a que más allá de la verdad
está el estilo,
perfeccionador de la verdad
porque en sí lleva
la prueba de su existencia.
Escríbela,
extrae de ese orden
tus objetos reales,
mayor miseria
que morir o la nada
es lo irreal, lo real sin objetos.
***
De Intersticios, conversaciones con Jorge Aulicino
Era un poeta extremo, para quien toda efusión sentimental constituía un “ornamento”. En los 40, bombardeó la fortaleza formal del tradicionalismo imperante dando rienda suelta al verso blanco y a una poesía que reflexionaba ya sobre el sentimiento elegíaco, común a su generación. Tradujo la poesía norteamericana e inglesa modernas a verso blanco y verso libre. Y usó la percepción reflexiva de la tradición anglosajona para postular otro tipo de vanguardia. Toda su obra, o gran parte, está atravesada, además, por el budismo y el taoísmo. Su objeto, a la par del de demostrar que vivimos en una realidad aparente (el maya brahmánico), era el de provocar un estado de atención inflexible sobre el texto: “Sigue el texto” era su consigna. Pero resulta que texto y objeto querían ser la misma cosa. La ambición tantálica de Girri era que fueran uno lo observado y el observador. Lo que pudo haber sido mera abstracción, nunca se alejó sin embargo del marco concreto de una realidad cotidiana, incluyendo en ella los textos ajenos en los que se inspiraba o a los que comentaba, prologaba, traducía o interrogaba, como a otros tantos objetos. Lo cotidiano era, en Girri, lo común -"lo propio, lo de todos"-, y también lo habitual, de lo cual partía. Su propósito, realizar una obra que pudiera ser leída sin referencias temporales externas, sin notas y aun sin firma.
Tal rigor hace por cierto difícil la lectura, sobre todo cuando sus libros comienzan a estructurarse a partir de emisiones de voz que se apoyan en infinitivos, en pronombres, en la segunda persona del singular. Con todo, esta poesía calificada de intelectual -quiere decir esto fría o abstracta- es asombrosamente vital. Si aspira al satori que absorbe lo contemplado y al contemplador, no olvida el peso corporal de seres y cosas: vejez, hollejos, pelusa, puertas, pisos: la celda del monje recorrida por insectos y crepúsculos. Esa espiritualidad fuertemente material de los libros de Girri, enamorado de sus “variaciones en la rutina” que son otros tantos intentos de abordaje de la misma meta, provocan el saludo del sacerdote trapense, poeta y crítico estadounidense Thomas Merton: “La imagen cotidiana del hombre es su enemiga. Debe ser destruida con palabras directas y paradojas. Tal es tu obra religiosa, mérito y sacrificio. ¡Golpea fuerte, Girri, con gracia metafísica!”
Fuentes: Intersticios, conversaciones con Jorge Aulicino, Silvia Amarante, Alejandro Elissagaray, oscarlopezeditor
y Revista Ñ, 3.4.2010
**
Imagen: Jackson Pollock: Photographer Hans Namuth (1915-1990)
Gelatin silver prints, 1950
Published May 1951
National Portrait Gallery, Smithsonian Institution;
gift of the estate of Hans Namuth
© Estate of Hans Namuth
miércoles, 13 de octubre de 2010
Árido bien
SANDRO PENNA
(Perugia, Italia, 1906-Roma, 1977)
SÓLO UN CHICO...
Sólo un chico escucha mi voz.
Y de mí habla el mundo: árido bien.
*
SOLO UN FANCIULLO...
Solo un fanciullo ascolta la mia voce.
E di me parla il mondo: arido bene.
***
MORALISTAS
El mundo que os parece de cadenas
está todo tejido de armonías profundas.
*
MORALISTI
Il mondo che vi pare di catene
tutto è tessuto d'armonie profonde.
***
AMIGO...
Amigo, estás lejos. Y tu vida
tiene en torno a sí colores que yo no veo.
Tiene mi vida en torno a sí colores
que yo no veo.
*
AMICO...
Amico, sei lontano. E la tua vita
ha intorno a sé colori ch'io non vedo.
Ha la mia vita intorno a sé colori
che io non vedo.
**
Traducción: Carlos Vitale
***
¿Me hago viejo si, de un largo viaje
siempre sentado, nada he visto sino
la lluvia, sino un cansado rayo
de vida silenciosa...? (los obreros
subían y bajaban de mi tren,
llevaban, de un suburbio a un dulce lago,
su sueño y, con él, sus utensilios).
Grité también cuando caí en la cama:
hombres somos, más que viles cansados.
***
Me pierdo en el barrio popular
muy animado porque es casi de noche.
Estoy entre hombres tan lejanos
de mí: maravillosos hombres
para mí: vivos y claros, no valores
marcados. Todos iguales, ignotos y nuevos.
En una esquina oscura tomo el puesto
dejado por un obrero que ha subido
(justo a tiempo) al autobús que se marchaba.
No vi su cara, pero sus movimientos
ágiles en el corazón ahora los llevo. Me queda
(de él, anónimo, para mí, preso
de la vida) de aquella esquina oscura su olor
honesto de animal, como el mío.
***
Si yo camino triste… persiguiendo
el aliento de las colinas, en la noche
oscura y tibia, sobre un terrón yaciendo
habrá quizá un muchacho con los ojos abiertos.
Cada uno está solo y su corazón variable
mira siempre las mismas estrellas.
**
Traducción: Pablo L. Ávila
Foto tomada del blog jornada nocturna
(Perugia, Italia, 1906-Roma, 1977)
SÓLO UN CHICO...
Sólo un chico escucha mi voz.
Y de mí habla el mundo: árido bien.
*
SOLO UN FANCIULLO...
Solo un fanciullo ascolta la mia voce.
E di me parla il mondo: arido bene.
***
MORALISTAS
El mundo que os parece de cadenas
está todo tejido de armonías profundas.
*
MORALISTI
Il mondo che vi pare di catene
tutto è tessuto d'armonie profonde.
***
AMIGO...
Amigo, estás lejos. Y tu vida
tiene en torno a sí colores que yo no veo.
Tiene mi vida en torno a sí colores
que yo no veo.
*
AMICO...
Amico, sei lontano. E la tua vita
ha intorno a sé colori ch'io non vedo.
Ha la mia vita intorno a sé colori
che io non vedo.
**
Traducción: Carlos Vitale
***
¿Me hago viejo si, de un largo viaje
siempre sentado, nada he visto sino
la lluvia, sino un cansado rayo
de vida silenciosa...? (los obreros
subían y bajaban de mi tren,
llevaban, de un suburbio a un dulce lago,
su sueño y, con él, sus utensilios).
Grité también cuando caí en la cama:
hombres somos, más que viles cansados.
***
Me pierdo en el barrio popular
muy animado porque es casi de noche.
Estoy entre hombres tan lejanos
de mí: maravillosos hombres
para mí: vivos y claros, no valores
marcados. Todos iguales, ignotos y nuevos.
En una esquina oscura tomo el puesto
dejado por un obrero que ha subido
(justo a tiempo) al autobús que se marchaba.
No vi su cara, pero sus movimientos
ágiles en el corazón ahora los llevo. Me queda
(de él, anónimo, para mí, preso
de la vida) de aquella esquina oscura su olor
honesto de animal, como el mío.
***
Si yo camino triste… persiguiendo
el aliento de las colinas, en la noche
oscura y tibia, sobre un terrón yaciendo
habrá quizá un muchacho con los ojos abiertos.
Cada uno está solo y su corazón variable
mira siempre las mismas estrellas.
**
Traducción: Pablo L. Ávila
Foto tomada del blog jornada nocturna
martes, 12 de octubre de 2010
Puro abismo el campo sin luna
LILIANA GUARAGNO
(Buenos Aires, Argentina, 1947)
Arcos arcos después
de Campo degli Apostoli
Piedra y bancos
del frío
Oscurece vagones
de arcos
Vidrieras con turistas
a ambos lados
y baranda
***
San Lucas
con pincel y tela
dibuja
una virgen alta
on bambino
Y ángeles
de figuritas
***
Hacia el sur
cortan blanco el cielo
las colinas
casitas torres saltado revoque
“sognare non costa niente”
las alas de los ángeles
son de colores
de El Tiempo Uno
***
INCENDIO
La mujer se va quemando porque tiene la piel seca y el sol está muy fuerte, la ropa molesta. Arde. También arde por dentro. Tira el cigarrillo porque se está quemando, su garganta, su vientre. Humea desde dentro. Camina una, dos, tres, seis cuadras. Ya empieza a formarse desde su boca saliendo, como desde la lámpara de Aladino, un humo azul, y luego, pequeñas combustiones rojas brillan desde sus poros. Aumenta el calor. Al fin cae, cae envuelta en llamas. Ya se oye la sirena de los bomberos. Ella no veía nada, pero alguien la vio a ella, incendiada.
***
de Los vientos amarillos
No era la caída
sino mantenerse
de pie
aunque alrededor fuera
puro abismo el campo sin luna
El vértigo construye su pasión por lo oscuro
De pie
con la muerte alrededor
entrelazando sus encajes
pero no es la caída
sino en constante tambalear
en este punto
**
Foto tomada de elquilmero.blogspot.com
(Buenos Aires, Argentina, 1947)
Arcos arcos después
de Campo degli Apostoli
Piedra y bancos
del frío
Oscurece vagones
de arcos
Vidrieras con turistas
a ambos lados
y baranda
***
San Lucas
con pincel y tela
dibuja
una virgen alta
on bambino
Y ángeles
de figuritas
***
Hacia el sur
cortan blanco el cielo
las colinas
casitas torres saltado revoque
“sognare non costa niente”
las alas de los ángeles
son de colores
de El Tiempo Uno
***
INCENDIO
La mujer se va quemando porque tiene la piel seca y el sol está muy fuerte, la ropa molesta. Arde. También arde por dentro. Tira el cigarrillo porque se está quemando, su garganta, su vientre. Humea desde dentro. Camina una, dos, tres, seis cuadras. Ya empieza a formarse desde su boca saliendo, como desde la lámpara de Aladino, un humo azul, y luego, pequeñas combustiones rojas brillan desde sus poros. Aumenta el calor. Al fin cae, cae envuelta en llamas. Ya se oye la sirena de los bomberos. Ella no veía nada, pero alguien la vio a ella, incendiada.
***
de Los vientos amarillos
No era la caída
sino mantenerse
de pie
aunque alrededor fuera
puro abismo el campo sin luna
El vértigo construye su pasión por lo oscuro
De pie
con la muerte alrededor
entrelazando sus encajes
pero no es la caída
sino en constante tambalear
en este punto
**
Foto tomada de elquilmero.blogspot.com
lunes, 11 de octubre de 2010
“No me interesan los poemas bien hechos"

Más de RAYMOND CARVER
(EE.UU., 1938-1988)
Felicidad
Tan temprano que casi está oscuro todavía.
Me acerco a la ventana con una taza de café
y el atasco de siempre a estas horas de la mañana
en la cabeza.
Veo entonces al chico y a su amigo
calle arriba
repartiendo el periódico.
Llevan gorras y musculosas,
uno de ellos con una bolsa al hombro.
Son tan felices
que no se dicen nada, estos chicos.
Creo que, si pudieran, se tomarían
del brazo.
Es temprano por la mañana
y están haciendo esto juntos.
Se acercan, despacio.
El cielo empieza a cubrirse de luz,
aunque todavía cuelga pálida la luna sobre el agua.
Tanta belleza que, durante un instante,
la muerte o la ambición, incluso el amor,
no tienen cabida aquí.
Felicidad. Llega
de forma inesperada. Y sigue su camino, realmente.
Cualquier madrugada te lo dice.
***
BAJO UNA LUZ MARINA CERCA DE SEQUIM, WASHINGTON
Empiezan los verdes campos. Y las altas, blancas
granjas después de los charcos de la marea,
y aquellos pequeños cangrejos
listos para echar a correr, o darse la vuelta, si
levantábamos la roca debajo de la que vivían. La languidez
de aquella carretera del campo. Hablando de París,
nuestro París. Y luego encuentras ese sitio en el libro
y me lees la vida de Anna Ajmátova allí con Modigliani.
Sentados en un banco de los jardines de Luxemburgo
bajo su enorme sombrilla negra
recitándose a Verlaine el uno al otro. Los dos
“todavía no alcanzados por el futuro”. Cuando
allá en el prado vimos
a un joven desnudo de medio cuerpo para arriba
y con los pantalones remangados,
como un antiguo remero. Nos miró sin curiosidad.
Se quedó allí observándonos indiferente.
Luego nos dio la espalda y siguió con su trabajo.
Mientras pasábamos como una hermosa guadaña negra
por aquel paisaje perfecto.
***
El lugar donde vivían
Ese día visitó varios lugares,
caminó dentro de su propio pasado.
A las patadas, atravesó
memorias que se le amontonaban.
Miró a través de ventanas
que ya habían dejado de pertenecerle.
Trabajo, pobreza, pequeños engaños.
En esos días todos vivían a fuerza de voluntad,
decididos a convertirse en seres invencibles.
Sentían que durante mucho tiempo
nada ni nadie podría detenerlos.
En la pieza del motel
esa noche, en la primeras horas de la madrugada,
corrió las cortinas. Perdió la mirada
en las nubes que ocultaban la luna.
Se apoyó en el marco de la ventana.
El aire frío atravesó los cristales
y le apretó el corazón con su mano helada.
Te amé, te quise bien, pensó.
Esto pensó un minuto antes de dejar de quererla.
Versiones: Esteban Moore y algunas modificaciones de I.G.
***
Tu perro se muere
lo atropella una furgoneta.
lo encuentras a la orilla de la carretera
y lo entierras.
te sientes mal.
te sientes mal por ti mismo,
pero te sientes peor por tu hija
porque era su mascota
y lo quería mucho.
solía canturrearle
y lo dejaba dormir en su cama.
escribes un poema sobre ello.
lo titulas un poema para tu hija
y trata del perro al que atropella una furgoneta,
de cómo te ocupaste de él,
lo llevaste al bosque
y lo enterraste hondo, muy hondo,
y el poema sale tan bien
que casi te alegras de que hayan atropellado
al pobre perro, si no, no habrías escrito
nunca ese poema.
entonces te sientas a escribir
un poema sobre la escritura de un poema
que trata de la muerte de ese perro,
pero mientras escribes oyes
a una mujer gritar
tu nombre, tu nombre de pila,
ambas sílabas,
y tu corazón se para.
dejas pasar un rato y vuelves a escribir.
ella grita de nuevo.
te preguntas hasta dónde puede llegar.
Versión de Jaime Priede
***
“No me interesan los poemas bien hechos. Al verlos, mi tentación es decir: 'Ah, pero no es más que poesía'. Yo busco algo distinto, algo más que un buen poema.” (R. Carver)
**
Del reportaje publicado en Paris Review en 1983 (Mona Simpson y Lewis Buzbee) Traducción: Mirta Rosenberg, Diario de poesía, otoño de 1989:
¿Todavía escribe poesía?
Un poco, pero no suficiente, quiero escribir más. Si pasa un tiempo largo, seis meses o algo así, sin que haya escrito ningún poema, empiezo a ponerme nervioso. Empiezo a preguntarme si he dejado de ser poeta o si he perdido la capacidad de escribir poesía. Entonces suelo sentarme a escribir algunos poemas. Este libro mío que aparecerá en la primavera, Fires, reúne todos los poemas que deseo conservar.
¿Cómo se influyen entre sí la escritura de poesía y la de narrativa?
Ya no se influyen. Durante mucho tiempo estuve igualmente interesado en escribir narrativa y en escribir poesía. En las revistas, siempre me fijo primero en los poemas que en los relatos. Finalmente tuve que elegir, y elegí la narrativa. Fue la elección adecuada. No soy un poeta “innato”. No sé si soy algo “innato”, salvo un varón blanco norteamericano. Tal vez me convierta en un poeta ocasional. Pero estoy conforme así. Eso es mejor que no ser ninguna clase de poeta.
domingo, 10 de octubre de 2010
No te atormentes por su corazón, corazón mío
RABINDRANATH TAGORE
(India, 1861-1941)
Gitanjali
(Selección)
I
No te atormentes por su corazón, corazón mío;
déjalo en la oscuridad. ¿Qué sé yo si su belleza es sólo
de su cuerpo, y su sonrisa sólo de su cara? Déjame
aceptar sin preguntas este sencillo sentido
de sus miradas, y ser así feliz.
***
II
Igual me da si es un manto de ilusión el que sus brazos tejen
alrededor de mí, porque el manto es rico y raro;
y al engaño se le puede sonreír, y olvidarlo.
***
III
No te atormentes por su corazón, corazón mío; conténtate
si la música es verdadera, aunque no se pueda fiar en la palabra;
disfruta de la gracia que danza, como un lirio, sobre la mentirosa
superficie ondeante, y sea lo que fuere de lo que vive allá en el fondo.
***
IV
Deseaste mi amor, y, sin embargo, no me amabas.
Por eso mi vida se cuelga de ti como una cadena,
que te grita y se te aferra, más dura
cuanto más luchas por ser libre.
***
V
Mi desesperación ha llegado a ser tu compañera mortal,
y se agarra al más leve de tus favores, pretendiendo arrastrarte
hasta la caverna de las lágrimas.
Has destrozado mi libertad, y, con su ruina, te has
fabricado tu propia prisión.
***
VI
No supe lo que hacía un momento y vine.
Pero alza tus ojos, que yo vea si queda aún alguna sombra
de los días pasados, una pálida nube, ya sin lluvia, en el horizonte.
Sopórtame un momento aunque yo no sepa lo que hago.
***
VII
Las rosas están todavía en capullo, y no saben aún
cómo descuidamos coger flores este verano.
La estrella de la mañana tiene todavía el mismo
silencio palpitante; la luz primera está enredada aún
en las enredaderas que cuelgan de mi ventana,
como en aquellos días pasados.
Olvidé un momento que todo había cambiado, y vine.
***
VIII
Olvidé si tú me avergonzaste alguna vez, volviéndome
tu cara cuando yo te desnudaba mi corazón.
Sólo recuerdo las palabras que tropezaron en el temblor de tus labios;
las sombras de arrebatada pasión de tus ojos oscuros, como las alas
de un pájaro que busca su nido en el crepúsculo.
Olvidé que tú te acordabas, y vine.
***
IX
Esta mañana mi despertar fue dichoso, porque vi a mi amor.
El cielo era una sola alegría, y mi vida y mi juventud se consumaron.
Hoy mi casa es de verdad mi casa, y mi cuerpo mi cuerpo.
La suerte me ha sido amiga, y mis dudas se disipan.
¡Pájaros, cantad vuestra canción mejor!
¡Luna, derrama tu luz más bella!
¡Dispara, a millones, tus flechas, dios del amor!
(India, 1861-1941)
Gitanjali
(Selección)
I
No te atormentes por su corazón, corazón mío;
déjalo en la oscuridad. ¿Qué sé yo si su belleza es sólo
de su cuerpo, y su sonrisa sólo de su cara? Déjame
aceptar sin preguntas este sencillo sentido
de sus miradas, y ser así feliz.
***
II
Igual me da si es un manto de ilusión el que sus brazos tejen
alrededor de mí, porque el manto es rico y raro;
y al engaño se le puede sonreír, y olvidarlo.
***
III
No te atormentes por su corazón, corazón mío; conténtate
si la música es verdadera, aunque no se pueda fiar en la palabra;
disfruta de la gracia que danza, como un lirio, sobre la mentirosa
superficie ondeante, y sea lo que fuere de lo que vive allá en el fondo.
***
IV
Deseaste mi amor, y, sin embargo, no me amabas.
Por eso mi vida se cuelga de ti como una cadena,
que te grita y se te aferra, más dura
cuanto más luchas por ser libre.
***
V
Mi desesperación ha llegado a ser tu compañera mortal,
y se agarra al más leve de tus favores, pretendiendo arrastrarte
hasta la caverna de las lágrimas.
Has destrozado mi libertad, y, con su ruina, te has
fabricado tu propia prisión.
***
VI
No supe lo que hacía un momento y vine.
Pero alza tus ojos, que yo vea si queda aún alguna sombra
de los días pasados, una pálida nube, ya sin lluvia, en el horizonte.
Sopórtame un momento aunque yo no sepa lo que hago.
***
VII
Las rosas están todavía en capullo, y no saben aún
cómo descuidamos coger flores este verano.
La estrella de la mañana tiene todavía el mismo
silencio palpitante; la luz primera está enredada aún
en las enredaderas que cuelgan de mi ventana,
como en aquellos días pasados.
Olvidé un momento que todo había cambiado, y vine.
***
VIII
Olvidé si tú me avergonzaste alguna vez, volviéndome
tu cara cuando yo te desnudaba mi corazón.
Sólo recuerdo las palabras que tropezaron en el temblor de tus labios;
las sombras de arrebatada pasión de tus ojos oscuros, como las alas
de un pájaro que busca su nido en el crepúsculo.
Olvidé que tú te acordabas, y vine.
***
IX
Esta mañana mi despertar fue dichoso, porque vi a mi amor.
El cielo era una sola alegría, y mi vida y mi juventud se consumaron.
Hoy mi casa es de verdad mi casa, y mi cuerpo mi cuerpo.
La suerte me ha sido amiga, y mis dudas se disipan.
¡Pájaros, cantad vuestra canción mejor!
¡Luna, derrama tu luz más bella!
¡Dispara, a millones, tus flechas, dios del amor!
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Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char
No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char
René Char
No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char

