(Iracilon, Grecia, 1911- Atenas 1996)
Porque un día morderás el nuevo limón
y liberarás
de su interior enormes cantidades de sol.
Porque todas las corrientes de los mares
súbitamente iluminadas te enseñarán
a elevar la tempestad al plano ético.
Porque incluso en tu muerte serás de nuevo
como el agua al sol
que se enfría por instinto.
***
Dichosa Donna
A la estrella de A.
¡Toma un polen de destello de queja
Un lugar que resplandezca en el infinito
Más arriba de la más alta esperanza tuya
Dichosa Donna! Y desde la punta del mundo de los rayos de sol
Rodó la esmeralda derretida
Olas para el céfiro de la música del austro
Olas para el céfiro de la música que toma
La virginidad de la noche lejos
Con viajes en inmensas cuevas
Con muchachas que aman los abrazos de los lirios
Y cantan la melodía de la hondura del cielo
Y sienten nostalgia de la santificación de la soledad del éter
¡Toma un lugar que relumbre en el infinito
Una muchacha de azul ojo inconmensurable
Con estambres de deseo en tu porte
Dichosa Donna! Y de un corazón consubstancial
Pasó para que veas de los años el fondo
Desparramado por los guijarros de la bonanza.
Traducción de Ramón Irigoyen
***
Porque serás iniciada por los pájaros
y una hojarasca de palabras te vestirá
de lengua griega para que parezcas invencible.
Porque una gota culminará
Imperceptiblemente tus párpados
más allá del dolor y tras un largo llanto.
Porque toda la crueldad del mundo se convertirá en piedra
y te sentarás dominadoramente
como un dócil pájaro en tu palma.
Porque tú sola te adaptarás por fin
despacio a la grandeza
del alba y del ocaso.
***
LA MUCHACHA NARANJA
A Andreas Kambás
Tanto la embriagó el zumo del sol
Que abatió su cabeza y aceptó ser
Poco a poco ¡la pequeña muchacha naranja!
Así mientras resplandecieron en azul los siete cielos,
Así mientras rozaron una hoguera los cristales,
Así mientras destellaron colas de golondrinas,
Perplejos arriba los ángeles y abajo las muchachas,
Perplejos arriba las cigüeñas, abajo los pavos reales.
Y todos juntos se reunieron y todos juntos la vieron
Y todos juntos la llamaron: ¡Muchacha Naranja!
Se embriagan la viña y el escorpión, se embriaga el mundo entero
Pero el aguijón del día no suelta el dolor.
Lo dice la garza diminuta entre gusanos.
Lo dice el golpe de agua en las ocasiones de oro.
Lo dice incluso el rocío en el labio superior del buen Bóreas:
¡Arriba pequeña, pequeña, pequeña Muchacha Naranja!
Como te conoce el beso nadie te conoce.
Ni te conoce siquiera el risueño dios
Que con su mano abierta en el ardiente resplador
¡Te muestra desnuda a sus treinta y dos vientos!
Versión de Cristián Carandell
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