jueves, 13 de febrero de 2014

Nos resbalamos hacia el vacío numérico

BELÉN CIANFERONI
Tomada de facebook

(Santiago del Estero, Argentina, 1987)

De disfraces I

Sí,
soy la nena con los vestidos
más tristes
de la sala.
Esa... la disfrazadita de burócrata,
que sella en blanco y negro
y formula cuadraditos al hablar.

Esita,
que al pensar en vos
llora en prolijos rectángulos.
***
Damage Therapy

Silencio! Cuerpo Hablando

Es necesario
y urgente
escuchar a nuestro cuerpo.

Prestá especial atención
al susurro de los pulmones.

Por favor, my dearest,
concéntrate,
en la melodía de los huesos.

Escuchá a tu cuerpo.

Ala sabiduría de la sangre,
en cada gota,
en cada célula.

Por favor, pegate a tu piel.
Amala.

Te canta una canción de cuna
Todas las noches.

Tu cuerpo está hablando
y hablando
y hablando.
***

El día que murió Descartes,
no había luz.

La velocidad se calculaba
con respiraciones.

El diablo saltaba
siguiendo
la secuencia de Fibonacci,
y dejaba una estela
de caracoles malditos.

Esos caracoles,
se transformaron en una espiral,
por la cual caímos...

Despacio,
sin prisa...

Nos resbalamos hacia el vacío numérico
de tres por cinco,
de cuatro sin tres.

El día que murió la lógica,
aún no llovía.
***
Después

y qué viene después
de la yerma
del puente
después del paréntesis
del coma,
del tiempo muerto en la cama
del tiempo contemplando las rajaduras del cielo
de las gasas en forma de nubes
de los animales que galopan por las praderas de mis sábanas
de las salamandras que habitan en el suero
de los ruidos que se esconden en el tanque de oxígeno
de las víboras que penetran mis antebrazos

qué viene después,
del odio,
de la vergüenza,
de la pesadilla

de la materia,
de los átomos,
de las uniones...

cuál después manejo
cuál de todos

el después de la sabiduría
el después de la ignorancia

después de la construcción de objetivos,
después de la conclusión de objetivos,

después de la evolución.

Qué queda,
qué persiste?

Qué hago después de consumirme
Dime que hago después de mí.

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Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char