miércoles, 18 de febrero de 2015

Tu espalda como espejo

Mercedes Álvarez
Tomada de lecturalia.

(Tandil, provincia de Buenos Aires, Argentina, 1979. Vivió en Mar del Plata hasta los diecinueve años. Entre 1998 y 2006 residió en España. Actualmente reside en Buenos Aires)


Yo no quería
ser esposa sino musa
cruzar
los aldabones del tiempo
retratarme con la espada al hombro
escapar
a la infección que arrasó
aquel año
la tierra.
Yo no quería
otra cosa que tus hombros
porque no tenían ojos ni expresión
ni boca ni nada.
Pero resultó que sí
que al final sí
y terminé por usar
tu espalda
como espejo.
**

Tan presto fue
el paso de sus sandalias en la niebla
que no llegó a oírla
ella se perdió en el aire
se volatilizó
en su mano la respuesta
y fue como si se hubiera ido demasiado pronto
o como si no hubiera
llegado nunca.
**
Recomendación III

A fuerza de estar al pie de una ventana
se termina siempre
por ver cosas terribles.
Es bueno recordar
que las tragedias
no son fácilmente evitables.
Suena lógico espaciar
el deseo de contemplación del mundo.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char