martes, 28 de julio de 2015

Les contaré qué vi en la superficie

Juan Desiderio
Tomada de laseleccionesafectivas

(Buenos Aires, Argentina, 1962)

De La zanjita
(Fragmento)

III
—Bitácora de vuelo—

—no te hagás el espok
y corré más rápido
que nos matan
esto marciano de la 19
y te van a rodar
las orejas
hasta la zanja.
—La zanja. La recuerdo
tomando sol
a orillas de la zanja
sus pelos con abrojos
excitaban
a lo vendedore
de sandía
y su risa
helaba el barrio
todos la veían
le creían santa
por el barro seco
que frotaba en su pierna
y aparecía como
santa rita envuelta
en una nube
con su cara
color acero y
—seguí corriendo
que nos cagan a palo
—y te acordá del viejo
que creía ser san jorge
y yevaba al matungo
a tomar agua
a la zanja
se sentaba siempre
sobre el caño ése
que estaba roto
y miraba a la gente
y veía dragone corría
a los pibes les quería
sacar lo dragone
de la cabeza
te acordá
—sí, eran piojo
—no, loco
eran dragone en serio
—espok
no digá boludece
y decile a tu piba
que compre faso y gayetita.
**
V

La zanjita. A la zanja
según el más viejo del barrio
la creó el diablo
allá por el año en que
el más viejo del barrio
perdió una pierna
en una guerra en la que todos
perdieron una pierna
pero el más viejo
cree que el diablo bajó
con un látigo
pa castigar al hijo del del
garage porque se curtía dó
vino blanco por hora y a la
hija del cartero no
entonce enfurecido
pegó un chutazo
y volaron la piedra
y el barro
—ahora van a venir lo sapo
y la culebra
y todo lo vecino
van a ser bautizado
en esta zanja—
El diablo se fue
y lo sapo
no nos dejaron dormir
nunca más
**
VII

Aprovechaban que el viernes el
pelahueso dormía en la seccional y se
instalaban en la pared que da a los
monoblock. Los heavys con sus pelos
quemados y ojos de arsénico como tocaban
esos chicos la pared a cada rato
rituaban con eso de romper la puntita lo
divertido de romper la cajita del
tetra mientras apagaban el grabador sólo
la voz del viento sólo el ruido de
tijera que salía de entre los yuyos.
En el cementerio todo es posible los heavys
hasta pueden tener frío un radiador de
colectivo tirado ahí darte el calor todo
un invierno. Al fin la fiesta y arman una
nave y otra nave y fuman otra
nave más le cantan al azar a lo que puede
caer cantan al agua que sale de
los huesos fríos que forma un discreto lago
un hermoso ojo de agua
que descarga en una zanja.
**
Postales de la zanja (uno)

Un viejo de sotana agujereada
sentado en la vereda de la fábrica
de botellas sopladas
tira cáscaras de mandarina
al agua de la zanja.
Pero el cura ciruja ése
pasaba las noches leyendo
el apocalipsis y por las
mañanas a todo el que
pasaba
señalaba
vó te quedá
vó te vá al cielo
vó te quedá.
De noche
un cura sucio
de sotana rota
come mandarina
y tira la cáscara a la zanja.
La zanja se lleva un color
y pudre los zapatos de dios.

De La zanjita, Ed. Trompa de Falopo, 1996.
**

Las palabras se pierden en el ruido del viento
se mezclan con otras que flotan desde antaño.
Lenguas milenarias, fragmentos invisibles
así, el hombre se une a sus ancestros.

El bufón toma vida propia y enloquece al rey
cortesanas calientan sus imágenes y envainan,
aunque las luces sean tan hermosas.
En medio de la niebla, sean tan hermosas.
***


Reuniendo a las llamas de su reino,  habla

"Fuego mío, cuerpos de gas.
Les contaré  qué  vi en la superficie.
La carne se expresa mal, y eso está bien.
Usa uniformes y piensan parecido.
Es nerviosa y no acciona los asuntos del alma".

"Algunos son carnada
pero  todos, se carnean
Los fundamentos son tibios.
Despiertan de a ratos.
Débil será la voluntad
Lastimada sea la razón".
***

La electricidad es visible,
mientras pasa entre nubes densas.
Lluvia tibia, moja el calor,
y la atmósfera es sofocante.
El hombre va delante,
opus radiante.
***

Amo tu Alma
mas allá de las raíces
creo en tu niebla
detrás del espejo
resplandor
océano vacío
el camino es hoy
una fe desgarrada
el peso de la mente
la lejanía del cuerpo
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char