lunes, 10 de agosto de 2015

Una salvación pende

STÉPHANE MALLARMÉ

(París, Francia, 1842 – ib., 1898) 

Canto del bautista

El sol que su detención
Sobrenatural exalta
Vuelve a caer prontamente
               Incandescente

Siento como si en las vértebras
Tinieblas se desplegasen
Todas estremecimiento
                En un momento

Y mi cabeza surgida
Solitaria vigilante
Al triunfal vuelo veloz
               De esta hoz

Como ruptura sincera
Bien pronto rechaza o zanja
Con el cuerpo inarmonías
                De otros días

Pues embriagada de ayunos
Ella se obstina en seguir
En brusco salto lanzada
               Su pura mirada

Allá arriba donde eterna
La frialdad no soporta
Que la aventajéis ligeros
               Oh ventisqueros

Pero según un bautismo
Alumbrado por el mismo
Principio que me comprende
               Una salvación pende.
**
Cantique de saint Jean

Le soleil que sa halte
Surnaturelle exalte
Aussitôt redescend
    Incandescent

Je sens comme aux vertêbres
S’éployer des ténébres
Toutes dans un frisson
    A l’unisson

Et ma tête surgie
Solitaire vigie
Dans les vols triomphaux
    De cette faux

Comme rupture franche
Plutôt refoule ou tranche
Les anciens désaccords
    Avec le corps

Qu’elle de jeûnes ivre
S’opiniâtre à suivre
En quelque bond hagard
    Son pur regard

Là-haut où la froidure
Eternelle n’endure
Que vous le surpassiez
    Tous ô glaciers

Mais selon un baptême
Illuminée au même
Principe qui m’élut
    Penche un salut.


Tomado de materialdelectura.unam.mx
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char