lunes, 30 de noviembre de 2015

Cuanto más tibio está el aire más se duerme el yo

MARÍA LUCESOLE
(Lobos, Prov. de Buenos Aires; Argentina, 1988)







PRIMER POEMA

A veces todo me parece de otro siglo:
las casas de tejas con enredaderas, las mujeres con bebés
cruzando la calle, los árboles sin hojas, el cielo de las cinco
en un pueblo de paso.
Como si todo hubiera dejado de existir hace tiempo
como si todo perteneciera a un pasado olvidado
y de las cosas sólo quedaran los conceptos que a veces recupero
asombrada, como ahora, 
y cuando eso sucede me dan ganas de llorar
con una duración proporcional al tiempo
en que los conceptos tardaron en vaciarse de materialidad
y me dan ganas de correr aunque eso signifique
la soledad eterna en medio de la naturaleza eterna.
A mirar y escuchar la montaña y el cielo el resto de mi vida
hasta que todo vuelva a ocupar su lugar de contenido
total
hasta que todo tenga otra vez su original consistencia
y esté el mundo y esté yo dentro
de un paisaje sólido, visible, inconfundido.
Esa desesperación, la sombra de un árbol
esfumándose entre las últimas luces de un pueblo en invierno,
eso es dios para mí.
**

Mientras bailabas 
Bajo el diluvio
Te pintaron de rosa
La fachada.
No salís más por la entrada
A cruzar la senda blanca,
A comprar pan a la esquina.
Tu ojo por la rendija
Del postigo derecho espía
Autos rojos
Piedras blancas.
Furiosa te lloran del pelo
Lágrimas chatas.
Mientras bailabas bajo el granizo
Te pintaron la fachada.
**
UN POEMA CADA VEZ MÁS OBJETIVISTA

Las hojas de las palmeras bajas se mueven por el viento

Vuela apenas un poco de tierra
al costado de la ruta.

Parece que estemos lejos
pero son las afueras del pueblo:
un cartel de “abierto-cerrado” 
golpea contra la tranquera
de la que cuelga. 
Por momentos se lee "cerrado",
por momentos, "abierto".

Éste es el único cambio y el único sonido de la escena.
Éste y las páginas del libro que paso
adentro del auto
en el que permanezco esperando.

Hay otro sonido todavía más adentro,
pero es cada vez más vago, más silencioso.
Con el tiempo el yo se duerme.
Cuanto más tibio está el aire más se duerme el yo
con el tiempo.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char