sábado, 27 de febrero de 2016

La tarea era enamorarse




Louise Glück
(Nueva York, EE.UU., 1943)
De archivo

Prisma
(Fragmento)

7.
De las nubes ahuecadas, templados hilos de plata.

Inverosímil
amarillo de los olmos, venas
de mercurio que fueron cauces de ríos-

Y otra vez la lluvia, borrando
huellas en la tierra húmeda.

Un camino implícito, como
un mapa sin encrucijadas.


8.
La implicación era: es necesario abandonar
la infancia. La palabra "casarse" era una señal.

También podías concebirla como un consejo estético;
la voz del niño era pesada,
no tenía registros bajos.

La palabra era un código, misteriosa, como una piedra de Rosetta.
También era una señal de tráfico, una advertencia.
Podías llevar algunas cosas como dote.
Podías llevarte tu parte pensante.

"Casarse" significaba que tendrías que acallar ese pensar.


9.
Noche de verano. Fuera,
sonidos de una tormenta de verano. Luego el cielo se aclara.
En la ventana, las constelaciones del verano.

Estoy en cama. Este hombre y yo
estamos suspendidos en la extraña calma
a menudo inducida por el sexo. Inducida por buena parte del sexo.
El anhelo, ¿qué es? El deseo, ¿qué es?

En la ventana, las constelaciones del verano.
Antes era capaz de nombrarlas.


10.
Abstractas
formas, patrones.
La luz de la mente. Los fríos, severos
fuegos del desinterés, curiosamente
bloqueados por la tierra, coherente, brillando
en aire y agua;

las elaboradas
señales que decían ahora siembra, ahora recoge-

 Podía nombrarlas, tenía nombres para ellas:
dos cosas distintas.


11.
Fabulosas, las estrellas.

Cuando era niña sufría de insomnio.
En las noches de verano mis padres me dejaban sentarme junto al lago;
llevaba al perro como compañero.

¿Dije "sufría"? Era el modo en que mis padres explicaban
gustos a su juicio
inexplicables: mejor "sufría" que "prefería vivir con el perro".

Oscuridad. Silencio que anulaba la mortalidad.
Las barcas amarradas subían y bajaban.
Con la luna llena a veces podía leer los nombres
de chica
pintados en los laterales de las barcas:
Ruth Ann, Dulce Izzy, Peggy querida-

No iban a ninguna parte aquellas chicas.
No había nada que aprender de ellas.

Extendía mi chaqueta en la arena húmeda,
el perro se acurrucaba a mi lado.

Mis padres no podían ver la vida en mi interior;
cuando la escribía, corregían la ortografía.

Sonidos del lago. Los balsámicos, inhumanos
sonidos del agua lamiendo el muelle, el perro buscando rastros
en algún lugar
entre la hierba-


12.
La tarea era enamorarse.
Los detalles concernían a cada cual.
La segunda parte consistía
en incluir en el poema ciertas palabras,
palabras extraídas de un texto específico
sobre un tema completamente diferente.


13.
Lluvia de primavera, luego una noche de verano.
La voz de un hombre, luego la voz de una mujer.

Crecías, un rayo te golpeaba.
Al abrir los ojos, estabas unida para siempre a tu
verdadero amor.

Sólo ocurría una vez. Luego se ocupaban de ti,
tu historia concluía.

Ocurría una vez. Ser golpeada por el rayo era como ser vacunada;
el resto de tu vida eras inmune,
estabas a salvo.

A menos que el golpe no fuera lo suficientemente profundo.
Entonces no te vacunabas, te volvías adicta.


14.
La tarea era enamorarse.
El autor era mujer.
Al ego había que llamarlo alma.

La acción tenía lugar en el cuerpo.
Las estrellas representaban todo lo demás: sueños, la mente, etc.

El amado se identificaba
con el yo en una proyección narcisista.
La mente era una trama secundaria. Conversaba y conversaba.

El tiempo se experimentaba
menos como narrativa que como ritual.
Lo que se repetía adquiría peso.

Algunos finales eran trágicos, y por lo tanto aceptables.
Todo lo demás era un fracaso.


15.
Engaño. Mentiras. Adornos que llamamos
hipótesis-

Había demasiadas carreteras, demasiadas versiones.
Había demasiadas carreteras, ningún camino-

¿Y al final?


16.
Enumera las implicaciones de "encrucijada".

Respuesta: una historia que tendrá moraleja.

Pon un contraejemplo:


17.
El yo acabó y empezó el mundo.
Eran del mismo tamaño,
proporcionados,
uno reflejo del otro.


18.
El acertijo era: por qué no podíamos vivir en la mente.

La respuesta era: se interpuso el obstáculo de la tierra.


19.
La habitación, en silencio.
Es decir, la habitación estaba en silencio, pero los amantes respiraban.

Del mismo modo, la noche era oscura.
Era oscura, pero las estrellas brillaban.

El hombre en la cama fue uno de los muchos hombres
a los que entregué mi corazón. La entrega de una misma
no tiene límites.

No tiene límites, aunque se repite.

La habitación, en silencio. Era un absoluto,
como la noche negra.


20.
Noche de verano. Sonidos de una tormenta de verano.
Las grandes placas mudan y cambian invisiblemente-

Y en la habitación oscura, los amantes duermen abrazados.

Somos, cada uno de nosotros, aquel que se despierta primero,
el primero que se mueve y observa, ahí, en la primera luz del día,
al extraño.


Louise Glück (trad. Stalker)
Tomado del blog lostinmarienbad

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char