martes, 22 de marzo de 2016

Tan leve la lluvia

Denise Levertov

(Inglaterra, 1923-1997)

La lluvia de cinco días 

La ropa lavada cuelga del limonero
bajo la lluvia
y el pasto, largo y tosco.

Secuencia rota, tensión
de la luz solar rota.

Tan leve la lluvia.
Finos jirones
pendientes sobre las hojas rígidas.

¡Vístete de rojo! ¡Arranca los limones verdes
del árbol! No quiero
olvidar lo que soy, lo que ardió en mí
y colgar, lánguida y limpia, un vestido vacío.

Versión: Sandra Toro
*
The five-day Rain 

The washing hanging from the lemon tree
in the rain
and the grass, long and coarse.

Sequence broken, tension
of sunlight broken.

So light a rain.
fine shreds
pending above the rigid leaves

Wear scarlet! Tear the green lemons
off the tree! I don’t want
to forget what I am, what has burned in me
and hang a limp and clean, an empty dress

***
Colgado

Yo había agarrado en el vacío el traje de Dios
pero mi mano resbaló en la seda exquisita.
“Los brazos eternos” que mi hermana amaba recordar
debieron haber soportado la carga pesada de mí
para que no me cayera;
porque aunque araño el aire vacío y me siento
nada – ningún abrazo –
no me he desplomado.

Versión sin datos
*
Suspended

I had grasped God’s garment in the void
but my hand slipped
on the rich silk of it.
The “everlasting arms” my sister loved to remember
must have upheld my leaden weight
from falling, even so;
for though I claw at empty air and feel
nothing – no embrace –
I have not plummeted.
.     .     .
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char