sábado, 26 de marzo de 2016

Todo ángel es terrible

RAINER MARIA RILKE

(Actual República Checa, 1875-Suiza, 1926) 

Día de otoño

Señor: es hora. Largo fue el verano. 
Pon tu sombra en los relojes solares, 
y suelta los vientos por las llanuras. 

Haz que sazonen los últimos frutos; 
concédeles dos días más del sur, 
úrgeles a su madurez y mete 
en el vino espeso el postrer dulzor. 

No hará casa el que ahora no la tiene, 
el que ahora está solo lo estará siempre, 
velará, leerá, escribirá largas cartas, 
y deambulará por las avenidas, 
inquieto como el rodar de las hojas.

Versión de Jaime Ferreiro
**
SEGUNDA ELEGÍA

Todo ángel es terrible. Y, sin embargo, ay de mí,
sabiendo como sois, yo os canto, aves casi mortíferas del alma.
Adónde se han ido los días de Tobías (1),
cuando uno de los ángeles más deslumbrantes,
de pie junto a la sencilla puerta de la casa,
y algo disfrazado para el viaje, dejó de ser terrible;
(¡un joven para el joven que miró hacia afuera con curiosidad!).
Pero si en este momento el arcángel, el peligroso,
diese un solo paso hacia nosotros desde más allá de las estrellas,
el propio corazón, sobresaltado, nos destruiría. ¿Quienes sois?

Vosotros, los primeros agraciados (2), mimados de la creación,
serranías, cumbres aurorales del acto creador (3),
polen de la divinidad floreciente,
refracciones de luz, pasillos, escaleras, tronos,
espacos de esencias, escudos de gozo, tumultos de sentimientos
en un arrebato tempestuoso y, de pronto, cada uno,
espejos que recrean la propia belleza irradiada
y la devuelven a su mismo rostro.

Pues nosotros, donde sentimos, nos evaporamos, ay,
y luego espiramos y nos desvanecemos; de brasa en brasa
se debilita nuestro olor. Entonces puede ser que uno nos diga:
"sí, tú penetras en mi sangre, este cuarto y la primavera
se llenan de ti...". Y de qué sirve; él no puede sujetarnos
al desaparecer nosotros en él y en torno a él.
Y a los que son bellos, ¿quién los retiene?
Incesantemente hay apariencia en su rostro que luego se va.
Y lo nuestro se desprende de nosotros, como el rocío de la hierba temprana
o el calor de una comida caliente. Oh sonrisa, ¿hacia dónde?
Oh mirada hacia lo alto. Nueva, cálida y esquiva onda del corazón;
ay de mí: eso sí somos nosotros. ¿Es que el espacio cósmico
en que nos diluimos tiene, entonces, sabor a nosotros?
¿Recogen los ángeles realmente sólo lo suyo, lo que de ellos emana,
o queda en ellos, a veces y como por descuido,
algo de nuestra esencia? ¿Estamos quizás fundidos en sus rasgos,
como esa vaguedad en el rostro de la mujer embarazada? (4).
Ellos no lo advierten en el torbellino de su retorno a sí mismos.
(¡Cómo habrían de notarlo!).

Los amantes podrían, si lo comprendiesen, hablar extrañamente
en el aire nocturno. Porque parece que todo nos encubre.
Mira, los árboles son; las casas que habitamos aún existen.
Sólo nosotros pasamos de largo como un intercambio de brisas.
Y todo concuerda en silenciarnos,
en parte quizás como vergüenza,
en parte como una indecible esperanza (5).

A vosotros, amantes, que os bastáis el uno al otro,
yo os pregunto por nosotros. Vosotros os tomáis.
¿Tenéis pruebas? Ved, sucede que mis manos
mutuamente se comprenden o que mi rostro gastado
busca en ellas mi refugio. Esto me hace sentir un poco.
Pero, ¿quién se atrevería a ser sólo por eso?
Pero a vosotros, que crecéis embelesados en el otro,
hasta que él, subyugado, os suplica que no más;
a vosotros, amantes, que entre las manos os hacéis más abundantes,
como años de vendimia; que a veces dejáis de ser, sólo porque el otro
del todo prevalece: yo os pregunto por nosotros. Yo sé
que os tocaís dichosos, porque la caricia os retiene
y no desaparece el lugar que vosotros, tiernos, ocultáis;
porque debajo presentís la pura duración.
Es casi eternidad lo que os prometéis en cada abrazo.
Y, sin embargo, cuando resistís el terror
de las primeras miradas y la nostalgia en la ventana
y el primer paseo juntos, una vez, por el jardín;
amantes, ¿seguís siéndolo entonces todavía?
Cuando os alzáis el uno al otro hasta los labios, bebida a bebida:
oh cuán extrañamente se substrae entonces al acto el bebedor.

¿Y no os asombraba en las estelas áticas (6) la prudencia
del gesto humano? ¿No fueron puestos el amor y la despedida
tan suavemente encima de los hombros, como si estuviesen hechos
de otra materia que en nosotros? Acordaos de las manos,
cómo descansan sin presión, aunque en los torsos está toda la fuerza.
Esos señores de sí mismos lo sabían: hasta aquí llegamos,
esto es lo nuestro, el tocarnos así; con más fuerza
nos levantan los dioses. Pero esto es asunto de los dioses.

Si encontrásemos también nosotros algo humano que sea
puro, angosto, contenido, un pedazo de tierra fecundo y nuestro
entre el torrente y el pedregal. Porque el propio corazón
siempre nos trasciende, como a aquellos, todavía.
Y ya no lo podemos seguir con la mirada hacia imágenes
que lo apacigüen, como tampoco hacia cuerpos divinos,
en los cuales él, aún más grandioso, se modere.


NOTAS:

1) Se refiere al texto bíblico del mismo nombre, en el cual Tobit le pide a su hijo Tobías que busque a alguien para que lo acompañe en un viaje. Él se encuentra con un joven muy amable que dice conocer el camino y estar dispuesto a acompañarlo. Este joven resultó ser el Ángel Rafael

2) La expresión "Frühe Geglütckte" es difícil de traducir, por cuanto su sentido literal es "tempranamente logrados", que simplemente no suena bien en castellano. Nos hemos decidido entonces por una expresión más poética, como "los primeros agraciados", la que, aun cuando no es exacta, contiene la idea de que los ángeles son seres superiores, bien hechos y con gracia ya en el comienzo de los tiempos.

3) El poeta distingue entre "Schöpfung" y "Erschaffung". La primera palabra significa claramente "la creación". La segunda ha sido traducida por otros autores como "mundo creado" o por "todo lo creado". La palabra "Erschaffung", por el hecho de tener el prefijo "er", alude a una acción, razón por la cual la hemos traducido como "acto creador". En rigor la palabra castellana "creación" contiene los dos significados, de lo creado y del acto creador. Como en alemán se usan dos palabras diferentes para los dos sentidos, preferimos también buscar otra expresión distinta para "Erschaffung".

4) En el original dice "die Gesichter schwangerer Frauen", vale decir, "los rostros de las mujeres embarazadas". Por un problema de musicalidad hemos preferido ponerlo en singular ( el rostro de la mujer embarazada), cuanto más que no afecta nada al sentido de la metáfora.

5) En el original dice "halb als Schande vielleicht und halb als unsägliche Hoffnung", que literalmente habría que traducirlo como "mitad quizás como vergüenza y mitad como una indecible esperanza". Como estimáramos que no suena bien en castellano el hablar de "mitad", preferimos decir "en parte".

6) Con "estelas áticas" el poeta se refiere a una famosa réplica romana de un relieve griego, que representa el momento de la despedida de Orfeo y Eurídice, cuando éste la pierde por segunda vez al no cumplir la promesa hecha al dios Eros de no mirarla hasta que ella saliera de los infiernos. En el relieve ella coloca la mano suavemente sobre el hombro de Orfeo y éste responde tocando apenas el dorso de la mano de Eurídice, como si supiera que ya no la puede retener. El filósofo Hans Goerg Gadamer también ha desarrollado el tema de la relación del hombre griego con la muerte, a propósito del análisis de las estelas funerarias en su artículo "Plato als Porträtist" (Platón como retratista)

Traducción, notas y comentarios de Otto Dörr Zegers
Fuente:.letra2.s5.com
Elegías de Duino (1912-1922)
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char