jueves, 21 de abril de 2016

Trataba de asirse de algo

Kishwar Naheed 
Tomada de article.wn.com

(Pakistán, 1940)

Un palacio de cera

Antes de casarme
mi madre solía
tener pesadillas.
Sus gritos de terror
me estremecían.
Yo la despertaba
para preguntarle:
“¿Qué sucede?”
Con los ojos en blanco,
ella me miraba fijamente.
No podía recordar sus sueños.

Una noche, una pesadilla la despertó,
mas ella no profirió ningún grito.
Yo le pregunté:
“¿Qué sucede?”
Me abrazó con fuerza, con temor silencioso.
Abrió los ojos y dio gracias al cielo.
“Soñé que te ahogabas”, me dijo,
“Y yo me tiraba al río para salvarte.”

Esa noche, un relámpago
mató a nuestro búfalo y a mi prometido.

*

Luego, una noche, mi madre se durmió
y yo permanecí despierta
mirando cómo abría y cerraba sus puños.
Trataba de asirse de algo
sin lograrlo y lo intentaba de nuevo.

La desperté,
pero se rehusó a contarme el sueño.

Desde ese día
no he podido dormir tranquila.
Y me mudé al otro patio.

Ahora ambas gritamos
en medio de nuestras pesadillas.

Y si alguien nos pregunta,
simplemente decimos
que no podemos recordar nuestros sueños. 


Traducciones de Ximena Londoño
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char