martes, 21 de junio de 2016

Una única cosa al tacto

DIEGO BENTIVEGNA 
Tomada de cabiria ediciones

(Munro, Buenos Aires, Argentina, 1973)



Paisaje de fondo

…l´incontro con la immensa capitale mediterranea, piú classicamente antica di Roma stessa, e insieme spagnolesca e orientale…
Roberto Longhi, Caravaggio


Al fondo, Nápoles es un cuaderno abierto,
un trozo de papel que mancha las orillas,
un manuscrito perdido en la basura,
rastros de tinta que las tormentas llevan,
que el viento vuelve signos ilegibles.

La ciudad como un manto
bordado con su sangre
de calles olorosas, perros, cuerpos:

una tierra encarnada que declina
hacia el borde del agua;

muros que tiemblan con la marea densa
frente a las olas que arrastran pedazos
de cartón, culos de botella, gritos.

En el fondo
la escollera en que las sombras se difunden,
la orilla a la que vuelven
salados los difuntos

como si todavía, en un instante,
lográramos rozarlos.
***

Cruzamos los terrenos.

Es la caza de las flores, de las piedras
con mica, de los nidos abandonados.

En el campo juntamos panaderos,
dentro de ellos viven las estrellas.

Apenas los soplamos se desarman:
se vuelven, en un segundo, de aire.
***

Hay un grupo de médicos. Descifran
lo que mi cerebro proyecta en la pantalla,
como si hubiera algo ahí, me dicen, que pudiera afectarme,
un espacio plano donde se pudiera
tantear la mente, tocarla como
se toca una piedra, una fruta;

palparla, hacer que sea
una única cosa al tacto.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char