miércoles, 23 de noviembre de 2016

Porque para volver a nacer necesitáis morir

Joan Salvat i Papasseit
(Barcelona, 1894-1924) 


Ballet

El sol
—–traicionando la siesta
holga con el rostro encendido en la cortina dormida

**

Hoy vuelan tan altas
——————-las gaviotas del puerto
que tan sólo planean:
el mástil más joven y delgado
del “Maria Angeleta”
——————-bajo la bola de oro
escucha el tintineo transparente de sus alas quietas.

De cara al sol
————cien velas;
y la roja banderola que rumbea a su orilla.

El vaporcillo pasea los bellos sueños atlánticos
———junto a los muelles en calma.

El hombre de las naranjas pasa con el carretón colmado.
**
Villa de Arles, domingo por la tarde

Villa de Arles, domingo por la tarde
– cuántas madrinas con cofias de nieve –
bajo la espaldaña inmortal, enhiesta,
canta el niño canciones de otro tiempo.

En cada puerta está escrito: serena,
con blanca tiza, cual la fresca cal.
Y una muchacha que pasa os contempla
y ya sois de Arles, pues suyo es el ánimo.

Una muchacha
—————y otra
———————y otra;
¡aldea de Arles, cuán adornada eres!
Tus mozos que a la guerra se marchaban
volverán tan sólo para ser novios.

Y una anciana que sube hasta la iglesia
y un extranjero que queda embobado;
toda la plaza con galas de fiesta
y un chocolate como jamás habéis probado.
**

Nada es mezquino
ni ninguna hora es huraña
ni es oscura la ventura de la noche.
Y el rocío es claro
que el sol sale y se fascina
y tiene deleite del baño:
que se refleja el lecho de toda cosa hecha.
Nada es mezquino,
y todo rico como el vino y la mejilla bronceada.
Y la ola del mar siempre ríe,
Primavera de invierno — Primavera de verano.
Y todo es Primavera:
y toda hoja verde eternamente.
Nada es mezquino,
porque los días no pasan;
y no llega la muerte ni si la habéis pedido.
Y si la habéis pedido os disimula un hoyo
porque para volver a nacer necesitáis morir.
Y no somos nunca un llanto
sino una sonrisa fina
que se dispersa como gajos de naranja.
Nada es mezquino
porque la canción canta en cada brizna de cosa.
—Hoy mañana y ayer
se deshojará una rosa:
y a la virgen más joven le vendrá leche al pecho.

Versión de Carlos Vitale
Por fpuigcarbo (joansalvat.wordpress.com)
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char