martes, 24 de enero de 2017

Soy en el transparente amanecer del hielo

NINÍ BERNARDELLO 
(Cosquín, Córdoba, Argentina, 1940. Reside en Río Grande; Tierra del Fuego, Argentina, desde 1981)




¿Quién fueras aquí? Un rumor de aguas primordiales
de lluvias y de mares, un oleaje cálido, un abrazo.
¿Quién fueras aquí? Un temblor lunar, cíclico,
un verde tierno que renace mágico.
¿Quién fueras aquí? Un cuenco en llamas, un pañuelo
de lágrimas, gruta o nido, corazón que abriga.
¿Quién fueras aquí? Un emblema, telares y velas.
Paradojas, conjuros y rezos.
¿Quién fueras aquí? Una línea ondulante, circular,
un espacio, un hueco, un vértigo.
***

Estoy aterida, fetal, muevo la cabeza y una luz rasante
me convierte en lobo hambriento.
Un vaso de agua, un cubo de cristal con flores y alcohol.
Mi cabeza muda mira un paisaje austral arrastrado por
albatros heridos.
Estoy tendida en una playa helada.
Soy en el transparente amanecer del hielo.
El 12 de abril me voy a la Tierra del Fuego.

Cosquín, marzo 1981
*

Hipocresía: sentados frente a frente dibujan flechas, ritmos
y repiten el discurso ceremonial de quienes se ignoran o
detestan. Labran actas, firmas y sellos.
En un apretón de manos giran en reverencia sutil
mostrando culos y lenguas al inmutable vacío.
*

Un ritual: descubrir la sección de oro en el endecasílabo sáfico
acentuado en la cuarta y en la octava sílaba.
*

Ensamble de arco y texto. Así llora quien escribe con sus pies
mojados en el río inconteniblemente amado de su vida.

De Oleaje (Río Grande 1981/2010), prosas poéticas. Muchos libros felices, 2016.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char