miércoles, 22 de febrero de 2017

Adiós, adiós. ¿Qué hubo?

Armando Uribe Arce 

(Santiago, Chile, 1933) 

El viudo de la inspiración/ recuerda a cada rato a la difunta/ pero no resucita a la pregunta/ ‘¿Y dónde está?’ (-Está en el cajón.)/ Por eso no recita la canción/ que ella cantaba -ni se juntan.

A peor vida

Busco en vano la puerta: no hay umbrales
todo el suelo y lugar donde solía
jugar conmigo mismo a juegos tales
que no me atrevo a recordar hoy día.
Golpeo el suelo con el puño, fuerte
y se abre un hoyo cuyo nombre es muerte.
**

No te amo, amo los celos que te tengo
son lo único tuyo que me queda,
los celos y la rabia que te tengo,
hidrófobo de ti me ahogo en vino.

No te amo, amo mis celos, esos celos
son lo único que me queda.
Cuando desaparezca en esos cielos
de odio te ladraré porque no vienes.
**

El vello púdicamente llamado
púbico es bello cuando suavemente
como raíces de hierbas con hierbas
vivas se mecen subiendo hacia el vientre,
deteniéndose en su ingle coronado
mientras la vulva dice que no se entre
todavía al ensueño, y tú te enervas
frente al monte de venus sedicente.
**
Inscripción sobre el vaso cinerario

Lo que hay aquí fue un hombre,
hoy es cenizas, tal vez suyas.
No cantéis aleluyas,
porque es menos que sombra,
menos que la ceniza de un cigarro.
**

Es muy probable que no seas
ni aquello ni lo otro
ni esto ni lo uno.
Adiós, adiós. ¿Qué hubo?
Qué me resta.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char