jueves, 23 de febrero de 2017

Nos bastará una sola muerte erguida

Osvaldo Pol

(Tancacha, Córdoba, Argentina, 1935-2016)

Sólo una muerte. Sólo una vida

Sólo una muerte para tanta vida.
Sólo una noche sosegada y larga
para abarcar los días con su carga
de ansiedad y memoria sostenida.

Nos bastará una sola muerte erguida
sobre la luz que envuelve y aletarga.
Sólo una muerte aséptica y amarga
para esta fiebre que cabalga henchida,

para esta libertad irrefrenable,
para esta guerra a que la sangre llama,
para este ardido viaje de la suerte,

para este grito tenso, inabarcable,
para este hambre que devora y clama...
Sólo una vida para tanta muerte.
**

Los años van simplificando el caos.
Antes las cosas divagaban
de uno al otro extremo de mi cuarto.
Ni mías ni de sí mismas.
Ahora están afincándose seguras
aquí y allá
con recatados títulos y razones discretas,
apropiándose puestos y lugares,
imponiéndome su orden
y su método.
¿Será parte de la vida esta manera nueva
en que las cosas
van dictándome pautas de respeto,
sacralidades que antes no percibía,
grietas de donde viene la luz
y me reclaman?
¿O no será que llega
la hora de las despedidas?
Los libros, los retratos y las lámparas
que creí dominar
hoy me poseen.
La maravilla es que estoy a gusto.
**
Experiencia

La experiencia
consiste
en intentar que el pájaro regrese
desde el extremo opuesto de la noche
y pose su cansancio
sobre tu abierto pecho adolescente.
Lo tomas en las manos,
lo acaricias,
extraes de sus alas todo el viento
y mientras él se entrega
a lo innombrable,
tú te dejas volar.

Es fácil la experiencia.
Lo difícil
es dar con el momento
que te permita asesinar al pájaro
sin morir a su lado
de tristeza.


Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char