domingo, 5 de enero de 2014

La sangre circula en el abrazo

ALICIA GALLEGOS

(MORÓN, PROVINCIA DE BUENOS AIRES, ARGENTINA, 1959)


EL MERCADER DE VENECIA

abrasa el abrazo,
chamusca la carne,
corroe.
No importa, te contengo y me sostengo.

Cortar el abrazo no implica
división exacta,
no es tu mitad la del amor perfecto,
ni mía la del odio.

La sangre circula en el abrazo y el corte es imposible.
Qué vale más?
Matar o ser matado?
***
CINCO MINUTOS ANTES DEL TORNADO

Cuando todo pasó, recorrimos la calle.
Nos sentamos, sobre una piedra.
Nos secamos las lágrimas, con las manos sucias.
Encontramos pan, en una bolsa de basura.
Sentimos frío, en los pies.
Gritamos un nombre y nadie contestó.
Aullamos.
Robamos el abrigo de un muerto.
Hicimos un fuego.
En la palma de la mano, guardamos una brasa.

Pero antes
¿Qué hacías cinco minutos antes del tornado?
***
el tren
               a Caroline Toutain

en la semipenumbra
de un vagón vacío, uno más,
del largo tren de carga,
escucho el ruído de la lluvia
golpeando las paredes de madera.
Mi traje blanco de marino americano
ya no resplandece como antes de partir.

Burdeos es un puerto gris,
el horizonte ahora
es un puerto gris
y voy viajando
mientras creo que decido
algo,
el día, el rumbo o el destino
y nada cambia
porque el tren
es quien corta el aire
y el paisaje.
Y nada cambia porque la lluvia
mañana será polvo en el camino.
***
De Rituales del Ocultamiento y otros poemas

CORRE! CORRE! CORRE!

sobre la mesa
aceitunas, camenbert, jamón serrano,
palta, berenjenas,  cocaína
en platitos de estilo japonés,
sushi, caviar, distintos vinos,
vodka, jalapeños, porro, pan saborizado

corre! corre! corre!
más
fuerte
la música
en el auto
no hay tiempo
no importa
salgamos
se derrumban
las paredes
y caerán sobre nosotros

corre!

en la pantalla del bar
un político grita su discurso
 agita las manos

Jeremy Irons camina
por un desierto
ante un espejismo arroja la última bengala
consciente del error
cae

Ey! Tú!
corre!

al final de la ruta
una habitación oscura
sobre la mesa
papeles arrugados
ahora
igual que Irons
y ya sin balas

Amanece
 no has caído
estás solo

2 comentarios:

alicia dijo...

Una gran emoción estar aquí en tu blog ! Gracias , Irene !

Silvia Arazi dijo...

bellos, intensos...gracias

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char