sábado, 17 de enero de 2015

La palabra es una pelota de sólido hielo

Patrick Galvin

(Irlanda, 1927-2011)

Consejo a un poeta

Sé chofer, dijo mi padre
y nunca te preocupes por la poesía.
Eso está muy bien para los ricos ellos pueden darse el lujo.
Lo que tú necesitas es dinero en el cinturón uniforme gratis y muchos viajes.
Además, no hay nada en los versos.
Y todos los poetas son homosexuales rabiosos.
Quería ser poeta.

Otra cosa: nunca te cases
y si lo haces, cásate por dinero.
El amor, después de todo, viene solo
y cualquier puta vieja va a bailar por una libra.
Sigue mi consejo y sé chofer
El uniforme va a quedarte bien
el casamiento y los poemas seguramente te cegarán
y los poetas y enamorados están condenados al infierno.
Quería ser poeta.

¿Pero qué sentido tiene escribir poesía?
¿Le fue bien alguna vez a algún poeta?
Nunca encontré a uno que no fuera pobre una presa de alguaciles,
abogados y curas.
Sigue mi consejo y sé chofer con tu aspecto seguramente te va a ir bien
hasta podrías conocer a alguna viuda rica y vieja
que te deje una fortuna cuando muera.
Quería ser poeta.

Bueno, revienta entonces, tus días son oscura pobreza, miseria, matanza y pecado.
Los poemas que escribas no valdrán un centavo.
Y las mujeres con las que te cases te van a desangrar.
Sigue mi consejo y compra un revólver y ya mismo dispárate en la nuca.
El Gobierno entonces podría juntar firmas para que tu pobre padre no engendre otra vez.
***
Los quemadores de madera

Las mujeres viejas están hechas de madera
bendecidos están los quemadores de madera

Los unicornios de la noche han llegado
y los curas plateados y las monjas

Somos los cazadores de la muerte
santos santos en el amargo frío

Negra nieve y huesos picados en el viento
la palabra es una pelota de sólido hielo

Es mi cumpleaños número treinta
y nadie me ha escrito

Mi padre está aquí y mi madre de piedra *
después de nosotros no hay nada

¡Cristo! ¡Cristo!
Memento mori **

Ella está tendida desnuda en la nieve
sus brazos están quebrados y su cabeza rasurada

Flores de sangre rodean sus pies
y sus lágrimas nos ungen

Blancas monjas le abren los labios
y los curas la poseen

Mi madre de piedra la baña en aceite
bajo antorchas de nieve

¡Cristo! ¡Cristo!
Memento mori.

Después de nosotros no hay nada
somos los quemadores de madera

Arrastramos su cuerpo hasta la montaña
y lo miramos quemarse

El fuego la devora hasta el mediodía
y luego duerme

Sólo quedan los huesos
madera húmeda bajo cenizas de nieve

Memento mori.
Soy yo.

El séptimo hijo en el último juego.
Jesucristo.

* En inglés, “my stone mother”. Quizás hace referencia a la leyenda de los paiutes, pueblos originarios norteamericanos del actual estado de Nevada. Según esta leyenda, the stone mother le dio origen con sus lágrimas al Pyramid Lake. Fuente:
http://www.plpt.nsn.us/story.html

** En latín memento mori significa “recuerda que morirás”. Constituye un tópico literario. Se optó por dejarlo en el idioma original. Más información: http://es.wikipedia.org/wiki/Memento_mori
*

TEXTO ORIGINAL 
The Wood-Burners 

Old women are made of wood
Blessed are the wood burners.

The unicorns of the night have come
And the silver priests and the nuns.

We are the hunters of the dead
Holy holy in the bitter cold.

Black snow and bone crushed in the wind
The world is a ball of solid ice.

It is my thirteenth birthday
And no one writes to me.

My father is here and my stone mother
After us there will be nothing.

Christe! Christe!
Memento Mori.

She lies naked in the snow
Her arms are broken and her head shaved.

Flowers of blood circle her feet
And her tears anoint us.

White nuns open her lips
And the priests possess her.

My stone mother bathes her in oil
Under torches of snow.

Christe! Christe!
Memento Mori.

After us there will be nothing
We are the wood burners.

We drag her body to the hill
And watch it burn.

The fire eats her till noon
And then sleeps.

Only the bones remain
Damp wood under ashes of snow.

Memento Mori
I am me.

The seventh child in the last game
Iesu Christe. 


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Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
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No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
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