domingo, 20 de septiembre de 2015

Tú eres árbol fruncido

Poesía Quechua

Canción

Hermosa flor eres tú
Punzante espina soy yo.
Tú eres ventura hecha vida
Pensar que cunde soy yo.

Tú eres virginal paloma,
Odiosa mosca soy yo.
Luna de nieve eres tú,
Noche de pena soy yo.

Tú eres árbol fruncido.
Carcomido tronco yo.
Tú eres mi sol, mi sol eres,
Noche de pesar soy yo.

Tú eres vida de mi vida,
Eres amor de mi amor.
Alfombra a tus pies tendida
Seré eternamente yo.

Blando helecho que despliega
Su traje de verde nuevo;
Vestida de blanco, eres
La estrella de mi mañana.

Blanca nube, la más leve,
Clara fuente de agua pura,
Tú serás mi dulce engaño,
Yo seré tu oscura sombra.

(Jesús Lara. La poesía quechua. México: FCE, 1979)
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¿Será alcanzable?


¿Encontraré alguna vez  
 aquello que el Yo anhela? 
 ¿Será lejos? ¿Cerca acaso?  
 Mas puede ocurrir también 
 que en ninguna parte sea.  
Porque es tal a lo que aspira, 
 que es como algo que no fuera: 
 como imagen que se ve 
 en sueños, mientras se duerme, 
 algo así sueña y espera. 
 Como si en secreto aviso 
 secreto hado mensajero 
 le habría traído la noticia 
 que en alguna parte existe 
 la realidad de sus sueños.  
 Ora alegre, ora triste, 
 cual si poseído se hallara, 
 pasa de un estado al otro 
 y es como si aunque sabiendo 
 que no ha de ser, esperara...
  Vicente Javier Salto
 Tomado de  Para Yaku (agua de Lluvia), 1969.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char