sábado, 31 de octubre de 2015

Que no debías haberte hecho viejo hasta haber sido sensato

William Shakespeare

(Inglaterra, 1564- id., 1616)

BUFÓN
Si tuviéramos el cerebro en los talones, ¿no podrían salirnos sabañones?
LEAR
Sí, muchacho.
BUFÓN
Entonces, alégrate. Tu seso no tendrá que llevar zapatillas.
LEAR
¡Ja, ja, ja!
BUFÓN
Ya verás lo bien que te trata la otra hija, pues, aunque se parece a ésta como una pera a una manzana, yo sé lo que sé.
LEAR
¿Y qué sabes, muchacho?
BUFÓN
Pues que la otra sabrá igual, como una pera y otra pera.
¿Sabes por qué tenemos la nariz en medio de la cara?
LEAR
No.
BUFÓN
Para tener un ojo a cada lado. Así se ve lo que no se puede oler.
LEAR
Fui injusto con ella.
BUFÓN
¿Sabes cómo hace su concha la ostra?
LEAR
No.
BUFÓN
Yo tampoco. Pero sé por qué el caracol tiene casa.
LEAR
¿Por qué?
BUFÓN
Pues para meter la cabeza dentro, en vez de dársela a sus hijas y dejar los cuernos al aire.
LEAR
Prescindiré de mi afecto. ¡Un padre tan bueno! –– ¿Están listos mis caballos?
BUFÓN
Los están preparando tus burros. Si las siete estrellas no son más que siete es por una buena razón.
LEAR
Porque no son ocho.
BUFÓN
Pues, claro. Tú serías un buen bufón.
LEAR
Recobrarlo por la fuerza… ¡Monstruosa ingratitud!
BUFÓN
Abuelo, si fueses mi bufón, te mandaría azotar por ser viejo antes de tiempo.
LEAR
¿Qué quieres decir?
BUFÓN
Que no debías haberte hecho viejo hasta haber sido sensato.
LEAR
¡Cielos clementes, que no me vuelva loco, no!
¡Conservadme la razón, no quiero enloquecer! ––
Bueno, ¿están listos los caballos?
CABALLERO
Listos, señor.
LEAR
Vamos, muchacho.
BUFÓN
La que siendo ahora virgen se ríe de mi marcha
dejará de ser virgen si la cosa se alarga.

El rey Lear   

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Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char